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Pau Marí-Klose, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza

La pobreza infantil solo preocupa cuando se convierte en un problema político

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 21 diciembre de 2013

El amplio currículum de Pau Marí-Klose le reconoce como uno de los grandes expertos en pobreza infantil de nuestro país. Es profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza, doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, autor de una decena de libros e investigador. Entre otras instituciones, ha trabajado para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto de Infancia y Mundo Urbano. Su trayectoria profesional avala, por tanto, tanto su conocimiento como sus reflexiones sobre una realidad que, asegura, «solo preocupa cuando se convierte en un problema político». Lamenta la falta de preocupación por la atención a la infancia y, en especial, «a la pobreza infantil«. Pero advierte de que esta tendencia no solo es común en el ámbito burocrático, sino también entre la ciudadanía, que «desconoce que la pobreza se concentra en hogares donde viven niños» y que ellos también «sufren los recortes de las prestaciones que reciben las familias en situación de más vulnerabilidad«.

Afirma que la pobreza infantil no preocupa en nuestro país, pese a que uno de cada cuatro niños en España está en situación de pobreza. ¿Cuándo estima que preocupará?

No creo que dependa de la proporción de niños en situación de pobreza, sino de los problemas que genere a instituciones nucleares de la sociedad y de que algún organismo internacional destape nuestras vergüenzas. La pobreza infantil preocupa cuando representa un problema escolar, un problema sanitario, un problema de seguridad ciudadana o cuando alguna institución con proyección pública pone el dedo en la llaga. Entonces se convierte en un problema político.

¿Las políticas públicas actuales tienen en cuenta a la infancia en situación de pobreza?

«Las políticas no se ocupan en general de los niños, y menos de la pobreza infantil»

Las políticas no se ocupan en general de los pequeños y, menos aún, de la pobreza infantil. El centro de atención de los gobiernos, y de quienes aspiran a llegar a los gobiernos, son posibles clientelas electorales, y los niños y sus familias son mala clientela. Los menores no votan y los padres tienen pautas de voto poco consistentes: votan en función de muchas variables y condiciones.

A diferencia de lo que sucede en otros países, en España no han calado las evidencias científicas que avalan que las políticas públicas que combaten la pobreza infantil benefician a la sociedad en su conjunto, promoviendo la cohesión y el crecimiento económico sostenido a largo plazo. En un contexto de crisis, no hay gobierno, central o autonómico, que se atreva a hacer una apuesta por estas políticas públicas, explicando a la población que se van a destinar recursos a este fin en lugar de a otros.

¿La ciudadanía no está concienciada?

«La ciudadanía desconoce que la pobreza se concentra en hogares donde viven niños»

No. Sabemos que hay pobreza y que aumenta, pero en general desconocemos que se concentra en hogares donde viven niños, para quienes las consecuencias son especialmente dañinas. La pobreza infantil no figura como preocupación en ninguna encuesta que trata de identificar las percepciones de la ciudadanía sobre los principales problemas del país. Eso tiene que ver con la información que han recibido desde los medios de comunicación y algunos análisis interesados realizados por académicos, que han alimentado la idea de que la precariedad es un problema situado en otras etapas de la vida, como la juventud o la tercera edad, o en otros segmentos de la población definidos por su clase social o su origen.

Por otro lado, la desatención ciudadana a la infancia tiene que ver con la escasa pedagogía que en nuestro país se realiza desde los poderes públicos cuando no existen incentivos electorales para hacerlo. Los problemas que causa la pobreza infantil se conocen hace tiempo. Organismos internacionales como la UE, entidades sociales en España (UNICEF, FEDAIA, Cáritas y Cruz Roja) e investigadores hemos alertado hace años de la gravedad de la situación y solo ahora parece haberse despertado un cierto interés, aunque la atención aún es intermitente y, salvo las reivindicaciones que realizan las entidades del Tercer Sector, no se traduce en demandas de reorientación de las políticas.

Ha citado las consecuencias dañinas de la pobreza en la infancia. ¿Cómo influyen el paro o los desahucios en los niños?

Influyen en su bienestar inmediato, en su bienestar psicológico, su salud y su progreso educativo. Causan heridas que muchas veces no cicatrizan. La investigación académica pone de relieve que ser un niño que ha sufrido experiencias de privación, a igualdad de otras condiciones, se asocia con trayectorias educativas más cortas, dificultades en la inserción en el mercado de trabajo, mayores riesgos de pobreza como adultos y problemas de salud en etapas más avanzadas de la vida. Incluso, hay investigadores que relacionan la vulnerabilidad económica en la infancia con una reducción de la esperanza de vida.

¿El recorte en sanidad o educación es la «puntilla»?

«Los niños sufren los recortes de las prestaciones a los hogares más vulnerables»

Sin duda, los recortes en educación o sanidad afectan a los niños y se han traducido a menudo en limitación de prestaciones básicas necesarias para los pequeños en situación vulnerable, como becas-comedor o programas de acompañamiento educativo individualizado. Pero nos equivocaremos si ponemos la atención solo allí. Los niños sufren los recortes de las prestaciones a los hogares más vulnerables, como la cobertura del desempleo o de las rentas mínimas de inserción. Se ven afectados por recortes en políticas de infancia, que ya eran escasas y que se traducen en mayores copagos. Tampoco hay que olvidar la eliminación del cheque bebé, que reducía en 6 puntos la tasa de riesgo de pobreza en el primer año de vida.

Dejemos la pobreza infantil en general y concretemos: ¿quiénes son los niños afectados?

Muchos están en riesgo. Cuando medimos la pobreza infantil, lo hacemos a través de una foto fija. Gracias a esas mediciones, sabemos que afecta a cerca del 30% de la población infantil. Pero no conviene olvidar que un porcentaje mayor atraviesa en algún momento de su infancia situaciones más o menos prolongadas de privación. Es decir, muchos niños han sido pobres en algún periodo de su infancia y eso puede tener repercusiones en su vida, aunque esa experiencia haya sido relativamente corta. En un contexto de empobrecimiento general, ciertas capas de las clases medias, para quienes las experiencias de privación resultaban desconocidas, ya no están blindadas frente al riesgo de pobreza. Todo esto no debe llevarnos a equívocos. La crisis ha afectado más duramente a hogares que ya eran pobres, intensificando la severidad de la pobreza. En esos espacios de pobreza severa, las consecuencias están siendo más dañinas.

¿Cuál es el coste económico de la pobreza infantil?

El coste se produce en diferentes niveles. Las personas que han atravesado situaciones de privación en la infancia tienen trayectorias educativas más cortas y, por tanto, han acumulado menor capital formativo y son menos productivos en el mercado de trabajo. Esa menor productividad se traduce en aportaciones fiscales más bajas a lo largo de su vida y, por tanto, menos recursos públicos para sostener el Estado de Bienestar.

«Estados Unidos ha estimado los costes globales de la pobreza infantil en casi el 4% del Producto Interior Bruto anual»

Pero al margen de los costes en productividad hay otros. Los adultos que fueron niños pobres son más proclives a sufrir mala salud o experimentar otros problemas sociales, como desempleo o adicciones. Esto se materializa en cargas importantes para el erario público, en forma de atención sanitaria, programas de rehabilitación, gastos de seguridad pública, reinserción social, etc.

En Estados Unidos, donde se han estimado los costes globales de la pobreza infantil, se ha llegado a la conclusión de que representa casi el 4% del Producto Interior Bruto anual. Aunque hay razones para pensar que en España la cifra puede ser un poco más baja, el coste sigue siendo considerable.

Se menciona el coste de la pobreza y los dividendos que reporta la inversión en la infancia. Demasiada economía. ¿Por qué no se destacan tanto los derechos?

El relato que pone el énfasis en cuestiones de dignidad y justicia no basta. Convence a los ya convencidos. Por ello no hay que aparcar ese discurso, pero es necesario incorporar discursos económicos que recuerden que nuestro éxito frente a los retos depende de que hagamos inversiones en infancia que ayuden a prevenir la pobreza y el fracaso escolar, a la vez que posibiliten que nuestros niños sean trabajadores competitivos. Es un discurso que sintoniza con recomendaciones de organismos internacionales, como la UE o la OCDE, y que tiene mejor entrada en las instancias donde se toman las grandes decisiones sobre la política pública. Para conseguir que la infancia se convierta en una prioridad pública hay que construir coaliciones de apoyo amplias, que sumen a los ya convencidos con otros segmentos de la población que solo se dejan convencer por argumentos «productivistas». Es la gran oportunidad que se abre a quienes luchamos contra la pobreza infantil.

¿Destacaría algún país como modelo o buena práctica que imitar?

Sí, tanto los países escandinavos como el Reino Unido. En los países escandinavos, las políticas a favor de la infancia se desarrollaron en los años setenta y concitan, a día de hoy, amplios consensos sociales y políticos. Como consecuencia de ello, la pobreza infantil alcanza tasas bajas. En el Reino Unido, el giro es más reciente. Es resultado de un compromiso político explícito, que refleja la voluntad política de las más altas instancias del poder ejecutivo para combatir la pobreza infantil y favorecer la competitividad de la economía británica en la sociedad del conocimiento. Como resultado de las políticas desarrolladas -que incluyen un amplio abanico de prestaciones, medidas de política fiscal y servicios a familias con niños-, las tasas de riesgo de pobreza infantil del Reino Unido se redujeron prácticamente a la mitad. Los últimos gobiernos han asumido los objetivos de ese programa.

Por lo tanto, si se mantienen las políticas actuales en nuestro país, ¿está en juego la dignidad de los niños?

«Vivimos en un país que ha estado desahuciando a familias con niños, sin reparar en las consecuencias de esas acciones y en qué medida representaban una violación de derechos básicos de la infancia»

La dignidad de muchos pequeños que viven en situaciones de pobreza ya está a menudo comprometida en nuestro país. En la Convención de Derechos de la Infancia de 1989, en el artículo 27, los Estados que la firman reconocen el derecho de todo niño a niveles de bienestar adecuados para asegurar su desarrollo físico, espiritual, moral y social, y se obligan a ayudar a los padres a garantizar ese derecho. Eso no está ocurriendo en España. Diversos indicadores de carencia se incrementan cada año. En 2012, según los datos del INE, uno de cada diez menores de 16 años vivía en hogares que declaraban no poder mantener una temperatura adecuada en sus viviendas y casi la mitad (un 45,8%) lo hacía en casas que no podían hacer frente a gastos imprevistos, a menudo derivados de las necesidades de esos menores. En algunas escuelas, no hay recursos para alimentar a niños que lo necesitan e, incluso, alguna comunidad ha intentado hacer pagar a las familias cuyos hijos llevan comida de casa a los comedores escolares. Vivimos en un país que ha estado desahuciando a familias con niños, sin reparar en las consecuencias de esas acciones y en qué medida representaban una violación de derechos básicos de la infancia.

Invertir en la infancia

Las reflexiones y propuestas de Pau Marí-Klose avalan la reivindicación de la FEDAIA -federación que agrupa a las entidades catalanas que trabajan con niños en situación de desamparo o riesgo de exclusión social-, que aboga por «invertir en políticas que garanticen el bienestar de la infancia a corto y largo plazo». En un artículo publicado por esta entidad, el sociólogo defiende que el bienestar de los niños sea una prioridad para la ciudadanía, ante el carácter «invisible» de la pobreza infantil en la actualidad. Este artículo se enmarca en una nueva línea de trabajo de la FEDAIA, para «aportar conocimiento, reflexiones en torno a temáticas que afectan a la infancia, adolescentes y familias más vulnerables, y, en definitiva, ampliar y dotar de discurso para avanzar en la situación en que se encuentra la infancia».


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