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Las sardinas prefieren el calor

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Los grandes caladeros de sardinas muestran una clara apetencia por aguas cálidas mientras que las anchoas y otras especies como el salmón y la lubina, prefieren las frías. El dato no tendría mayor importancia sino fuera porque, según han constatado investigadores del Acuario de Monterrey, en California, las aguas del Pacífico donde habitan sufren oscilaciones climáticas cada 25 años. Los sorprendentes resultados, de gran impacto para la pesca, acaban de publicarse en la revista Science.

La apetencia de determinadas especies piscícolas por aguas más frías o más cálidas es conocida desde hace décadas. Expertos en recursos pesqueros suelen considerar los gradientes de temperatura tanto en superficie como en profundidad para localizar los grandes bancos y caladeros. Así es como se ha establecido que las sardinas raramente podrán encontrarse en grandes cantidades allí donde las aguas son frías y que, por el contrario, anchoas, salmones, lubinas y una gran variedad de aves marinas sólo pueden hallarse esporádicamente en aguas temperadas.

La cuestión, al menos hasta hace bien poco, despertaba escaso interés entre los investigadores. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que un camello se adapta bien al seco y caluroso clima del desierto mientras que un león prefiere las grandes sabanas. No es más que la adaptación de las especies a hábitats concretos.

Lo que no se sabía es que las aguas del océano Pacífico donde se encuentran los grandes caladeros de anchoas y sardinas sufren notorios cambios de temperatura en ciclos que alcanzan casi 25 años de media. Y mucho menos que estas oscilaciones, probablemente similares a las de El Niño, condicionan el comportamiento de las poblaciones de peces. Al menos, las de sardinas y anchoas y, con gran probabilidad, de salmones y lubinas.

Los grandes bancos de sardinas descienden cuando las temperaturas son bajas. Entonces aumentan los de anchoas, salmón y lubina Las evidencias han sido compiladas en la revista Science por Francisco Chávez, del instituto de investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey, en California. De acuerdo con los resultados publicados, cada 25 años los hábitats marinos experimentan cambios en la actividad física y biológica como consecuencia de oscilaciones climáticas que se han repetido cíclicamente al menos durante el último centenar de años. Las oscilaciones han podido medirse a partir de la compilación de datos referidos a temperatura ambiental y de la superficie marina, así como de las emisiones naturales de dióxido de carbono y la abundancia relativa de aves marinas, anchoas y sardinas.

Los recuentos de población de peces fueron los que han permitido a Chávez definir algo así como un 'régimen climático de sardinas' y otro para las anchoas. Durante el primero, las aguas que riegan las costas de California hasta Perú y las que siguen la línea de Ecuador, presentan temperaturas benignas, mientras que son mucho más frías cerca de Hawai y en la costa japonesa. En la zona 'caliente' la temperatura atmosférica también es mayor y los niveles naturales de dióxido de carbono son más elevados. El patrón climático "es exactamente el opuesto", según los resultados obtenidos por el equipo de Chávez, durante el 'régimen de las anchoas'. Durante este periodo, las aguas frías de California hasta Perú albergan poblaciones mucho más abundantes de salmón, lubina, aves marinas y plancton.

Las mediciones han permitido constatar, igualmente, que las poblaciones de sardina experimentan un notable crecimiento durante la mitad del ciclo en el que las aguas son más cálidas, de modo que se convierten en la especie dominante. En la segunda mitad, por el contrario, declina la población de sardinas y crece la de anchoas.

Entre El Niño y el calentamiento global

Las causas de estas oscilaciones climáticas, que se corresponden por otra parte con los volúmenes de pesca de sardina y anchoas en las aguas del Pacífico, forman parte todavía de la especulación científica. Steven Hare, de la Comisión Internacional de Pesca de Halibut, admitía recientemente en la revista Nature su sorpresa por los resultados, los cuales, en su opinión, permitirían explicar el comportamiento de determinadas especies piscícolas ante procesos de cambio climático. Por ejemplo, porqué las cosechas de sardinas declinan tras un período de tres años de bajas temperaturas.

El régimen climático del océano Pacífico oscila cada 25 años provocando alteraciones en las poblaciones piscícolas de interés alimentarioPor su parte, John Hunter, del Centro de Investigaciones Pesqueras de la Jolla, en California, entiende que los resultados logrados por el equipo de Chávez dan sólo respuestas parciales. Hunter considera que un centenar de años es un tiempo "demasiado corto" para sacar conclusiones definitivas por lo que sugiere complementar la investigación con el estudio de sedimentos marinos. Éstos han demostrado ya su valor en innumerables recuentos de poblaciones en periodos que superan el millar de años como en el caso del salmón en Alaska o en aguas chilenas.

Más allá de estas consideraciones, los resultados de Chávez aportan nuevos y valiosos datos sobre la influencia del cambio climático en la ecología de poblaciones marinas y sobre la dinámica de las grandes corrientes oceánicas. En este sentido, las oscilaciones descritas se asemejan, aunque en ciclos mayores, a las de El Niño, un fenómeno climático natural que podría ser debido a la interacción de las aguas oceánicas y la atmósfera tropical que se repite cada 3 a 7 años. Estas interacciones aceleran o frenan la velocidad de las corrientes superficiales causando efectos devastadores en las costas del Pacífico meridional y, muy probablemente, alterando los ecosistemas marinos y sus poblaciones.

Por otra parte, los resultados abren un nuevo debate sobre los sumideros oceánicos de dióxido de carbono y el cambio climático global. Este gas de efecto invernadero se concentra de forma natural en las profundidades del Pacífico ecuatorial. Hasta ahora estaba establecido que se liberaba cuando descendían las temperaturas, pero los resultados de Chávez parecen indicar lo contrario. Una explicación plausible para este fenómeno podría ser, en opinión del investigador, que el incremento de la población de fitoplancton durante los periodos fríos favorecen una mayor liberación de dióxido de carbono aunque, admite, se trata sólo de "una fuente más" de emisión natural de gas. Nuevos estudios en escalas temporales más largas, concluye, permitirán establecer el vínculo preciso entre la dinámica del clima y la mayor o menor presencia de sardinas en los caladeros.

LA PRIMAVERA LLEGA ANTES

Mientras que en algunos foros continúa debatiéndose si el fenómeno de cambio climático debido a la acumulación de gases invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles es o no una realidad, dos nuevos estudios publicados este mes de enero en la revista Nature sostienen que se trata no sólo de un proceso contrastado sino que sus efectos empiezan a ser ya visibles a distintos niveles.


La primavera se ha avanzado 5 días y muchas especies se han desplazado 6 kilómetros al norte por década en un siglo

El primero de los estudios, firmado por Camille Parmesan, de la Universidad de Texas en Austin, y Gary Yohe, de la Universidad de Wesleyan en Connecticut, sostiene que muchas especies animales se han desplazado “moderadamente” hacia el norte en busca de climas más benignos. De media, los investigadores han evidenciado que unas 1.700 de ellas, estudiadas a lo largo de periodos que oscilan entre los 20 y los 100 años, han desplazado sus hábitats naturales unos seis kilómetros por década. Asimismo, algunos fenómenos propios de la primavera, como la construcción de nidos, el apareamiento de anfibios o la floración de árboles, se ha avanzado dos días por cada decenio.

Un segundo estudio, dirigido por Terry Boot, de la Universidad de Stanford, aprecia un avance de casi cinco días en la llegada de la primavera por década en el último siglo. Boot ha llegado a esta conclusión tras observar “coincidencias hasta en el 80%” en la dinámica primaveral de cerca de 1.500 especies.

Los cambios observados por los dos grupos de investigación han considerado un incremento de temperatura de tan sólo 0,6 grados centígrados, insuficientes para provocar grandes desplazamientos de población, cambios climáticos drásticos a escala regional o la aparición de especies invasoras en puntos distantes del planeta. Todos estos fenómenos, sin embargo, advierten ambos equipos científicos, podrían ser una realidad si se mantienen las previsiones de incrementos de 6 grados de media para el año 2100.

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