¿Qué es la enfermedad de Newcastle?
Se trata de una enfermedad que afecta a las aves y que está causada por un virus de la familia Paramyxoviridae que pertenece a la especie Avian orthoavulavirus 1 o AOAV-1, aunque se conoce como virus de la enfermedad de Newcastle o virus de Newcastle. Precisamente se llama así porque se identificó por primera vez en esa ciudad del Reino Unido, en el año 1926.
Este virus puede clasificarse de dos maneras distintas: según sus características genéticas (genotipos) y según su virulencia. En este último caso, las cepas se agrupan en:
- Lentogénicas: poco virulentas, suelen causar enfermedad leve, con cuadros respiratorios o intestinales.
- Mesogénicas: de virulencia intermedia.
- Velogénicas: muy virulentas, pueden afectar a distintos órganos, especialmente el aparato respiratorio, el digestivo y el sistema nervioso, y provocar una elevada mortalidad.
Cuando se produce un brote, es importante identificar qué tipo de cepa es la causante para tomar medidas acordes. Como podemos imaginar, las cepas más preocupantes son las velogénicas, que están implicadas en los focos registrados estos días en diferentes explotaciones.

¿Afecta a la salud humana o a la seguridad de los alimentos?
Este virus es muy preocupante para la sanidad animal y para el comercio de productos avícolas, pero no se considera un riesgo para la salud humana ni para la seguridad alimentaria.
La infección en personas es muy poco frecuente y solo se produce mediante la exposición directa a las aves infectadas. En cualquier caso, se limita a conjuntivitis y síntomas leves similares a los de una gripe. Más allá de eso, no implica más riesgos para la salud humana.
En lo que respecta a la seguridad alimentaria, por ahora no hay evidencias de que el virus se transmita a través del consumo de alimentos. Además, no es capaz de reproducirse sobre los alimentos, igual que ocurre con otros virus, y se elimina fácilmente con el calor del cocinado.
De todos modos, no hay evidencias de que el virus haya llegado hasta los alimentos. Y es que, cuando se detecta un foco en una explotación, se inmovilizan los animales y no se destinan a la producción.
¿Afectará al suministro de huevos y pollo o al precio de estos alimentos?
Por el momento este problema ha obligado a sacrificar en nuestro país más de 1,6 millones de aves, sobre todo gallinas de puesta y pollos broiler (destinados a la producción de carne), aunque también aves de recría.
No hay duda de que esto aumenta la presión sobre la producción y sobre los precios de los huevos y el pollo, pero los profesionales indican que esto no pone en riesgo el abastecimiento del mercado, aunque todavía es pronto para saber si los precios subirán o no.

¿De dónde ha salido esta enfermedad?
España tenía el estatus de país libre de esta enfermedad desde el año 2022. Pero eso cambió en diciembre de 2025, cuando se registró un foco en la Comunidad Valenciana.
Por aquel entonces, el sector seguía inmerso en la crisis de la gripe aviar, que había comenzado en julio de ese mismo año, cuando se notificaron dos focos de esta enfermedad en granjas de Badajoz y Toledo. El episodio de la gripe aviar se dio por zanjado en febrero de 2026, cuando se cerraron los últimos focos y España recuperó el estatus de país libre de esta enfermedad, que afectó a 2,8 millones de aves.
Pero los brotes de la enfermedad de Newcastle no han cesado desde diciembre. En la Comunidad Valenciana se registraron 10 focos hasta junio. Después, se han notificado en Castilla y León otros 17, que no guardan relación con los valencianos, dado que ambos virus pertenecen a distintos genotipos. Pero, en cualquier caso, de momento suman un total de 27 focos, que afectan a más de 1,6 millones de aves.
¿Cómo se transmite el virus de Newcastle?
Algunas especies de aves silvestres son el reservorio de este virus, desde donde puede transmitirse a aves de granja.
El virus de Newcastle se transmite entre las aves mediante la inhalación de aerosoles contaminados o la ingestión de agua o alimentos con restos fecales contaminados, dado que las aves infectadas eliminan grandes cantidades del virus a través de secreciones nasales, saliva y heces.
Al tratarse de un virus envuelto, resiste peor que otros virus en el ambiente, aunque puede sobrevivir durante días o incluso semanas en materia orgánica (por ejemplo, en heces o en la cama de las aves), especialmente cuando la temperatura es baja y la humedad elevada. De todos modos, se inactiva fácilmente con desinfectantes y con el calor.
Entre granjas, la principal vía de propagación son los fómites, como ropa, calzado, vehículos o equipos contaminados. Esa es precisamente la hipótesis que se baraja en este caso: los focos de Castilla y León podrían haberse iniciado a raíz de la contaminación de una granja a través de heces de paloma, y más en concreto a través del calzado contaminado de alguna de las personas que entraron en ella.
Para evitar este tipo de problemas, los protocolos recomiendan cambiarse de ropa y de calzado antes de entrar en una explotación de este tipo.

¿Qué medidas se están adoptando?
En España existe un Programa Nacional de Vigilancia para esta enfermedad, que recoge las medidas a adoptar para prevenirla y controlarla.
La aparición de un foco puede detectarse a partir de varios indicios, como un aumento repentino del índice de mortalidad o un descenso en la puesta o en el consumo de pienso.
Si se confirma la presencia del virus, se toman diferentes medidas. Por ejemplo, se establece una zona de restricción de actividad en 3 kilómetros a la redonda y una zona de vigilancia de 10 kilómetros.
En ese caso, se paraliza la actividad de la granja afectada: se inmovilizan los huevos, no porque supongan una amenaza para la salud humana, sino porque pueden transmitir la enfermedad entre los animales; se sacrifican los animales; y se realiza una limpieza y desinfección de las instalaciones.
Además, las autoridades pueden establecer la vacunación obligatoria en las zonas afectadas. Esta medida se ha adoptado en Castilla y León, donde se vacuna a los animales de las granjas situadas en los perímetros de control, pero donde todavía no se ha detectado el virus.
En algunas de las granjas implicadas en estos focos ya se había iniciado la vacunación, pero los animales aún no habían recibido las dosis necesarias para completar la pauta y desarrollar una inmunización eficaz. Las próximas semanas serán clave para comprobar si las medidas de control consiguen frenar la expansión de la enfermedad.


