Bisfenol A: nuevos estudios sobre sus efectos en la salud

La EFSA ha creado un grupo de trabajo para hacer nuevas pruebas científicas sobre los efectos potenciales del bisfenol A en el sistema inmunológico
Por Marta Chavarrías 21 de julio de 2016
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Imagen: monticello

El bisfenol A (BPA) es una sustancia química que se usa, en combinación con otros productos químicos, para fabricar plásticos y resinas como el policarbonato. Este plástico transparente y rígido se utiliza para hacer envases de alimentos como botellas. Según los estudios realizados hasta ahora, el bisfenol A puede migrar en pequeñas cantidades a los alimentos y bebidas. Por eso, son numerosas las investigaciones y revisiones que se han hecho para evaluar el riesgo real de esta sustancia. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) lleva tiempo actualizando sus trabajos en torno al BPA. El artículo explica cuál ha sido la última actualización, la razón que la ha motivado y el porqué de la polémica de esta sustancia.

Algunas sustancias en contacto con alimentos se analizan y estudian de forma periódica para evaluar el riesgo que pueden conllevar en la salud de las personas. El bisfenol A es una de ellas, para la cual las investigaciones se han sucedido de manera paulatina desde 2006 (aunque las primeras se remontan a años anteriores).

En una primera evaluación, la EFSA estableció una ingesta diaria tolerable (IDT) de 0,05 mg/kg/día para esta sustancia. En 2008, otro estudio evaluó las diferentes capacidades de los niños y adultos para eliminarla del cuerpo y se confirmó que la exposición humana era inferior a la IDT establecida dos años antes. Entonces, se demostró que la sustancia se metaboliza de forma rápida en el organismo y se elimina. De nuevo, en 2010, y tras una revisión exhaustiva, la EFSA concluyó que no había biberones. Si bien su empleo está permitido en la UE, Francia lo prohibió en 2015 en la fabricación, importación, exportación y comercialización en envases con esta sustancia.

Esta decisión no tuvo en cuenta lo que los expertos de la EFSA dijeron entonces: «La exposición de todas las fuentes es muy bajo, por debajo del límite de seguridad para todo el público, por tanto los productos con BPA son seguros para los consumidores». Según el Centro Europeo de Información sobre el Bisfenol A, «para alcanzar el nivel de IDT para toda la vida, una sola persona que pesa unos 60 kilos tendría que consumir unas 1.800 latas de bebida al día».

Pero también ha habido limitaciones en algunos de los estudios realizados ya que, si bien los resultados han permitido concluir que hay efectos en animales de laboratorio (en concreto en su sistema reproductivo, neurológico, inmunológico y metabólico), los trabajos no han despejado si los efectos en animales pueden extrapolarse a las personas.

Para solucionar y acabar con estas dudas, la EFSA se dio un plazo previsto para 2017-2018. Mientras se lleva a cabo toda esta tarea, también se está trabajando en la creación de un protocolo científico destinado a recopilar y revisar, de forma transparente, todas las evidencias científicas que van apareciendo, un trabajo que se ha iniciado con la recogida de datos sobre toxicología incluidos en investigaciones a partir de 2012.

Una sustancia marcada por la polémica

El bisfenol A se incorpora en la categoría de los denominados estrógenos artificiales o disruptores endocrinos, productos químicos que mimetizan la acción de los estrógenos naturales y que interfieren en la acción del ciclo hormonal natural. Desde los años 60 han sido numerosos los estudios que han evidenciado la relación de este compuesto con alteraciones del ciclo hormonal, incremento de cáncer de próstata, de mama y malformaciones reproductivas en distintas especies animales y en humanos. En España, desde junio de 2011 está prohibido el uso de este compuesto químico para biberones destinados a niños y lactantes.

A pesar de las dudas que plantea esta sustancia sobre su inocuidad, no forma parte de la lista de los compuestos más tóxicos, pero sí se encuentra en constante evaluación. Numerosos expertos en toxicología y asociaciones exigen que las autoridades sanitarias se guíen por el principio de precaución, que establece la prohibición de emplear una sustancia pese a haber incertidumbre científica respecto a sus efectos reales sobre la salud.

Mientras se suceden las investigaciones y trabajos como los que realiza la EFSA, ya han aparecido algunas alternativas y sustitutos de esta sustancia, como envases metálicos, vidrio o el plástico libre de BPA, materiales con menos impacto y más biodegradables.