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La batalla de los transgénicos

La producción de cultivos modificados genéticamente ocupaba a finales de 2004 cerca del 4% de la superficie total de tierras cultivables del planeta

En apenas una semana, el sector de la biotecnología aplicada a los alimentos ha recibido varias novedades. El pasado 24 de junio, la Comisión Europea votaba en contra de autorizar el maíz transgénico MON-863, manipulado para resistir a un determinado gusano. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su lado, ha presentado un informe en el que reconoce que los alimentos modificados genéticamente disponibles pueden reportar beneficios, aunque es necesario seguir realizando evaluaciones.

A pesar de la mala fama que los organismos modificados genéticamente (OMG) tienen, especialmente entre los grupos ecologistas, que aseguran que, entre otras cosas, pueden ser perjudiciales para el medio ambiente, las autoridades sanitarias de primera línea, encabezadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), reconocen que la aplicación de técnicas biotecnológicas en la producción de alimentos ofrece nuevas oportunidades de cambio en la salud humana. Entre los potenciales beneficios, destaca la posibilidad de alterar el contenido de alimentos, de manera que pueda reducirse el riesgo de sufrir alergia, por ejemplo.

La semana pasada, la OMS presentaba el informe Biotecnología moderna de los alimentos, salud y desarrollo humano, que describe precisamente algunos de estos beneficios asociados a los alimentos modificados genéticamente. A parte del ya mencionado, la organización sanitaria confirma que la producción de transgénicos puede hacer aumentar la producción agrícola, la calidad alimentaria y la diversidad de alimentos cultivables en una zona determinada. En consonancia con todo esto, puede propiciarse además una mejora de la salud y la nutrición, lo que contribuye a alcanzar niveles de salud y de vida más elevados.

Cautela

Los controles en los OMG deben garantizar que son inocuos A pesar de reconocer todos estos beneficios, la OMS recalca que es necesario seguir sometiendo estos productos a evaluaciones de inocuidad antes de permitir su comercialización. La finalidad es clara: evitar y prevenir riesgos para la salud humana y el medio ambiente. Uno de los principales motivos de esta mesura radica en el hecho de que algunos genes utilizados para la producción de alimentos GM no han estado presentes nunca antes en la cadena alimentaria. Una de las cosas que se teme es que la introducción de estos genes nuevos pueda provocar cambios en la estructura genética de los cultivos.

Actualmente, la investigación se centra en evaluar los posibles efectos en la salud, aunque debe cobrar especial importancia el análisis desde un punto de visto ético y social, además de sanitario y ambiental. La novedad de este análisis, suscrito por Jorgen Schlundt, director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos de la OMS, permitirá a los Estados Miembros «aplicarlo a nivel nacional y evitar que se produzca la 'brecha genética'entre los distintos países». Dentro de este análisis influye el hecho de que no todos los países conciben o tienen una visión igual de la alimentación, de manera que las tradiciones alimentarias pueden condicionar la manera cómo se perciben estos alimentos.

No cabe duda, tampoco, de que se trata de alimentos que, por su singularidad, se someten de forma mecánica a controles mucho más rigurosos que los cultivos convencionales, controles que hasta ahora han permitido descartar cualquier tipo de efecto sanitario no deseable. Y es precisamente en este sentido en el que deben ir dirigidos ahora los esfuerzos, reconoce la OMS, que advierte que debe evitarse que se produzca una «brecha genética» entre los grupos de países que permiten el desarrollo, el cultivo y la comercialización de estos productos y los que no lo permiten.

Autorización denegada

Precisamente la batalla sobre la conveniencia o no de autorizar este tipo de cultivos ha propiciado, en pocas semanas, varias reacciones en el ámbito comunitario. El pasado mes de abril, la Comisión Europea publicaba una lista con los 26 productos modificados genéticamente que pueden comercializarse en la UE para alimentos o piensos.

La lista incluye los productos autorizados legalmente antes de que la UE aprobara las nuevas medidas sobre etiquetado de OMG, el 18 de abril de 2004. Markos Kyprianou, comisario para la Salud y la Protección de los Consumidores, aseguraba entonces que «el registro constituye una herramienta importante para clarificar la personalidad jurídica de los OMG autorizados en la UE antes de la legislación actual». Así, los productos autorizados para consumo humano o animal incluyen 14 variedades de maíz transgénico, 6 de colza, 5 de algodón y una de soja.

Para todos estos productos, la legislación aprobada en abril de 2004 establecía que todos tienen que ser sometidos a un proceso de control científico riguroso, como el que realiza la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, en sus siglas inglesas). A pesar de que uno de los resultados de este control se mostraba favorable a la aprobación del maíz transgénico MON-863, el Consejo de Ministros de Medio Ambiente ha dado de nuevo un revés al sector biotecnológico, con el voto en contra para autorizar este maíz. El pasado 24 de junio, la Comisión Europea rechazaba autorizar la importación y el uso de piensos del maíz transgénico MON-863, desarrollado por la compañía Monsanto para resistir a un determinado gusano

Reacción española

El episodio vivido en Bruselas ha obligado a que todos los Estados Miembros hayan tenido que manifestarse en un sentido u otro. En este caso, España ha votado, por primera vez, en contra del levantamiento de las cláusulas de salvaguarda sobre OMG que invocan algunos países de la UE para mantener prohibiciones provisionales en su territorio. Hasta ahora, España se había abstenido en este tipo de votaciones, pero ahora, desde el Ministerio de Medio Ambiente español reconocen que es necesario y urgente dotar, a todo lo relativo a los OMG, de un marco normativo europeo completo que garantice la armonización del sector.

De lo que se trata es de elaborar una Directiva sobre la co-existencia de cultivos que preserven y garanticen la agricultura ecológica, y una Directiva sobre umbrales de presencia de OMG en las semillas, dos de las máximas preocupaciones de los que se muestran contrarios a este tipo de producción. La aplicación de esta propuesta se enfrenta no sólo a las diferencias que mantienen la UE y la Organización Mundial del Comercio (OMC), sino también a la necesidad de que los productos modificados se sometan al proceso de renovación, previsto para antes del 17 de octubre de 2006.

FORTALECER LA INVESTIGACIÓN


Para que poco a poco vayan desapareciendo algunas de las lagunas que irremediablemente envuelven el sector biotecnológico, se cuenta actualmente con 15 instrumentos internacionales jurídicamente vinculantes y códigos de prácticas no vinculantes que giran entorno a los OMG.

Según la OMS, las diferencias reguladoras en este campo son abismales, ya que si bien algunos países cuentan con normas nacionales de precomercialización, con una evaluación rigurosa, otros muchos países no tienen la capacidad necesaria para aplicar instrumentos similares.

La organización sanitaria internacional confía en que, con la ayuda de asociaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, puedan ofrecer a los países más necesitados en este campo instrumentos útiles que les capacite a la hora de decidir si autorizan o no un determinado OMG.

En opinión de Jorgen Schlundt, director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos de la OMS, se puede «sacar provecho de las mejoras sanitarias y nutricionales de los OMG cuando logremos ayudar a los países a encontrar el modo de controlar y explotar la introducción de estos productos». Actualmente se realizan intercambios comerciales nacionales e internacionales de variedades transgénicas de maíz, soja, colza y algodón, así como de papaya, papa, arroz, calabaza, remolacha y tomate.

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