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La UE rechaza dos tipos de maíz transgénico

Los ministros de Agricultura de la UE rechazan la venta del maíz GA-21 y del MON-863 para uso alimentario

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De nuevo los ministros de Agricultura de la Unión Europea se han enfrentado a propósito de la autorización de dos nuevos maíces transgénicos de la multinacional norteamericana Monsanto. La venta del maíz GA-21 y del MON-863 para uso alimentario ha pasado ahora a manos de la Comisión Europea.

La actualidad sobre los organismos modificados genéticamente (OMG) mantiene el grado de controversia de la que son protagonistas desde hace tiempo estos productos. Desde hace varias semanas, vuelven a ser centro de debate en el pleno de la Unión Europea, el último de ellos protagonizado esta misma semana (el 24 y 25 de octubre) en Luxemburgo, donde se han reunido los ministros de Agricultura de la UE.

Durante el encuentro, los responsables comunitarios han rechazado la comercialización de alimentos que contengan dos tipos de maíz modificado genéticamente, el GA-21 y el MON-863. En concreto, la propuesta para comercializar el maíz GA-21 ha recibido 13 votos en contra, 4 abstenciones y 8 votos a favor. Por su parte, la autorización del maíz MON-863 ha obtenido 12 votos negativos, 3 abstenciones y 10 a favor.

La misma razón les ha impedido alcanzar un acuerdo para obligar al Gobierno griego a retirar la prohibición provisional de comercializar semillas de maíz híbrido con la modificación genética MON-810, cuya venta fue paralizada el pasado mes de abril por las autoridades del país.

El próximo paso a seguir ahora corresponde a la Comisión Europea, que recibirá de nuevo ambas propuestas para adoptarlas una vez expire el plazo de tres meses asignado al Consejo.

Batalla genética

En 2004 se sembraron en todo el mundo un total de 81 millones de hectáreas de transgénicos Estos dos maíces no han tenido la misma suerte que tuvo el maíz Bt-11, de la firma suiza Syngenta y autorizado por la Comisión Europea en mayo de 2004. Entonces, se ponía fina a la moratoria comunitaria de los transgénicos, impuesta desde 1999, a pesar de las presiones de los grupos ecologistas. Como podría pasar ahora, la Comisión fue el órgano que asumió la responsabilidad política de levantar la prohibición.

Pero no parece que ésta sea una tarea fácil, sobre todo teniendo en cuenta la presión que ejercen los grupos ecologistas, reacios a este tipo de productos. Para Eric Gall, asesor político de la organización Greenpeace en la UE, antes de que se tome ninguna decisión definitiva es preciso responder a «muchas preguntas relativas a la seguridad de este producto y a su evaluación deficiente», y advierte que «debería revisarse la manera en que los OMG son evaluados».

De lo que no cabe duda es que la denominada «guerra genética» parece tener cuerda para rato. En el ámbito europeo, el proyecto CoExtra (coexistencia y trazabilidad de los sectores de OMG y no OMG) intenta, desde junio de 2005, suavizar las tensiones. Un total de 250 trabajadores trabajan para desarrollar un «corpus de conocimientos» que permita garantizar la coexistencia entre las culturas y los sectores OMG y no OMG.

Trabajos como este vendrían a reafirmar lo que demuestran los datos de 2003 sobre biotecnología, según los cuales un total de seis países (Argentina, Brasil, Canadá, China, EEUU y Sudáfrica), cuatro cultivos (maíz, soja, colza y algodón) y dos características (la resistencia a insectos y la tolerancia a herbicidas) representaban el 99% de la superficie mundial plantada de cultivos transgénicos, del informe El Estado Mundial de Agricultura y la Alimentación (SOFA), de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Trazabilidad transgénica

Una de las condiciones a la que han tenido que adaptarse los OMG es la que gira entorno a la información. Por este motivo, y para ofrecer a los consumidores la capacidad de poder elegir de forma libre la adquisición o no de productos con OMG, el 18 de abril de este mismo año entraban en vigor en la UE nuevos reglamentos de etiquetado y trazabilidad de alimentos y piensos modificados genéticamente.

En virtud de estas normas, los productos que derivan de cosechas transgénicas, independientemente de la presencia de ADN o de proteína «transgénica» en el producto final, deben ir etiquetados. En función de estas condiciones, cualquier alimento que contenga OMG o derivados debe declararlo en su etiqueta (con la mención «modificado genéticamente» o «producido a partir de -nombre del ingrediente- modificado genéticamente») en la etiqueta si contienen o están compuestos por OMG.

INVESTIGACIÓN BIOTECNOLÓGICA

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Paralela a la controversia que generan los transgénicos es la investigación que se realiza en este ámbito. Una de ellas es que la está realizando un grupo de expertos del Instituto de Investigación Agrícola de India (IARI, en sus siglas inglesas) y la compañía semillero Mahyco en cultivos de berenjena, a la que han introducido el gen cry 1 Ac para resistir al ataque de insectos.

Los expertos tienen previsto además ensayar variedades transgénicas de mostaza tolerantes a herbicida, resistentes a hongos y con alto contendido en betacarotenos.

Una de las finalidades del mejoramiento vegetal es acabar con enfermedades bacterianas, virales y fúngicas en los cultivos que, según datos de la revista Information Systems for Biotechnology, son capaces de destruir el 40% de las cosechas.

En ello trabajan un equipo de científicos dirigidos por Santosh Misra, que han presentado una estrategia que se basa en modificar genéticamente a las plantas para que fabriquen ciertos péptidos (proteínas pequeñas) anti-microbianos. Los expertos han utilizado estos péptidos, que incluyen potentes antibióticos naturales, para generar resistencia al tizón tardío y otras enfermedades.

Los expertos trabajan ahora en cultivos como el trigo y la cebada para hacerlos resistentes al hongo Fusarium, que produce micotoxinas, una de las principales fuentes de contaminación de los cereales. En esencia, de lo que se trata es de crear cultivos que sean resistentes a un amplio abanico de patógenos.

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