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La alerta alimentaria como garantía de seguridad

Las incidencias en el ámbito de la seguridad alimentaria aumentan durante el año 2004 en la UE

Para poder entender la importancia de contar con herramientas útiles en el campo de la seguridad alimentaria es imprescindible tener en cuenta que el riesgo no conoce fronteras. Herramientas como el Rapid Alert System for Food and Feed (RASFF), que ha presentado hace poco las conclusiones sobre las alertas alimentarias detectadas en 2004, garantizan a los consumidores poder acceder a alimentos seguros e inocuos.

El Rapid Alert System for Food and Feed se estableció, en el ámbito de la Unión Europea, con el fin de poder dar apoyo a las autoridades competentes de cada país miembro. Esta ayuda se materializa con información de las últimas medidas adoptadas en el campo de la seguridad alimentaria. Ahora, el RASFF, cuyas bases legales se concretan en el Reglamento (EC) nº178/2002, ha presentado los últimos datos sobre las alertas alimentarias emitidas durante el año 2004. Según estos datos, las notificaciones de riesgos en la UE mantienen, desde 1997, una tendencia ascendente.

Durante el año 2004, el número de países que formaban parte de este sistema pasó de 25 a 28, después de que a los 25 Estados miembros se les sumaran Noruega, Islandia y Liechtenstein. El funcionamiento del RASFF consiste en que, en el caso de que cualquiera de estos países tenga información relevante sobre la existencia de un posible riesgo para la salud humana, esta información se notifica de forma inmediata a la Comisión a través del RASFF. La Comisión, a su vez, transmite la información al resto de países de la red.

Evaluación de los riesgos

Durante el año 2004, las alertas en la UE han aumentado en un 52,2% Hace tan sólo dos meses, el pasado mes de abril, el RASFF presentaba un extenso informe con las principales notificaciones emitidas durante el año 2004. En este informe se incluyen no sólo el número de notificaciones confirmadas sino también información sobre el origen, los países implicados, y los productos y riesgos identificados. En esencia, la información suele dividirse en dos tipos de notificaciones básicas. Por un lado, la notificación de alerta, que suele emitirse cuando los alimentos con riesgo se encuentran en el mercado. En este caso, se requiere una acción de forma inmediata. Por otro lado, está la notificación informativa, que concierne a los alimentos cuyo riesgo ha sido identificado pero que no requieren una acción tan inmediata ya que el producto no se encuentra a la venta.

En el momento en el que se detecta un problema, el RASFF informa a los países miembros. Esta información se materializaba, en 2004, con un total de 1.884 notificaciones. En los casos de mayor riesgo, las autoridades competentes de cada país reciben una carta donde se les detalla el tipo de riesgo y las medidas a adoptar. Un total de 24 cartas fueron las que se enviaron el año pasado. En el caso de que las garantías que se ofrecen no son suficientes, la Comisión tiene el poder de tomar otras con mayor contundencia, como prohibir la importación de productos. Adicionalmente, la Oficina de Alimentación y Veterinaria emite al RASFF toda la información para identificar las prioridades.

Aflatoxinas y otros riesgos

De entre los principales riesgos detectados en la Unión Europea durante el año 2004, las aflatoxinas encabezan la lista. Según los datos del RASFF, se notificaron un total de 844, cifra superior a la de 2003 (763), y casi tres veces mayor que la de 2002 (288). La mayoría de los riesgos se encontraron en productos como el pistacho (538), procedentes sobre todo de Irán (487). También se han detectado aflatoxinas en cacahuetes procedentes de China (62), Argentina (27) e India (24); en avellanas (24), y en higos (35), procedentes de Turquía. Actualmente, y debido a que el problema de las aflatoxinas parece tener una tendencia ascendente, sobre todo en pistachos procedentes de Irán, estos productos se someten a controles mucho más rigurosos, que incluyen dos tipos de análisis.

Las dioxinas ocupan otro lugar de referencia en cuanto a riesgos se refiere. Si bien el número de notificaciones ha sido reducido (5), las dioxinas han merecido una mención destacada en el sector alimenticio. Una de las alarmas se refería a los niveles detectados en una granja de producción láctea de Holanda. En octubre de 2004, el Ministerio de Agricultura holandés ordenaba el cierre de 140 granjas de animales que habían utilizado un pienso elaborado con peladuras de patata procedentes de la empresa McCain. Durante la gestión de este riesgo, se confirmó que la dioxina de las peladuras de patata procedía de la arcilla que la empresa utilizaba en el proceso de selección de patatas.

Por otro lado, la presencia de cadmio y mercurio en productos pesqueros protagonizaba un total de 43 notificaciones, la mitad de las recibidas en 2003 (103); los residuos de productos veterinarios en alimentos también fueron inferiores a las cantidades de 2003, disminución que los expertos atribuyen a la adopción de fuertes medidas de control que se aplican actualmente en los Estados miembros.

Varias han sido las notificaciones recibidas por la presencia del colorante Sudan I en chile, la mayoría en alimentos procedentes de India, uno de los países con mayor producción de chile y máximo exportador a la UE. El país más afectado por este problema ha sido Italia, seguido del Reino Unido, Alemania, Francia, Países Bajos, España, Polonia y Lituania.

Listeria monocytogenes en productos pesqueros, sulfitos en langostinos, histamina en atún o anisakis en pescado fresco son otros de los problemas detectados. En cuanto a las actuaciones realizadas (un total de 120), destacan las que hacen referencia a un etiquetado deficiente o incompleto (35 notificaciones), a la que le sigue la detección de residuos de pesticidas (16).

HACIA UNA SEGURIDAD ALIMENTARIA TOTAL

Imagen: FreeFoto.com

La lucha por garantizar alimentos seguros en el ámbito internacional protagoniza esta semana en Roma la reunión anual de la Comisión del Codex Alimentarius (CAC). Del 4 al 9 de julio, la CAC, organismo mixto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), analiza la conveniencia de establecer normas mundiales uniformes para los productos, velando así por los productores y los consumidores.

Para que una norma sea aprobada se requiere no sólo esfuerzo por parte de expertos y científicos sino también mucho tiempo. Para Kazuaki Miyagishima, secretario de la Comisión del Codex Alimentarius, este proceso debe ser así para «asegurar que los consumidores obtengan productos no sólo inocuos, sino de la calidad que buscan». Dotar a los alimentos de una norma de calidad les aporta reconocimiento mundial, aseguran los expertos, ya que no sólo facilitan el comercio en la región, sino que garantizan que un producto elaborado en países de otras regiones tenga la misma calidad.

En la mayoría de los casos, la base de las nuevas directrices internacionales se encuentra en las normativas nacionales de algunos Estados Miembros de la Comisión. En líneas generales, las directrices están diseñadas para ayudar a «autoridades nacionales a decidir qué normas adoptar en sus países». Este año cobran especial relevancia las nuevas normas de seguridad para la prevención y reducción de la contaminación de aflatoxina en frutos secos, aspecto que ha merecido cierto protagonismo en cuanto a alertas alimentarias en la UE se refiere. Las medidas recogen un objetivo claro, que es reforzar las capacidades de los países para establecer sistemas de control alimentario válidos.

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