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Trazabilidad: ¿un derecho del consumidor?

Trazabilidad: ¿un derecho del consumidor?

Desde la aprobación del Libro Verde sobre los Principios Generales de la Legislación Alimentaria (1997), el objetivo de las autoridades comunitarias se ha centrado en alcanzar un nivel elevado de protección al consumidor, especialmente de sus derechos a la salud y a la seguridad. En este sentido era preciso desarrollar una normativa básica que estableciera aquellos principios, conceptos y procedimientos básicos sobre seguridad alimentaria y protección del consumidor.

El Libro Blanco de la Seguridad Alimentaria de 2000 estableció como objetivo principal garantizar un alto grado de seguridad alimentaria y la necesidad de recuperar la confianza del consumidor alterada tras las “crisis alimentarias”. Además, consideraba como un aspecto esencial de la seguridad alimentaria la necesidad de implantar sistemas o procedimientos de rastreabilidad de los alimentos “desde la granja a la mesa”.

Ahora, la posibilidad de identificar un alimento o sus componentes desde el origen hasta la puesta a disposición del consumidor se considera un aspecto fundamental de la seguridad del producto, por cuanto la confianza del consumidor y las expectativas de éste frente al producto son mayores. La eficacia de la trazabilidad, desde la perspectiva del consumidor, dependerá de que se realice de forma adecuada, veraz, inteligible, completa y verificada.

Trazabilidad: distintivo internacional de calidad

Bajo este título se celebró una Jornada Técnica del Cerdo Ibérico el pasado 18 de junio en el Cabildo Viejo de Aracena, organizada por la Diputación de Huelva y en la que participé con la ponencia: “trazabilidad y consumidores”. El concepto trazabilidad no es una novedad para el sector alimentario. De hecho, para algunos productores ha sido considerada hasta la fecha como un distintivo de calidad y de diferenciación con respecto a sus competidores.


En este sentido, los alimentos que estaban amparados bajo una denominación de origen o determinadas marcas o labeles de calidad habían dispuesto en sus Reglamentos o Pliegos de Condiciones de sistemas o procedimientos que permitían controlar y verificar el origen de los alimentos que ponían a disposición del consumidor y en el caso de productos derivados de animales, incluso la alimentación que éstos habían recibido.


Era un requisito imprescindible para la comercialización de estos productos. No cabe duda de que ofrecían un valor añadido que los diferenciaba de sus competidores. Este valor añadido, como aspecto propio de la calidad de un producto, ha pasado a considerarse como aspecto propio de su seguridad.

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