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Lulú: la impresión bajo demanda

Lulú es la compañía de impresión bajo demanda con más éxito de Internet, y puede ser la alternativa a la actual crisis editorial

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 14 marzo de 2007

Mientras
las editoriales se quejan de que cada vez se compran menos libros,
Lulú ya tiene su primer héroe: el calendario
fotográfico de un forofo del Toyota Celica ha recibido el
pedido número un millón. ¿Es el principio del
fin para la industria editorial clásica?

De Guttemberg a la imprenta digital

Lulú se basa en las técnicas de impresión digital, que permiten producir un sólo libro al mismo precio que cien

Lulú
es la compañía de Impresión bajo demanda (POD)
más famosa en la Red. Su servicio consiste en imprimir libros
en tiradas pequeñas para usuarios sin respaldo editorial, pero
con el acabado profesional de una edición tradicional. Se
basa en las técnicas de impresión digital, que permiten
producir un sólo libro al mismo precio que cien.

Cuando
llegó a España, a finales del año pasado, lo
hizo con la promesa de reinventar el mundo editorial del mismo modo
que la Red ha reinventado la industria de la música. Pero la
literatura no es música y los libros no son CDs. ¿Cuál
es el futuro de la industria del libro? ¿A quién le
interesa convertirse en su propio editor?

Tradicionalmente,
hay dos formas de imprimir un libro: en tipografía y en
‘offset’. La tipografía es más antigua y consiste en
hacer un grabado sobre planchas metálicas que se entinta y se
prensa sobre el papel. En ‘offset’, se hace una copia del libro en
película fotográfica de alto contraste llamada
fotolito.

Los editores necesitan hacer una tirada mínima de mil o dos mil ejemplares para justificar el gasto

Las
planchas de impresión, formadas por pequeñas letras
deben construirse a mano y la impresión se hace sobre pliegos,
que se pliegan (como indica su nombre) en cuadernillos de 32, 48 o 24
páginas. Los pliegos (que pueden ser de diverso grosor, peso y
textura) son caros. Y, aunque el ‘offset’ permite más
flexibilidad que la tipografía y abarata sensiblemente los
costes, los dos procesos requieren una inversión importante.

Los
editores necesitan hacer una tirada mínima de mil o dos mil
ejemplares para justificar el gasto. Y, una vez hecha la tirada,
tienen que colocarla al público. En un mercado tan saturado
como el de los libros, es prácticamente imposible.

La
impresión digital, sin embargo, no requiere inversión
inicial: el original se deja preparado para su impresión y
permanece en formato digital hasta que se solicita una copia. Es como
imprimir un libro con una impresora doméstica; no hay que
componer planchas ni fotolitos ni comprar un papel especial, se
imprime página por página, se recorta y se pega. El
precio por ejemplar es mínimo y la misma máquina puede
producir dos libros completamente distintos en menos de quince
minutos con una calidad más que aceptable.

En la impresión digital el original se deja preparado para su impresión y permanece en formato electrónico hasta que se solicita una copia

“La
capacidad de imprimir una sola copia en lugar de una tirada mínima
de mil”, explica
Kevin Kelly, escritor, fotógrafo y fundador de la revista
Wired, “cambia
radicalmente la economía del libro a favor de aquellos con más
entusiasmo que dinero”.
Cualquiera puede colocar un libro en el mercado sin tener que
empeñar la casa. Pero eso no significa que cualquier pueda
hacer un libro de éxito.


La autoedición: no tan fácil

Bob
Young, fundador de Lulú y antes creador de una empresa tan
ejemplar en la nueva economía
digital como
ACC
Corporation (Red
Hat
),
decía que su intención era “facilitar la
publicación de un libro, simplificándolo hasta el punto
de ser tan sencillo como crear un blog en Internet”. Pero,
como explica Jose
Antonio Millán
, escritor, filólogo y autoeditor,
cualquiera que cuestione la necesidad de intermediarios en el sector
del libro debería empezar desde abajo y conocer bien la cadena
de montaje.


Cualquiera puede colocar un libro en el mercado sin tener que empeñar la casa, pero eso no significa que cualquier pueda hacer un libro de éxito

La
cadena tradicional de producción de un libro es complicada e
incluye un gran número de profesionales especializados: el
corrector de estilo, que se encarga de limpiar el texto de errores
ortográficos, sintácticos e incongruencias de la
narración; los maquetadores, que lo preparan para su puesta en
página; los diseñadores, que componen los elementos
visuales del libro, desde la portada a la tipografía, pasando
por el tamaño, peso y tipo de papel…

“Entre el
archivo Word de creación de un autor y el libro compaginado”,
explica Millán, “hay un montón de trabajo, que el
autoeditor debe poder (y saber) hacer”. El resultado final
depende mucho de todo el trabajo previo a la impresión.

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