La innovación que alimentará el futuro

Guerras, sequías o enfermedades animales alteran nuestra cesta de la compra y lo que pagamos por ella. Frente a un escenario incierto, la innovación ayuda a construir un sistema alimentario más resistente, eficiente y seguro
Por Adrián Cordellat 16 de octubre de 2026
vegetales en laboratorio
Imagen: Getty Images
Desde la pandemia, las personas consumidoras nos hemos acostumbrado a convivir con cierta incertidumbre en la cesta de la compra. Productos que escasean temporalmente, precios que cambian en poco tiempo y alimentos cotidianos que de repente se encarecen. Lo que durante décadas hemos dado por hecho —encontrar determinados alimentos cuando los necesitamos y a precios relativamente previsibles— ya no parece tan seguro.

Detrás de estos cambios hay algo más que una sucesión de crisis puntuales. En un mundo interconectado e interdependiente, nuestra alimentación depende de una compleja red de productores, materias primas, energía, transporte y comercio internacional.

Cuando la excepción se hace habitual

Las guerras, las crisis energéticas y el cambio climático han mostrado la vulnerabilidad de ese sistema: un problema ocurrido a miles de kilómetros puede terminar afectando a lo que encontramos en el supermercado y a lo que pagamos por ello. Para el consumidor, esto se traduce en precios más inestables, una planificación de la compra más difícil y, en ocasiones, la necesidad de buscar alternativas.

  • La guerra de Ucrania, por ejemplo, encareció los cereales y los piensos, con repercusiones sobre los productos ganaderos.
  • La gripe aviar y las medidas para contenerla han contribuido a que los huevos alcancen precios históricos.
  • También la guerra de Irán ha elevado el coste de los combustibles, con efectos sobre la cesta de la compra.
  • En España, las sequías y las danas también han afectado a las cosechas y a productos como el aceite de oliva o las sandías.
  • Y los fenómenos climáticos extremos en otras partes del mundo han repercutido en alimentos como el café o el cacao.
norma de calidad de aceites vegetales
Imagen: Juanmonino / iStock

“Lo que antes eran episodios excepcionales empieza a ser el escenario habitual y los golpes son cada vez más frecuentes y se solapan unos con otros”, afirma Pedro Barato Triguero, presidente de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA).

Una percepción que comparte Mª Cruz Rey de las Moras, doctora en Biología Molecular y Biotecnología y profesora del Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes: “Todo apunta a que este tipo de situaciones serán cada vez más frecuentes y a que el cambio climático, los conflictos internacionales y otros factores que afectan a la producción y al transporte van a hacer que los precios sean cada vez más inestables y que algunos productos puedan escasear en determinados momentos”.

El campo se transforma

Según Rey de las Moras, este nuevo contexto de incertidumbre hace fundamental “contar con cadenas de suministro más resilientes, diversificar los proveedores y apostar por sistemas de producción más sostenibles para reducir el impacto de estos riesgos”.

La industria alimentaria ya está enfrascada en esa labor. También el campo español. “El agricultor y el ganadero de hoy son pequeños y medianos empresarios que gestionan tecnología, datos y costes con márgenes muy ajustados. Innovar no es para ellos una moda: es una cuestión de supervivencia. Quien no mejora su eficiencia, no aguanta”, afirma Pedro Barato. Esa transformación ya se concreta en numerosas herramientas.

Una de ellas es la agricultura de precisión, que permite ajustar el uso de agua, fertilizantes y tratamientos mediante sensores, GPS, imágenes por satélite y drones. En un país como España, “con el agua como factor limitante”, Barato destaca además el regadío moderno, con sistemas de goteo, teledetección y programación del riego.

A ello se suman los modelos meteorológicos para anticipar plagas y heladas, el desarrollo de variedades vegetales más resistentes a la sequía y las enfermedades, la digitalización de las explotaciones y el aprovechamiento de subproductos agrarios y ganaderos para obtener energía o materia orgánica. “Todo ello con un mismo objetivo: producir alimentos de calidad de forma más eficiente y sostenible”, resume.

agricultura de precisión
Imagen: sarawuth702 / iStock

La inteligencia artificial (IA) abre otra vía, especialmente para reducir el desperdicio. Según un informe de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza), el 40 % de los alimentos cultivados en el mundo no llega a consumirse. En este ámbito, entidades como el centro de investigación AZTI estudian el uso de la IA para anticipar la demanda y ajustar mejor la producción.

La industria innova: del residuo al nuevo alimento

La industria alimentaria también explora nuevas formas de aprovechar mejor los recursos. Este año, por ejemplo, los premios Horeca 2026, organizados por Alimentaria y Hostelco, reconocieron a Fishology Foods, un proyecto liderado por el chef Riccardo Radice que utiliza restos de pescado para elaborar más de 30 productos, entre ellos chorizo y sobrasada de mar. El objetivo es que este aprovechamiento permita reducir notablemente el desperdicio.

“Cada vez ganan más protagonismo los ingredientes y productos obtenidos mediante upcycling o suprarreciclaje, una práctica que consiste en aprovechar materias primas o subproductos que de otro modo se desperdiciarían para transformarlos en nuevos alimentos o ingredientes”, explica Rey de las Moras.

Más allá del auge de los productos de origen vegetal, la experta señala otras tecnologías emergentes, como la fermentación de precisión: “Permite producir proteínas funcionales, como las de la leche o el huevo, utilizando microorganismos en lugar de animales, manteniendo sus propiedades tecnológicas y nutricionales”.

La biotecnóloga destaca también los envases activos e inteligentes, “capaces de prolongar la vida útil de los alimentos o monitorizar su estado de conservación mediante indicadores de tiempo-temperatura o de frescura”.

A ellos se suman herramientas digitales como los pasaportes de producto o los códigos QR dinámicos, que pueden proporcionar información sobre el origen, la trazabilidad, la huella ambiental o las prácticas de producción. “Son innovaciones que no solo buscan desarrollar nuevos productos, sino hacer que todo el sistema alimentario sea más eficiente, circular y sostenible”, concluye.

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin, Whatsapp, Telegram o Youtube