Una revolucionaria tecnología permite conservar las vacunas sin refrigeración

"Facilitará el acceso a las vacunas en el mundo en vías de desarrollo e impedirá la muerte de niños", según sus responsables
Por mediatrader 20 de octubre de 2004

Científicos británicos han desarrollado una revolucionaria tecnología que permite conservar las vacunas en una solución de azúcar en lugar de refrigeradas, lo que facilitará su transporte y podría salvar millones de vidas en el Tercer Mundo.

El descubridor del método, el doctor Bruce Roser, de los laboratorios Cambridge Biostability, se entrevistó ayer con la ministra para el Desarrollo y la Cooperación Internacional del Reino Unido, Hillary Benn, con el fin de firmar un acuerdo que le permita continuar con sus experimentos. «Si funciona, la tecnología facilitará el acceso a las vacunas en el mundo en vías de desarrollo e impedirá la muerte de niños», dijo el científico. «Es un avance muy importante, del que estamos muy orgullosos», añadió Howard Smith, del equipo de Roser.

Smith, jefe del departamento de Investigación y Desarrollo de esos laboratorios, explicó que el método se basa en un proceso de anhidrobiosis (vida sin agua), inspirado en el que experimenta la «planta de la resurrección», que habita en zonas desérticas.

Durante las sequías, esta planta queda reducida a una masa parduzca, pero cuando, tras semanas o meses, llegan las lluvias, lo que parecían hojas muertas se vuelven otra vez verdes en horas. La planta puede perder hasta un 95% de sus reservas de agua sin resultar dañada, debido a que entra en una fase de letargo en la que su metabolismo se reduce prácticamente a cero.

Lo que permite esa «congelación» de los procesos vitales es la emisión de una solución con una alta concentración de azúcar, que evita su degradación. Desde hace años, Roser intentaba aplicar el mecanismo observado en esta planta a las vacunas. «Lo que ahora hemos logrado es almacenar las vacunas ‘secas’ en unas pequeñas esferas transparentes de solución azucarada, como de un cristal blando de color ámbar, que después se sumergen en un líquido inocuo que se introduce en las jeringas», explicó Smith.