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Cómo se gestiona una alerta alimentaria

En la UE, la herramienta RASFF gestiona las sospechas de alerta y decide si es necesario retirar un producto del mercado

Alerta alimentaria y crisis alimentaria son términos que provocan preocupación en el consumidor y, por tanto, es importante distinguirlos para no causar confusión. Una alerta alimentaria hace referencia a una situación en la que se sospecha que un producto puede provocar incidencias que afectan a la salud del consumidor sin que ello se ponga bajo conocimiento público, ya que es una sospecha. Por otra parte, el término crisis alimentaria hace referencia a una situación extraordinaria que afecta, sobre todo, a la percepción del consumidor acerca de la seguridad de los productos. Una alerta alimentaria puede pasar a transformarse en una crisis si no se gestiona bien y puede causar importantes daños económicos, de imagen y de calidad.

Para la correcta gestión de las alertas alimentarias, la Comisión Europea ha creado el RASFF, un sistema de alerta rápida para alimentos y piensos cuyas siglas corresponden a Rapid Alert System for Food and Feed. Es un sistema de intercambio rápido de información acerca de los riesgos para la salud humana relacionados con los alimentos y los piensos. Es, por tanto, una herramienta más para garantizar la seguridad de los consumidores. En su entramado participa la Comisión Europea como responsable de su gestión, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y los Estados miembros de la UE. También pueden participar otros países extranjeros, así como organizaciones internacionales.

Este intercambio de información facilita a cada país actuar con rapidez y de manera coordinada ante una amenaza de posible contaminación de los alimentos o los piensos y que puedan afectar a la salud del consumidor. Esta organización pretende además proporcionar respuestas rápidas y adoptar las medidas necesarias según los riesgos detectados. El Reglamento (CE) Nº 178/2002 constituye el fundamento jurídico del RASFF.

Transparencia y protección

La Comisión europea ha creado este organismo para que aporte transparencia ante las empresas de alimentación y las autoridades de todo el mundo. Según explican las bases del RASFF, su trabajo pretende encontrar un equilibrio entre la apertura de una alerta y su protección frente a la sociedad, ya que una mala gestión explicativa puede conducir a daños económicos irreparables. No obstante, el RASFF gestiona y decide si las sospechas de alerta deben tratarse como tales y, en el caso de concluir con la necesidad de retirar un producto del mercado, son los Estados miembros y la Comisión Europea los responsables de garantizar que el producto se ha retirado de inmediato y, además, deben proporcionar toda la información clara y verídica a los consumidores. El RASFF comprende tres niveles de información:
  • La notificación de alertas, con la necesidad inmediata de adopción de acciones.
  • La notificación de información, en la que no hay una necesidad de acción inmediata, pero sirve para prevenir situaciones futuras.
  • Las noticias, información de interés relacionada con la seguridad de los alimentos de consumo humano o animal.
Cuando se conoce una información o posible alerta procedente de un Estado miembro, la Comisión europea realiza una evaluación del problema y proporciona una respuesta a partir de uno de estos tres canales o la clasifica como alerta, información o noticia.

Comunicación de la información

Una vez que el RASFF da su respuesta, si es una noticia, se publica en la red de manera que la EFSA o los Estados miembros la puedan dar a conocer. En el caso de ser una notificación de información, se redacta la notificación y se transmite a los diferentes países implicados, que gestionan ellos mismos su publicación. Ante alertas, cuando el RASFF certifica una, se elabora su notificación como tal, se transmite en la red, a los Estados miembros y a la EFSA y se espera de ellos un feedback de información para retirar el producto, si es necesario, o solo obtener información más detallada del problema.

Se realizan también informes estadísticos para valorar las incidencias de los problemas y su probabilidad. Además, se inicia una red de controles fronterizos para evitar la entrada o salida de los alimentos afectados y, en caso de retirada del producto, se debe iniciar de manera inmediata y lo más rápido posible. Sin embargo, los miembros del RASFF tienen que notificarlo a la Comisión, quien, a su vez, tiene la última decisión.

LA TRAZABILIDAD, CLAVE PARA IDENTIFICAR EL ORIGEN

Como si fueran animales, los alimentos también disponen de sistema de control que permite a los productores, los fabricantes y a las autoridades sanitarias seguir cada paso de los alimentos desde su origen hasta que llegan al consumidor. Con este sistema se puede conocer toda la historia del alimento, su localización o utilización. Funciona mediante diferentes códigos de registros donde cada paso del alimento durante su procesado, almacenamiento, transporte o distribución queda registrado.

El principal objetivo es disponer de la información en todo momento para que, en caso de alertas alimentarias que requieran retirada del producto, se puedan ubicar los lotes afectados, retirarlos y averiguar en qué momento del procesado se ha registrado el problema. En algunos casos, incluso se puede matizar día, fecha, hora, maquinaria u operario.

La trazabilidad es de obligado cumplimiento desde hace cinco años a raíz de la problemática surgida en el sector vacuno en Europa. Su principal objetivo es garantizar que los productos que se comercializan sean seguros e inocuos.

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