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La densidad en las granjas de pollos

Reducir el número de pollos por metro cuadrado en las granjas no asegura un menor riesgo de contagio de enfermedades ni mayor calidad de la carne

La UE quiere disminuir la densidad de aves por metro cuadrado en las granjas intensivas de producción de carne para mejorar la salud y el bienestar de los animales. Pero los investigadores advierten de que la medida no servirá para nada si no se consideran otros aspectos, como la humedad o la temperatura.

La Unión Europea quiere aplicar en 2004 una nueva legislación para la producción intensiva de carne de ave. La medida se espera que afectará sobretodo a la densidad, ya que establecerá un limite máximo de aves por metro cuadrado. Ello debería repercutir en un mayor bienestar de los animales y en una producción de más calidad. Pero una legislación que limite la densidad sin considerar el entorno de las aves puede tener importantes repercusiones sobre los productores europeos sin que se consigan los beneficios esperados.

Así lo afirma un equipo de la Universidad de Oxford que acaba de publicar un estudio en la revista Nature. El trabajo, dirigido por la investigadora Marian Stamp Dawkins, se ha hecho con la colaboración de diez empresas productoras y se ha seguido la evolución de 2,7 millones de aves, mayoritariamente pollos. Los productores se prestaron al experimento de ir variando las densidades de forma experimental: de 30 Kg por metro cuadrado a 34, 38, 42 y 46. Los investigadores monitorizaron paralelamente factores como la temperatura, humedad, calidad de la cama (recubrimiento del suelo) o calidad del aire, y midieron el nivel de bienestar a través de la mortalidad, fisiología, comportamiento y salud, habilidad al caminar y el estado de las patas (deformidades en los huesos o en las articulaciones).

Humedad y temperatura son claves

Temperatura y humedad son parámetros que podrían tener mayor peso en el bienestar animal que la densidad en las granjas No hay, según revela el estudio, una relación directa entre densidad y mortalidad. La mortalidad media se mueve entre cifras que van del 2% al 6%, pero sorprende que en una de las granjas la mortalidad esté cerca del 8% cuando la densidad es de 30 kg por metro cuadrado y que, en cambio, disminuya hasta el 3% cuando la densidad es de 46 kg por metro cuadrado. Es quizás el caso más llamativo.

Respecto a factores como la concentración de amoniaco en el aire y la humedad de la cama, los investigadores han hallado grandes diferencias entre empresas. Cuando los niveles de ambos factores son elevados, dicen los investigadores, los animales tienen altas concentraciones en heces de corticoesterona (hormona del estrés). Pero, sorprendentemente, el nivel de amoniaco elevado (y no el de humedad en la cama) está correlacionado con bajas mortalidades.

El amoniaco -que se forma por la descomposición del ácido úrico y que con un buen sistema de ventilación se puede extraer fácilmente- puede irritar ojos, garganta y mucosas de animales y humanos. Los niveles de amoniaco dependen también de factores como la composición de la comida, el estado de la cama, la humedad o la temperatura. Precisamente estas dos últimas son variables clave, dice el estudio, en el que se ha hallado una relación directa más clara entre mortalidad, temperatura y humedad.

«Es un error considerar que menos densidad significa que los pollos estén siempre mejor», afirma Ricardo Cepero Briz, profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza. Esto depende sobretodo, asegura este experto, de condiciones ambientales del aire y de la cama, de disponer de una nave bien construida, de un adecuado sistema de ventilación y de refrigeración en verano, y de un buen manejo de las aves. En este sentido, dice, «estoy totalmente de acuerdo con el estudio británico, aunque no hace más que ratificar lo que todo granjero y técnico sabe desde hace tiempo».

Incremento en los costes

El estudio británico viene a cuento porque el informe del Comité Científico sobre Salud y Bienestar Animal de la UE, realizado en marzo de 2000, y que previsiblemente condicionará la nueva legislación, pone un énfasis especial en la densidad. El documento de 150 páginas tiene, entre otros apartados, una simulación de cómo afectaría a los costes de producción la reducción de la densidad y un aumento del tiempo de crecimiento de los pollos. Por ejemplo, disminuir la densidad de 38 a 30 kg por metro cuadrado incrementaría los costes de producción totales en un 5%; disminuirla hasta 25 y 20 kg por metro cuadrado incrementaría los costes en un 10% y un 15% respectivamente.

Los incrementos redundarían en un aumento de los precios de venta al consumo: entre un 2,5% y un 7,5% o algo menos en productos procesados, señala el informe. En principio, no parecen excesivos los incrementos de los costes. Ahora bien, ¿cuánto se acercan a la realidad?

Para Ricardo Cepero, ese informe «se basa en cálculos económicos que no tienen en cuenta las necesidades de nuevas inversiones». En realidad, afirma el especialista, «el impacto sería mayor, pues para mantener la misma producción hay que construir más naves, con inversiones de 20 a 26 millones de pesetas cada una». Con el crecimiento tan rápido que tienen los pollos modernos, afirma, en la última semana del cebo cada día que pasa aumenta la densidad en 1 kg por metro cuadrado en una nave de 20 a 25 mil aves. «Habría que estar muy por encima con la organización de transportes y sacrificios para no sobrepasar esos limites».

Los matices también afectan al país del que se habla, ya que no todos sacrifican y comercializan los pollos con el mismo peso ni se tienen el mismo número de animales por metro cuadrado. En España, aunque con algunas variaciones según zonas, detalla Cepero, «la densidad es de entre 30 y 35 kg por metro cuadrado al final del cebo», lo que equivale a una media de 14-15 aves, que se sacrifican con un peso de unos 2,2 kg.

MENOR DENSIDAD NO DISMINUIRÍA LA INCIDENCIA DE GRIPE AVIAR


La mayoría de estudios científicos y la experiencia práctica concuerdan en que a partir de 35 kg por metro cuadrado aumentan los riesgos de patologías respiratorias, metabólicas y problemas de piel, detalla Ricardo Cepero, uno de los mejores especialistas en España en el tema. Sin embargo, «las condiciones ambientales tienen un impacto mucho mayor sobre el sistema inmunitario y la susceptibilidad a enfermedades infecciosas».

Pero ni disminuir la densidad ni mejorar el entorno serviría para luchar contra enfermedades como la gripe aviar o la enfermedad de Newcastle, con un «gran poder de difusión». Lo único, añade, «es que una vez producido el brote se difundiría algo más lentamente si hay menor densidad». Pero con la gripe aviar eso es «dudoso», ya que «en unos tres días todos los pollos están enfermos, y en 5 o 6 días, entre el 80% y el 100% de los animales están muertos, sea cual sea la densidad».

Sería falso, asegura este especialista, atribuir la epidemia de gripe aviar a unas supuestas condiciones de hacinamiento de las aves. De hecho, los pollos camperos pueden estar más expuestos al contagio (por lo general, la gripe aviar es transmitida por patos silvestres). «Sin olvidar que la OMS sospecha que la causa inicial pudiera ser la mutación de un virus vacunal incorrectamente empleado en China el año pasado», razón por la cual no se permite normalmente la vacunación contra gripe aviar.

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