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Calentamiento global y contaminación por metales de ostras

Los moluscos son los acumuladores de cadmio por excelencia

El aumento de la temperatura influye en la tolerancia de las ostras a la contaminación por metales y en el rendimiento cardiovascular del bacalao. El aumento de temperatura en mares y océanos está provocando el desplazamiento de algunas especies. Varios estudios intentan evaluar el posible impacto del calentamiento global sobre los recursos pesqueros.

El calentamiento global influye en la tolerancia de las ostras a la contaminación por metales, según un trabajo que presentó recientemente la investigadora Gisela Lannig, del Instituto de Investigacion Marina y Polar Alfred Wegener (Alemania), en el encuentro anual de la Sociedad de Biología Experimental, que se ha celebrado en Barcelona este verano.

En concreto, y según los resultados presentados por la investigadora, el aumento de temperatura hace que las ostras sean más sensibles a la contaminación por cadmio. Las ostras son organismos de sangre fría y los cambios en la temperatura del entorno afectan a su metabolismo. Lannig observó que cuando las ostras estaban a temperaturas de entre 20 y 24 grados Celsius, el efecto del cadmio sobre ellas se manifestaba en un incremento de la tasa metabólica. Sin embargo, cuando la temperatura aumentaba hasta los 28 grados, el cadmio no parecía aumentar la tasa metabólica pero reducía de forma significativa las posibilidades de supervivencia de las ostras.

Contaminación por cadmio

Cuando la temperatura aumenta hasta los 28 grados, el cadmio reduce de forma significativa las posibilidades de supervivencia de las ostras Un posible mecanismo que explique esto es que el aumento de temperatura incremente el daño causado por el cadmio en las mitocondrias de las células de la ostra. Estos corpúsculos, explica la investigadora, «son más y más sensibles al cadmio a medida que la temperatura aumenta, por lo que niveles de cadmio que a temperaturas más bajas no son dañinos para las mitocondrias se convierten en muy tóxicos con los incrementos de temperatura».

El cadmio es un metal ubicuo en la naturaleza y que se desplaza fácilmente a través de la cadena alimentaria y que en dosis elevadas puede resultar muy tóxico. La contaminación por cadmio no es algo extraño y de hecho es fácil que se encuentre en todas las aguas superficiales y en casi todos los alimentos, aunque sea en dosis no tóxicas ni para los humanos ni para organismos como las ostras.

Los resultados que presentó Lennig advierten, sin embargo, de que esa contaminación no letal podría resultar perjudicial con el calentamiento global. Según advierten los especialistas, en los últimos años se ha observado un incremento de hasta un grado en la temperatura superficial de mares y océanos. Las ostras, por su parte, son un producto de gran interés comercial, cuyo cultivo se ha incrementado en los últimos años.

Según un informe de acuicultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la mayor demanda de comidas precocinadas ha comportado también un aumento en el uso de ostras en una gran variedad de platos congelados, como las ostras tradicionales ahumadas, la carne con salsa de ostras u otros productos que incorporan como componente este molusco.

En realidad, ya hace un tiempo que se sabe de esto. En julio de 2004, I.M Sokolova, investigador de la Universidad del Norte de Carolina en Estados Unidos mostraba en la revista Journal of Experimental Biology que el aumento de la temperatura en el agua potenciaba los efectos del cadmio sobre la función mitocondrial de Crassostrea virginica, ostra aclimatada a temperaturas de alrededor de 15 grados y que habitualmente se cultiva en Estados Unidos.

También se sabía hace tiempo que el cadmio induce la muerte por apoptosis de las células del sistema inmunitario de los vertebrados. Es pronto para saber qué consecuencias puede tener el calentamiento global sobre la acuicultura, por lo que estudios como estos son de gran interés, ya que ayudan a dibujar los escenarios posibles.

Efectos sobre el bacalao

De forma similar, otra investigación del Instituto Alfred Wegener muestra que tanto el calentamiento como el enfriamiento del agua por encima de unos puntos críticos influye negativamente sobre el rendimiento cardiovascular del bacalao. Tal como explicaba el equipo el pasado octubre de 2004, «eso podría causar un desplazamiento en la distribución geográfica del bacalao con el calentamiento global».

Un desplazamiento que ya se está dando, según daba a conocer recientemente un equipo de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) en la revista Science. De acuerdo con el trabajo, en los últimos 25 años hasta 18 especies han abandonado sus hábitats en el mar del Norte, para desplazarse a más de 100 kilómetros en dirección al Ártico. Entre ellas, especies como el bacalao, la bacaladilla o la acerina. Las estimaciones del estudio británico es que para el 2050 algunas de estas especies ya no vivirán el Mar del Norte y, a cambio, lo que se hallará en esta agua serán más especies de aguas cálidas.

Aquí, investigadores del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC han revelado que el Mediterráneo también está sufriendo las consecuencias de ese calentamiento, aunque son efectos que en algunos casos son difíciles de desligar de la sobrepesca. Entre los datos que lo avalan está el desplazamiento hacia el norte del Mediterráneo de la alacha, especie subtropical de apariencia similar a la sardina aunque con menos valor gastronómico.

Según explica Anna Sabatés, investigadora del CSIC, «hace 20 años, el punto más al norte en el cual se podía encontrar esta especie era el Delta del Ebro. Ahora se encuentra en Blanes», es decir, unos 200 kilómetros más el norte. También en el Mediterráneo ha desaparecido el espadín, una especie boreal abundante en el norte del Mediterráneo, según datos de la FAO, y está disminuyendo también la presencia de la caballa, muy valorada gastronómicamente.

A cambio, ha aumentado la presencia de peces de aguas más cálidas como la anjova, muy valorado en pesca deportiva o el «fadrí», pez de pequeño cuya distribución se limitaba en los años 80 a las aguas más cálidas de las islas Baleares y Mediterráneo oriental.

PRODUCCIÓN MUNDIAL, MÁS DE 4 MILLONES DE TONELADAS


El cadmio está presente de forma habitual en los alimentos y, especialmente, en los moluscos, que son los acumuladores de cadmio por excelencia. Normalmente, en aguas marinas limpias la cantidad de cadmio presente es de entre 0.01 y 0.1 parte por billón; mientras que en aguas contaminadas los valores son de hasta 10 partes por billón. Si la presencia de cadmio está asegurada, la cuestión es hasta qué punto puede afectar este hecho en las actuales condiciones del calentamiento global. ¿Puede dañar de forma generalizada el sector de la ostricultura?

Según el informe que la FAO publicó en 2004 sobre el estado mundial de la pesca y la acuicultura (informe SOFIA), se estima que la acuicultura tuvo una producción de moluscos en el ámbito mundial en 2002 de unos 11,7 millones de toneladas, de los cuales algo más de 4 millones de toneladas eran de ostras (una cifra muy superior a la de mejillones, más populares en nuestro país, que se «quedaban» en 1,4 millones de toneladas).

La gran productora de ostras a nivel mundial es China que, según la FAO, en el 2000 aportaba el 77% de la producción mundial de ostras. La cifra, sin embargo, es «dudosa»: la FAO advierte que desde principios de los 90 las estadísticas de capturas y acuicultura en China podrían ser «demasiado altas» -algunos expertos han advertido del problema que se podría estar enmascarando de esa forma una crisis de los recursos pesqueros.

Según el mismo informe, en 2002 la producción pesquera mundial fue de unos 101 millones de toneladas, aunque si se incluye la pesca y producción de «interior» (lagos, ríos…) la cifra se eleva a unos 130 millones de toneladas. De ese total, casi 40 millones de toneladas corresponden a la acuicultura (de los cuales unos 27,7 millones procederían de China) y algo más de 93 millones de toneladas a capturas.

Las estimaciones para 2003 eran bastante similares: unos 132 millones de toneladas de producción mundial, de los cuales 42 son de acuicultura y algo más de 90 millones de captura. La tendencia general es, pues, un aumento en la acuicultura y un descenso en las capturas.

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