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Catástrofes naturales, cuánto se tarda en recuperar la normalidad

Lorca, Japón, Haití, Pakistán o Myanmar son algunos de los lugares afectados por catástrofes naturales, de cuyas consecuencias tardarán años en recuperarse

Las consecuencias de una catástrofe natural son, sobre todo, personales y materiales. Terremotos, tsunamis o huracanes son fenómenos de efectos devastadores, que afectan a la vida de miles de personas cada año. Cuando ocurren, son numerosos quienes se movilizan para intentar que la población afectada recupere la normalidad lo antes posible, pero no siempre es fácil conseguirlo.

Atención inmediata de las ONG tras una catástrofe natural

El reciente terremoto registrado en Lorca ha acercado a nuestro país un tipo de catástrofe que, hasta entonces, parecía lejana. Las imágenes de personas que dormían en las calles de la localidad murciana, al no poder regresar a sus casas y mientras se ponían en marcha dispositivos de ayuda, ha aproximado una situación vivida antes, a mayor escala, en lugares como Haití, donde otro terremoto de dimensiones mayores causó el año pasado la muerte de más de 220.000 personas.

En estos casos, una pregunta de difícil respuesta es cuánto tiempo tardará la población en recuperar la normalidad, e incluso, si en algún momento la recuperará por completo. En Lorca, Save the Children abrió espacios seguros para niños en los campamentos apenas tres días después del terremoto. El objetivo es facilitar a los menores cierta normalidad, mientras juegan y reciben atención psicológica, precisa la ONG, "si lo necesitan".

Cuando las catástrofes ocurren a miles de kilómetros, estas organizaciones trabajan con contrapartes locales que les permiten actuar casi de manera inmediata en la zona donde se registra una catástrofe o bien activan planes de emergencia ya previstos para prestar una asistencia efectiva. Conforme se conoce la magnitud de las consecuencias, desde las oficinas se coordina la atención para reorganizar a los equipos en terreno.

Japón, un caso reciente

Incluso en países preparados, los efectos de las catástrofes naturales tardan años en superarse

Para hacerse una idea de la repercusión de una catástrofe natural en la rutina de la población afectada, es posible fijarse en casos anteriores. Uno de los más recientes es Japón, donde un terremoto de 8,9 grados sacudió hace dos meses el país y provocó un gran tsunami. Aunque el país estaba mejor preparado que otros donde se registraron catástrofes naturales con anterioridad, es patente que el alcance de lo ocurrido tardará años en superarse.

Médicos sin Fronteras permanece en Japón para apoyar a las autoridades de salud, sobre todo, en cuestiones de atención psicológica. Los efectivos de MSF se derivan a tareas específicas, a medida que el sistema sanitario del país recupera la normalidad. Atiende a los supervivientes considerados más vulnerables, "como ancianos evacuados, familias monoparentales y personas con discapacidades físicas y enfermedades crónicas". Además, en la ciudad de Baba Nakayama diseñó un refugio temporal, ya construido, que reducirá las condiciones de hacinamiento en el principal centro de evacuación, detalla.

El esfuerzo parte también de los propios afectados, que deben reconstruir sus vidas. Muchos han perdido bienes materiales, pero también a familiares y amigos. MSF describe que se sienten deprimidos e impotentes, atraviesan un proceso de duelo, tratan de salir adelante, acostumbrarse al reasentamiento lejos de sus casas, buscar soluciones a problemas económicos y superar el estrés propio de esta situación. "La necesidad de servicios psicológicos no hará más que aumentar en los meses venideros", explica el psicólogo coreano Ha Young Lee, colaborador de MSF. En su opinión, estas preocupaciones, "con toda probabilidad, desencadenarán problemas psicológicos más serios que tendrán que ser abordados". Se atiende, además, a personas con problemas de hipertensión, infecciones de las vías respiratorias altas, estrés, problemas de memoria y dificultades de concentración, posibles casos de demencia entre los ancianos o trastornos del sueño.

Pakistán se sobrepone a las inundaciones

También el agua, pero en forma de inundaciones, fue el gran devastador de Pakistán en julio del año pasado. Esta tragedia ha ocupado menos páginas, pese a que algunas ONG han advertido sobre la grave crisis sanitaria del país, debido en parte al estancamiento de las donaciones, y la precaria situación de las personas desplazadas que regresan a sus lugares de origen.

En este momento se requiere apoyo nutricional, agua potable y asistencia médica, tres pilares que recaen en MSF en la zona, entre otras ONG. Las necesidades difieren de las detectadas justo tras la catástrofe, ya que ahora "falta abrigo, comida, agua y atención médica", insiste MSF. Se necesitan cultivos en los campos para disponer de alimentos, atención en salud mental, rehabilitación de edificios y refugios temporales hasta que se construyan nuevas casas. Pero quienes más sufren son los niños. En seis meses, MSF ha atendido 434 partos complicados, 82 cesáreas y 339 bebés recién nacidos ingresados.

La catástrofe de Haití

El terremoto de 7 grados en la escala Richter que sacudió Haití el 12 de enero de 2010 llevó a las pantallas de todo el mundo imágenes desgarradoras. Hoy en día, las fotografías son diferentes, pero las dificultades de las tareas de reconstrucción no siempre se plasman en las instantáneas. A menudo, los edificios no son el mejor indicador de la recuperación. Hay muchos objetivos, pero uno de los prioritarios es lograr que los niños se sobrepongan, en especial a través de la educación, para que vuelvan a tener rutinas y una normalidad que les ayude a superar el trauma que, para numerosos pequeños, ha supuesto perder a uno de sus padres o a ambos.

Es el caso de Plan, que se centra en especial en los niños. En coordinación con otras ONG, desempeña tareas en campamentos de refugiados donde residen menores, para que puedan seguir su educación a través de escuelas semipermanentes, y en proyectos de prevención de enfermedades y participación infantil para que los jóvenes colaboren en la reconstrucción del país.

Otra de las prioridades, cuando los escombros todavía son frecuentes, es atajar los casos de cólera. Esta enfermedad es ya tan frecuente, que la OMS prevé que afectará durante varios años a los ciudadanos. Las ONG se adaptan a la nueva situación con la apertura de nuevos centros o clínicas móviles, y se donan medicamentos y material médico, "para asegurarnos de que cuando nos hayamos retirado, las estructuras puedan hacerse cargo de todos los casos de cólera", señala Dominique Bernard, responsable de MSF en Port-de-Paix.

Mientras, Entreculturas dibuja un panorama más negativo respecto a las personas desplazadas: "Además de los desalojos violentos, las deplorables condiciones de salud, la falta generalizada de acceso a los servicios básicos y los crecientes riesgos de violencia, principalmente contra las mujeres y las niñas, los desplazados están amenazados por la temporada ciclónica que se iniciará el próximo primero de junio". Asegura que "una simple lluvia con algunas ráfagas de viento" sería suficiente para destruir las tiendas de los campamentos y reclama "soluciones de viviendas durables y dignas" para 680.000 desplazados.

El ciclón Nargis de Myanmar

Han pasado tres años desde que el ciclón Nargis causara la muerte de 140.000 personas en Myanmar, una catástrofe natural que reveló la vulnerabilidad de las poblaciones pobres. La responsable de comunicación para la región de Plan en Asia, Wasira Sornpet, visitó el pasado mes de marzo la región afectada y destacó cómo la población veía todavía hoy "las noticias de Japón con ansiedad". Las huellas psicológicas de estas experiencias son difíciles de borrar y la propia Sornpet se hacía la misma pregunta: "Aquellos que ganan menos de un euro al día y mueren de enfermedables prevenibles ¿pueden sobreponerse a un desastre tan devastador como el de Nargis?".

La estrategia de Plan en la rehabilitación de edificios es clara. Con colaboradores locales, ha construido y renovado 51 escuelas, 14 de ellas resistentes a desastres naturales, como ciclones, terremotos e inundaciones, y también pueden actuar como refugios en caso de emergencia. A ellas acuden miles de niños y otros tantos se benefician de 43 nuevos centros de desarrollo y cuidado de primera infancia, así como zonas de seguridad.

Una normalidad diferente

Japón es uno de los países más ricos del mundo y Myanmar uno de los más pobres, reflexiona Sornpet. Pero ambos se enfrentan al mismo reto: tratar de recuperar una normalidad que, casi con toda seguridad, nunca será como fue.

«Los supervivientes han aceptado que el dolor estará siempre presente»

Se conseguirá algo parecido cuando las personas vivan de nuevo en una vivienda, aunque a menudo no será la original, cuando los niños vuelvan al colegio, se reciba atención sanitaria en espacios normalizados, no haya escasez de agua ni de alimentos, se supere la pérdida de familiares, se aprenda a actuar ante una catástrofe natural, cuya posibilidad futura atenaza a la mayoría de las personas. «Los supervivientes han aceptado que el dolor estará siempre presente», prosigue Sornpet, y «ayudándose a sí mismos es como consiguen sobrellevar las pérdidas».

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