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Ramón Cacabelos, director del Centro de Investigación Biomédica EuroEspes

«No queremos que los nutracéuticos sean considerados fármacos»

El mercado de los nutracéuticos apunta a una clara expansión. Tal vez por este motivo, las definiciones y los conceptos andan un tanto revueltos. Desde quien sostiene que basta con añadir a los productos comerciales sustancias que aporten un claro beneficio para la salud, hasta los que defienden el uso de técnicas fármaco-genómicas para garantizar que ese efecto tiene sentido. Ramón Cacabelos, director del Centro de Investigación Biomédica EuroEspes (CIBE), forma parte de esta última categoría.

Ramón Cacabelos es neuropsiquiatra, director del Centro de Investigación Biomédica EuroEspes (CIBE), en A Coruña, una clínica privada -con un 5% de capital público- especializada en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. En el CIBE también se investiga -1600 contribuciones científicas en una década, según su director-, y fruto de esa investigación son seis productos patentados que se comercializan desde el año pasado en farmacias españolas a través de la empresa Ebiotec. Son nutracéuticos, compuestos que Cacabelos define como «a medio camino» entre los productos naturales que ofrecen los herbolarios y los fármacos. Cacabelos opina que la demanda de este tipo de productos será cada vez mayor.

¿Cómo definiría un nutracéutico?

Es un producto natural con acción terapéutica. Es decir, está a medio camino entre los fármacos, que se obtienen en su mayoría por síntesis química, y los productos de herbolario. Así se definen los nutracéuticos en el mercado internacional desde hace 20 años. Nosotros comercializamos siete; son todos productos biotecnológicos no desnaturalizados y derivados del mar.

¿Qué significa no desnaturalizados?

Pues que están igual que en la naturaleza. Nosotros purificamos las proteínas [el principio activo], pero no las modificamos. Por ejemplo, algunos de los alimentos que comemos tienen las proteínas que nosotros comercializamos, pero al cocer ese alimento se desnaturaliza la proteína. Nosotros ponemos la proteína a disposición del que la consume, pero sin desnaturalizarla.

¿Dónde interviene la biotecnología?

«Hay una clarísima frontera entre los productos de herbolario, los nutracéuticos y los fármacos»
En el proceso de biotransformación, en los métodos que se siguen hasta obtener el producto. Se trata de eliminar sustancias que interfieren mediante métodos y procedimientos que no desnaturalizan la proteína aunque sí transforman la materia prima. Además nuestros productos ejercen una acción genómico-específica.

Hábleme de sus productos.

Nuestros nutracéuticos son productos biológicos naturales con un perfil definido, sirven para eso y no para otra cosa. La mayoría son lipoproteínas. Nuestro liderazgo es en sistema nervioso: hiperlipemias, enfermedades neurodegenerativas… Trabajamos en tres líneas principales: inmunopotenciadores, como Biodefensor; hipolipemiantes, como Lipoesar; y mineralizantes. Biodefensor es una lipoproteína con gran efecto sobre el sistema inmune. Lipoesar es una de las cabezas de serie de la empresa; hoy es el único producto biotecnológico con acción antiarteriosclerótica del mercado internacional: por cada tres meses de tratamiento con Lipoesar el tamaño de la placa de ateroma se reduce en un 10%. Los mineralizantes son productos extraídos de diferentes fuentes naturales a los que se añaden minerales y vitaminas con acción terapéutica.

¿Por qué no es un fármaco Lipoesar, por ejemplo?

No tiene porqué serlo. Se diferencia muy bien de un medicamento. Los medicamentos son sustancias químicas con una acción definida; la mayoría son de síntesis, y tienen efectos secundarios que nunca tienen los nutracéuticos. Por eso no queremos que los nutracéuticos sean considerados fármacos; sería meterlos en un cajón al que no pertenecen.

¿Es más eficaz Lipoesar que otros fármacos antiarterioscleróticos hoy en uso?

No hay ningún fármaco específico hoy día contra la arteriosclerosis. Por tanto Lipoesar es ahora el producto más documentado contra esta enfermedad.

¿Cómo se han desarrollado sus productos?

Muchos son fruto de nuestra propia investigación. Lo que hacemos es centrarnos en los principales problemas de salud. Por ejemplo, la patología cerebrovascular; ¿qué moléculas tenemos cerca que nos permitan actuar ahí? Aquí lo que tenemos al lado es el mar… Lipoesar en concreto sale de un estudio epidemiológico que analiza qué segmento de la población tiene menos colesterol. Observamos que viven en las costas e hicimos un estudio de los productos que consumían. Después pasamos a los ensayos con animales. Todo el desarrollo de nuestros productos sigue el criterio de la FDA [Food and Drug Administration; organismo estadounidense que aprueba los fármacos y productos de consumo alimentario] y la normativa europea en cuanto a investigación clínica y preclínica.

¿Cuánto tiempo tardan en sacar un producto al mercado?

«Si se mantiene la tendencia, en el futuro cada vez habrá menos productos de síntesis y más biotecnológicos»
En diez años hemos sacado seis patentes.

¿Publican sus resultados en revistas científicas?

Por supuesto, está todo publicado.

¿Está la legislación española bien preparada para acoger los nutracéuticos?

No. La legislación española los califica como complementos nutricionales, pero nosotros le ponemos el sello de nutracéutico. Hay que establecer una clarísima frontera entre los productos de herbolario y los nutracéuticos, y los fármacos. En herbolario se venden productos naturales que no tienen por qué tener una indicación terapéutica. Los nutracéuticos son sustancias biológicas con acción terapéutica. Los fármacos tienen acción terapéutica, pero no tienen ese carácter biológico. Es decir, los nutracéuticos están a medio camino, no puedes poner en el mismo saco al perejil seco y a los nutracéuticos.

¿Recuerda el caso BioBac [un producto clandestino que se anunciaba como anticancerígeno y con acción contra el virus del sida, retirado por el ministerio de Sanidad en 2002]? ¿Qué opina usted?

Es un producto bastante bien documentado. También hay estudios serios, oficiales, que afirman que tiene actividad, y creo que hay que confrontarlos con los que dicen que no la tiene y darle una salida honrosa al producto. Y yo no estoy a favor ni en contra del Biobac, sólo digo que hay que analizar la documentación con una mentalidad limpia, evaluar el producto con rigor. Si funciona, bien, y si no, pues no; pero no hay que criminalizarlo.

¿A qué se refiere cuando afirma que sus productos son ‘genómico-específicos’?

Hoy estamos en el inicio de la nutrigenómica. Lo que nosotros hacemos es investigar cómo un perfil genético determinado se relaciona con una enfermedad. Hoy se conocen decenas de genes implicados en la hipercolesterolemia, con el Parkinson, con la obesidad… y podemos saber cómo el genoma de cada uno predispone a la enfermedad. Nosotros diseñamos fármacos para colectivos de personas predispuestas, o para curarles si ya tienen la enfermedad. Esto es inaplazable: hoy el 30% de los fármacos que se administran no sólo no hacen nada, sino que hacen daño. Por eso dentro de cinco años la FDA impondrá la farmacogenómica para determinados fármacos.

Pero no significa que sus productos actualmente en venta estén adaptados al genoma de cada persona, ¿no?

Nosotros trabajamos el uso de los nutracéuticos orientados a las caracterísiticas del genoma de cada persona.

Pero para eso haría falta un diagnóstico genético personalizado…

Nosotros tenemos caracterizado el genoma de nuestros pacientes.

ALGO MÁS QUE UN MERCADO


La definición que hace Ramón Cacabelos de ‘nutracéutico’ no coincide con la de otros expertos, que los equiparan más bien a los llamados ‘alimentos funcionales’. Para Cacabelos, los nutracéuticos tienen una clara vocación terapéutica, están indicados para una dolencia concreta, y de hecho se venden en farmacias y no en supermercados. La diferencia básica con los fármacos estaría en el carácter estrictamente natural de los nutracéuticos, y en la ausencia -sólidamente demostrada, según Cacabelos- de efectos secundarios. Además, en Ebiotec tienen a gala que a sus productos se aplica siempre un estudio de ‘farmacogenómica’, de forma que la acción de cada nutracéutico estaría adaptada al genoma de cada individuo. No obstante hoy por hoy no es posible llevar dicho enfoque a la práctica, puesto que nadie que vaya a una farmacia a comprar un nutracéutico de Ebiotec tiene su genoma caracterizado.

En cualquier caso, Cacabelos no duda de que el mercado de los nutracéuticos tiene un futuro dorado. Según los datos de este neuropsiquiatra, que transcurrió gran parte de sus años de formación en Japón, entre el 10% y el 20% del mercado de productos relacionados con la salud en ese país son nutracéuticos. En Alemania y en Estados Unidos ese porcentaje es del 6%, pero Cacabelos asegura que crecerá de forma imparable. Por lo pronto, los nutracéuticos de Ebiotec, de venta en farmacias desde el año pasado, están teniendo «muy buena acogida, porque son productos muy bien documentados», afirma Cacabelos. «Creemos que es la tendencia, cada vez habrá menos productos de síntesis y más biotecnológicos».

Y Euroespes pretende ser pionero. El centro tiene una plantilla de unas 260 empleados, de los que el 40% son investigadores, según su director. En la última década han publicado «unas 1600 contribuciones científicas», dice Cacabelos.


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