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Mejor fruta que pastillas

Una dieta con vegetales se ha revelado protectora frente al riesgo cardiovascular o de cáncer, aunque no se sabe si esa protección se debe a algún compuesto concreto

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Por aquí apenas se ha hablado, pero algunos medios angloparlantes y blogs sí se han hecho eco de un artículo publicado este mes de agosto en la revista New Scientist, que afirma que el beneficio de los suplementos con antioxidantes sobre la salud es un mito. Firmado por Lisa Melton, de la Fundación Novartis, el trabajo recuerda los resultados contradictorios de investigaciones que han intentado demostrar los efectos positivos de los antioxidantes y afirma que los beneficios de los suplementos son un mito.

Un gran número de estudios epidemiológicos han revelado los beneficios sobre la salud de una dieta rica en vegetales, beneficios que se han asociado con su contenido alto en antioxidantes. Sin embargo, afirma Melton, cuando los antioxidantes se extraen de su fuente natural y se aplican en la forma de suplementos, hacen «poco o nada» e, incluso, según algunos estudios clínicos randomizados, podrían resultar perjudiciales.

Melton se refiere a trabajos como el que llevó a cabo, en 1992, el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU para probar los suplementos de betacaroteno. El trabajo se hizo con más de 18.000 personas con riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, bien porque fumaban o bien porque habían estado expuestos a asbestos. El seguimiento debía realizarse durante seis años pero se interrumpió mucho antes al descubrirse que los grupos que tomaban suplementos de betacaroteno presentaban una tasa de cáncer y de mortalidad superior al resto.

Nada demostraba que las cápsulas tuvieran relación con ese aumento de la mortalidad, aunque, sigue Melton, estudios posteriores han reforzado la hipótesis de que los suplementos de betacaroteno no sólo no protegen contra el cáncer sino que pueden incrementar el riesgo en el caso de cáncer de pulmón. Algo similar sucede con la vitamina E y la suposición de que puede ayudar a prevenir riesgos cardiovasculares. Cuando se trata de demostrar los beneficios e los suplementos de esta vitamina, todo son contradicciones.

Hipótesis sin demostrar

Aún se está lejos de poder saber qué hacen exactamente los antioxidantes dentro de nuestro organismo y, tomados en suplementos, si juegan algún papel beneficioso En realidad, el artículo no dice nada nuevo pero toca una de las grandes incógnitas que siguen vigentes. «No hay ningún estudio epidemiológico», apunta Josep Lluis Torres, investigador del CSIC que trabaja sobre antioxidantes, «que nos permita afirmar que tomar suplementos antioxidantes previene enfermedades». Y aunque es cierto que una dieta alta en vegetales se ha revelado como protectora frente al riesgo cardiovascular o determinados cánceres, en realidad no se ha demostrado realmente la causa, es decir, no se sabe si se puede vincular esa protección de la dieta a algún compuesto concreto, ni siquiera los antioxidantes.

No obstante, es cierto que hay una base biológica que ha llevado a la hipótesis de los antioxidantes de los alimentos de origen vegetal. La muerte, explica Josep Lluís Torres, «es un proceso desenfrenado de oxidación, la lucha contra ella es la lucha contra la oxidación». Los vegetales tienen muchos antioxidantes por una buena razón, escribe Melton en su artículo. «Las plantas son especialmente vulnerables al estrés oxidativo porque generan oxigeno puro durante la fotosíntesis. Lo que hacen para protegerse es producir una gran variedad de potentes antioxidantes».

Ahora bien, otra cosa es el metabolismo humano y, en el caso de que se tomen antioxidantes en la forma de extracto, si eso tiene efectos. Es muy diferente, explica Josep Lluís Torres, ver los efectos de los antioxidantes sobre la piel, donde hay un proceso de oxidación muy elevado. «Ahí es otra historia porque si pones un extracto de antioxidantes, estos van directamente allá donde hay un alto nivel de oxidación». Otro caso similar es en la conservación de alimentos. «En el caso del pescado, con un proceso oxidativo muy elevado, la aplicación de antioxidantes en su superficie tiene efectos realmente visibles». Precisamente el grupo de Torres, del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales del CSIC en Barcelona, trabaja en el uso de antioxidantes naturales para la conservación del pescado azul fresco.

Diseño de los ensayos

Hay buenas razones para pensar en el papel de los antioxidantes, pero aun se está lejos de poder saber qué hacen exactamente dentro de nuestro organismo y, tomados en suplementos, si juegan algún papel beneficioso. De hecho, ni siquiera se ha demostrado en el caso de la dieta. ¿Por qué los resultados contradictorios sobre los antioxidantes? Una razón puede estar en los propios estudios. Uno de los investigadores citados en el artículo de Melton, Andrew Shao, del Consejo para la Nutrición Responsable, una asociación industrial de Washington, manifestó posteriormente al servicio de noticias Nutraingredients-USA.com su opinión. «Una aproximación basada en estudios clínicos ran-domizados puede que no sea la mejor forma de evaluar los beneficios sobre la salud de los antioxidantes o de otros nutrientes y los investigadores deben pensar como rediseñar y ejecutar estos ensayos».

Una causa de los resultados contradictorios, añade Shao, es que la mayoría de los ensayos se realizan con personas que sufren alguna enfermedad. Así, «estos ensayos no prueban, por ejemplo, si el suplemento de vitamina E puede reducir el riesgo de ataque cardiaco en la población en general». Lo que se está evaluando es si la vitamina E junto a estatinas, betabloqueantes y diuréticos, reduce el riesgo de un segundo ataque al corazón en pacientes muy enfermos. «Son cuestiones muy diferentes». De todos los experimentos realizados sobre la vitamina E y sus beneficios cardiovasculares, sólo uno realizado en el Reino Unido, el estudio CHAOS (acrónimo de Cambridge heart antioxidant study), ha encontrado efectos positivos. El resto no hallan efectos protectores e incluso algún trabajo ha llegado a la conclusión que la vitamina E incrementa el riesgo.

Otra causa se ha buscado en la posibilidad de que los antioxidantes de los vegetales, al ir vinculados a otros compuestos como la fibra, están más protegidos de una rápida digestión (de forma que tienen más tiempo para actuar) mientras que los suplementos no consiguen todos los efectos por lo contrario, porque se digieren y destruyen rápidamente.

Algunos blogs, como el del diario británico Daily Mail, se han hecho eco del trabajo y han recogido una buena diversidad de opiniones de la calle. Y las opiniones se mueven desde los que consideran que el tema de los suplementos está lleno de intereses comerciales y lo que conviene es simplemente comer vegetales y los que se quejan de que las verduras y frutas ya no son tan nutritivos como antes, hasta los defensores de la efectividad de los suplementos de vitaminas en estados carenciales o los firmes defensores de tomar suplementos y a los cuales atribuyen su propia mejoría. La opinión más generalizada, no obstante, es la de que, a menos que realmente se sufra déficit de una vitamina concreta (casos en los que los suplementos sí parecen funcionar), el factor más importante para los humanos es el consumo de una dieta equilibrada y con la ratio correcta de vitaminas y minerales. «En este punto, sólo la comida real puede darlo; ni siquiera piensen que los científicos ya han descubierto qué ratios», dice Aaron Ashmann, de Chicago

TAMBIÉN CON LOS OMEGA-3


Las contradicciones e incógnitas sobre qué efectos tiene en el organismo humano los diferentes nutrientes no es algo precisamente raro, pero resulta chocante cuando se trata de sustancias de las que se ha hablado tanto que se ha dado por hecho que son, siempre y en la forma que sea, beneficiosas y siempre recomendables.

El tema recuerda las conclusiones de una revisión reciente sobre los ácidos grasos omega-3. Publicado en la revista British Medical Journal el pasado marzo, el meta-análisis rebajaba las expectativas depositadas sobre los omega-3 al establecer que la evidencia sobre sus beneficios es menos concluyente de lo que se había pensado hasta ahora. Después de revisar casi un centenar de estudios, los investigadores concluían que los ácidos grasos omega-3 no reducen la mortalidad ni los ataques cardiovasculares, tal como se había afirmado anteriormente.

Los pocos estudios que sí muestran efectos beneficiosos de los omega-3 son, en cambio, contradic-torios y, según otros trabajos, no es recomendable tomar más ácidos grasos omega 3 en el caso de personas con angina de pecho que no han sufrido ningún ataque al corazón, porque resultaría perjudicial. La conclusión final era que se necesitan más ensayos porque aun no se entienden bien los efectos de los omega-3 y que no siempre es recomendable aumentar su consumo.

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