Desertificación y producción agrícola

La desertificación afecta a más de 110 países y provoca la pérdida de 6 millones de hectáreas de tierra productiva cada año
Por Marta Chavarrías 23 de junio de 2005

Hace 11 años, la Asamblea General de Naciones Unidas designaba el 17 de junio como «Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía». La celebración ha cobrado este año especial relevancia si se tiene en cuenta que se está viviendo uno de los años más secos de los últimos tiempos. Los datos son concluyentes (un 40% del suelo en España está amenazado por los procesos de desertificación), y las medidas que se están tomando, tanto a nivel nacional como internacional, así lo corroboran.

El clima constituye un factor determinante en la producción agraria, una producción que en los últimos meses se ha visto seriamente mermada por la sequía. Ni los cereales, un cultivo tradicional de secano, se salvan de estos efectos negativos. Hace apenas un mes, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ya alertaba de que el cambio climático amenaza con reducir la superficie cultivable no sólo de los países en vías de desarrollo sino también en países desarrollados.

Durante la reunión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, celebrada a finales de mayo en Roma, los expertos reconocían que «en cerca de 40 países en vías de desarrollo, las pérdidas de producción agrícola por los efectos del cambio climático pueden incrementar en forma dramática el número de víctimas del hambre». Con este riesgo, se ponen en evidencia los logros alcanzados en la lucha contra la desnutrición y la inseguridad alimentaria, informaba entonces la organización internacional.

El problema no actúa sólo sobre la producción agrícola, sino que las consecuencias se reflejan también en la producción ganadera y en el control de enfermedades animales. Para Wulf Killmann, presidente del grupo de trabajo de la FAO sobre el cambio climático, éste no sólo tiene un impacto en la seguridad alimentaria, sino que también puede influir «en el desarrollo y el agravamiento de las enfermedades animales y las plagas». El informe presentado por la FAO reconocía que los cambios en la temperatura terrestre y la contaminación atmosférica «pueden incrementar las enfermedades humanas, al igual que la transmisión transfronteriza de epizootias asociadas a agentes patógenos potencialmente peligrosos para las personas». Como ejemplo, el episodio, aún sin concluir, de la gripe aviar.

Desertificación y sequía

La desertificación afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el mundo, según la FAO
Luchar contra los efectos del cambio climático constituye uno de los principales objetivos del «Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía», celebrado el pasado 17 de junio. Durante la Convención, los expertos han recalcado que África es uno de los continentes más afectados, con un total de 1.100 millones de hectáreas con un ciclo vegetativo inferior a 120 días, según datos de la FAO. La desertificación constituye, hoy por hoy, uno de los procesos de degradación ambiental que afecta más de 1.000 millones de personas.

Los datos presentados por los expertos demuestran que, entre 1991 y 2000, sólo las sequías fueron responsables de más de 280.000 muertes, y representan el 11% del total de desastres relacionados con el agua. Y es que en la desertificación, proceso de degradación de las tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, interactúan factores no sólo relacionados con las variaciones climáticas sino también con las actividades humanas. El problema podría obligar, en el periodo de tiempo de 1997 y 2020, a que unos 60 millones de personas se tengan que desplazar desde las zonas desérticas del África Subsahariana hacia África del Norte y Europa.

En Asia, esta situación provoca situaciones variables. Por un lado, la producción en India podría perder unos 125 millones de toneladas de cereales, que equivale al 18% de su producción total de cereales de secano. Por otro lado, China podría aumentar su producción en unos 360 millones de toneladas (un 15% del total de la producción).

Perspectivas desalentadoras

El alcance del problema es tal que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el 2006 como Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación. Para el año 2080, la FAO ha calculado que el cambio climático podría hacer que la superficie mundial aumente entre el 5% y el 8%, equivalente a entre 50 y 90 millones de hectáreas. Unos 65 países en vías de desarrollo, que representan más de la mitad de la población total del conjunto de naciones, pueden perder hasta 280 millones de toneladas de su producción potencial de cereales.

Para paliar los efectos devastadores de la sequía, el «Día Mundial de la Desertificación y la Sequía» ha destacado la necesidad de acabar con el monocultivo, práctica agrícola que acelera el problema, conservar la biodiversidad y evitar la sobreexplotación. La lucha contra la sequía en todo el mundo se remonta a 1977, cuando la comunidad internacional se enfrentó a una de las sequías más graves en África Subsahariana. Con más de 200.000 personas y animales muertos, se creó el primer Plan de Acción de Lucha contra la Desertificación.

Desde entonces y hasta hoy han sido numerosas campañas e iniciativas que han ido surgiendo para preparar instrumentos de lucha que ayudaran a enfrentar el problema de la desertificación.

LAS TIERRAS SE SECAN

Img agricultura2La producción agraria española sufre desde hace semanas uno de los capítulos más secos de los últimos años. Según datos de Ecologistas en Acción, el 40% del suelo está amenazado por los procesos de desertificación, y 21 millones de hectáreas están sometidas a procesos de erosión que superan los límites tolerables. En todo el territorio, las pérdidas anuales de suelo podrían traducirse en 1.156 millones de toneladas. España pasa a ser uno de los países desarrollados más afectados por la sequía, con Murcia, Andalucía, Levante y Castilla-La Mancha encabezando la lista de zonas más afectadas.

Factores como la explotación insostenible de los recursos hídricos o la salinización podrían ser algunas de las causas de esta situación, según la organización ecologista. El problema ha obligado a las autoridades nacionales a tomar medidas urgentes para paliar estos daños, medidas que se traducen en la aprobación del Real Decreto Ley, que incluye ayudas extraordinarias a los productores.

El Real Decreto, en el que han trabajado los ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación, Trabajo y Asuntos Sociales, Economía y Hacienda y Medio Ambiente, da respuesta a la baja pluviometría, que ha afectado a los cultivos de secano, de regadío y la reserva en los acuíferos. De acuerdo con los datos del MAPA, la sequía ha repercutido además, y de forma negativa, en el transporte de agua para abrevaderos, y ha reducido la producción de miel y polen.