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Enrique Dans, sociólogo de las nuevas tecnologías

Hasta que los políticos no comprendan la importancia de la Red, España será un país tecnológicamente atrasado

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 11 noviembre de 2005

Enrique Dans, profesor y director del Área de Sistemas y Tecnologías de Información del Instituto de Empresa desde 1990, lleva años estudiando la sociología de la nuevas tecnologías en nuestro país. El interés de Dans se centra tanto en las ‘nuevas sociedades digitales’ como en las oportunidades de negocio que surgen en torno a las mismas. Su visión es tan amplia como profunda, tratando en su Blog todo tipo de temas relacionados con Internet y su cultura. Desde los videojuegos hasta las operadoras de telefonía, nadie escapa a su entusiasmo y capacidad de análisis.

Recientemente se ha celebrado el Día de Internet a nivel institucional. ¿Qué conclusiones positivas se pueden sacar y qué críticas se pueden hacer al respecto?

La conclusión más positiva es el hecho de que esta fecha conmemorativa haya surgido de la propia Red, de un conjunto de iniciativas a través de varias páginas web y blogs. En el lado institucional, lo positivo es que parece que ha tenido cierto impacto e importancia, al menos a nivel de medios y protagonistas. Lo claramente negativo es el que se quede, en muchos sentidos, como un «día de Internet», es decir: el día del año en que toca hablar de Internet. Hasta que la clase política no entienda realmente qué es Internet, España no saldrá de los puestos de cola en cuanto a penetración de tecnología.

¿Podemos considerar que Internet es el mismo concepto hoy que en 1996, cuando se popularizó en nuestro país?

Internet es cada día más «la Red de las personas», un auténtico patio de vecinos virtualNo, resulta radicalmente diferente. En 1996 íbamos a Internet a leer cosas producidas por periódicos, a comunicarnos con empresas, a comprar cosas… Ahora vamos a la Red de un modo más amplio, pero sobre todo vamos a relacionarnos con personas, a tener una «vida virtual». La web es un medio conversacional, donde se puede acceder a todo tipo de información, madurar ideas, relacionarte con personas, escribir acerca de tus temas de interés… Es algo que mucha gente aún no conoce. Los no usuarios miran con desconfianza a los que cada día nos pasamos una parte significativa de nuestro tiempo conectados, pero Internet es cada día más «la Red de las personas», un auténtico patio de vecinos virtual.

¿Cómo se puede explicar al usuario medio en qué consiste la Web 2.0 y las ventajas que le puede reportar?

La Web 2.0 supone un cambio en el modo en que el usuario se mueve por Internet; algo importantísimo, aunque aún a medio definir. En primer lugar, cambia la ecuación de producción de contenidos. En la web tradicional, la mayoría de los contenidos eran producidos por medios y empresas, y sólo una pequeña parte eran generados por los usuarios. En la Web 2.0 ocurre lo contrario. Hoy, los medios y las empresas producen únicamente el 15% de los contenidos, mientras los usuarios, a través de herramientas tales como blogs, foros y wikis producen el 85% restante. La gente se incorporará a comprar por Internet cuando se incorporen a hablar por Internet

Pero aunque esto ya supone un cambio radical, no es lo único. Hay además un marcado desplazamiento hacia el uso de aplicaciones que viven en la red, en detrimento de las que están instaladas en el escritorio del ordenador personal. Web 2.0 también supone una tendencia de los usuarios al consumo de servicios online. Además, no se contemplan éstos como meros productos ajenos al consumidor, sino como auténticos ecosistemas en los que otras empresas o particulares pueden desarrollar innovación; son servicios participativos.

Casi coincidiendo con el Día de Internet, usted organizó en el Instituto de Empresa WebDosBeta, un encuentro sobre las actuales tendencias en la Web 2.0. ¿Qué balance hace de lo que allí se debatió?

El balance fue enormemente positivo: en los medios especializados se hablaba de la Web 2.0 como de un término «calentito», una simple moda o fenómeno sin fundamento, y en cambio la jornada fue enormemente concreta. Se vieron proyectos nacionales con gran valor añadido e innovación. Tuvimos la oportunidad de relacionarnos directamente con las personas que están detrás de algunas de las innovaciones que tendremos en la pantalla de nuestros ordenadores en muy poco tiempo.

Comparando los conceptos que se manejaron en el Día de Internet y los que se trataron en WebDosBeta, ¿no se pone de manifiesto un abismo peligrosamente grande entre el usuario, habitual u ocasional, y el 60% de la población, que no entra nunca en la Red?

Sí, sin duda, y supone una gran preocupación. Internet no tiene una naturaleza excluyente, pero es muy difícil reaccionar contra el desinterés de un 60% de la población. Pienso que una parte de ese 60% se podrá movilizar a medida que las propuestas de valor de la Red se vayan popularizando, a medida que aparezca en la vida cotidiana y se vean más personajes «normales» (como si los que vivimos en Internet no lo fuéramos) desarrollando actividades de manera cotidiana en la Red.

Pero fundamentalmente creo que la clave es un cambio generacional. Los niños de hoy en día empiezan a necesitar imperiosamente un ordenador a los siete u ocho años, para jugar, estudiar, acceder a información, comunicarse con sus amigos con mensajería instantánea… Los padres que privan a sus hijos de una herramienta así deben saber que están cometiendo una irresponsabilidad; empieza a haber casos de familias de ingresos bajos que realizan un sacrificio económico para adquirir un ordenador, como antes ocurría con la enciclopedia. Estos niños, además de incorporarse a la sociedad de la información en primera persona, tienen un papel dinamizador en la familia.

¿Qué consecuencias puede tener a medio y largo plazo este abismo tecnológico?

Los niños de hoy en día empiezan a necesitar un ordenador a los siete u ocho añosLas consecuencias son que, al ir incorporándose progresivamente empresas, instituciones y ciudadanos, un segmento social determinado quedará aislado, sin acceso a una serie de servicios o, simplemente, a un modo de vida y de interacción social que tiene un indudable interés y ventajas claras. Ese segmento viene a definir la llamada «generación perdida», es algo que ha pasado con algunas otras innovaciones, pero en Internet, dada la velocidad de la evolución, resulta más preocupante. Mientras un segmento de la población se dedica a explorar las bondades de la Red participativa ciudadana y 2.0, otro segmento preocupantemente grande no se conecta jamás y lo del 2.0 les suena a chiste.

¿Se puede establecer alguna relación entre el futuro socioeconómico de España y el porcentaje de población internauta? ¿Si es así, no cree que vamos hacia la sociedad digital a una velocidad demasiado baja?

Es más un tema de dirección que de velocidad. Si la dirección fuese adecuada, la velocidad incluso me preocuparía menos. Pero ni siquiera la dirección es la adecuada. Si el poder político no sabe lo que es Internet ni para que vale, si los políticos creen que Internet es el comercio electrónico y encima creen (y no sólo lo creen, sino que además lo dicen) que no pueden dar su tarjeta de crédito por Internet porque se la roban, mal van a fomentar el uso de nada. Sin embargo, nos dedicamos a poner pantallas en el Parlamento y luego nadie cuenta a los parlamentarios cómo integrar esas pantallas en su dedicación habitual, cómo entrar en la conversación, cómo relacionarse con el ciudadano o cómo enterarse de lo que pasa en el mundo. Es una situación de verdadera preocupación.

¿Se deben tomar medidas urgentes en España para solventar el abismo digital? ¿Cuáles: concienciación, inversión, educación…?

Sí hay que tomarlas, pero esas medidas pasan porque los estamentos con influencia en la sociedad entiendan Internet como una prolongación o complemento de la vida en todos sus sentidos. Cuando eso sea normal, la velocidad de propagación aumentará. Para eso es necesaria la formación, pero no tanto técnica, sino más filosófica. Cuando veo el diseño de algunos cursos que se imparten como teórico fomento del uso de Internet, me echo a temblar.

España sigue siendo uno de los países más caros de Europa en tarifas de acceso a banda ancha, a pesar de que se consumó un proceso completo de liberalización de las telecomunicaciones. Este hecho incide en el número de conexiones a Internet. ¿Cómo explicar esta disfunción?

La estructura del mercado español de las telecomunicaciones está llevando al consumidor a una situación de límiteAquí no se ha liberalizado nada. Es todo una ilusión. Se trata de un oligopolio, más o menos pactado entre varias empresas, que únicamente están interesadas en mantener una situación determinada el mayor tiempo posible. La mayoría de las líneas de acceso a la Red siguen siendo propiedad de Telefónica. Pero echar toda la culpa a esta empresa sería muy injusto, ya que tampoco ha habido un desarrollo real en sus teóricos competidores, que solamente han invertido en los aspectos del negocio que más rendimiento les daban. Para ofrecer banda ancha al nivel de otros países hay que tener voluntad de inversión, hay que invertir en equipamiento nuevo de cabecera de línea, y esto es difícil plantearlo cuando toda la inversión recae sobre Telefónica, el antiguo monopolio estatal. La estructura del mercado español de las telecomunicaciones está llevando al consumidor a una situación de «entre todos lo mataron y él solito se murió».

¿Cómo calificaría el estado del comercio electrónico nacional? ¿Qué ingredientes se necesitan a su juicio para que funcione óptimamente?

El estado del comercio electrónico es coherente con el estado de Internet. Algo peor, por culpa de la desinformación existente, pero no es lo que más me preocupa. La gente se incorporará a comprar por Internet cuando se incorporen a hablar por Internet, escuchar música por Internet, leer por Internet y dialogar por Internet. Ni más, ni menos. Yo, que paso muchísimas horas en Internet, tengo una vida perfectamente llena fuera de Internet y no creo ser ningún tío raro, no me canso de predicar que Internet es el sitio en el que hay que estar.


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