Instalar Linux

Es un sistema operativo libre y gratuito, con prestaciones muy útiles, aunque con ciertas dificultades para el usuario inexperto
Por Alberto Silva 4 de mayo de 2004

Desde que en 1999 el sistema operativo Linux empezase a ser conocido por el gran público, ha experimentado un crecimiento muy rápido, que ha dado lugar a grandes mejoras en sus prestaciones. Gracias al auge del software libre y al apoyo recibido por parte de diversas empresas informáticas (como IBM) e instituciones (como la Junta de Extremadura), Linux se ha popularizado y ha empezado a ser considerado como una alternativa al omnipresente Windows. Sin embargo, a pesar de que los avances en este sistema son constantes y del gran esfuerzo realizado en simplificar su uso, todavía existen ciertos aspectos en los que podría mejorar para satisfacer las necesidades del usuario doméstico.

Libre y gratuito

Linux es un sistema operativo como pueden ser Windows (de Microsoft) o Mac Os (de Apple), y cumple sus mismas funciones: es el programa que permite que el resto de programas, como el navegador o el procesador de textos, puedan funcionar. El nombre de Linux viene del creador de su núcleo, Linus Torvalds, un joven universitario finlandés que en 1991 publicó, a través de Internet y de forma libre y gratuita, el código de su sistema operativo, ofreciéndoselo a la comunidad científica y universitaria. De ahí surgen las grandes particularidades de Linux con respecto a Windows o Mac Os: es libre, gratuito y creado de forma voluntaria por programadores de todo el mundo:

Libre quiere decir abierto: cualquier persona puede ver las líneas de código que los programadores han escrito para dar lugar al programa final. De esta forma, el usuario con conocimientos técnicos suficientes puede modificar partes de ese código y adaptar el sistema a sus necesidades.

Gratuito: se puede descargar gratuitamente de Internet u obtener como CD de regalo en revistas especializadas. También es legal copiárselo o prestárselo a un amigo. Aún así, también es posible su adquisición en formato CD o DVD, con todos sus manuales de uso y configuración en formato papel, por unos 30 euros (según la versión el precio puede variar). Windows, sin embargo, es de pago, e instalarlo desde una copia pirata (aunque sea para uso personal), está sancionado por la ley.

Desarrollo compartido: al contrario que los sistemas operativos de compañías comerciales (como Windows o Mac Os), Linux ha sido fundamentalmente desarrollado de forma voluntaria por programadores de todo el mundo. Cualquier programador interesado puede programar partes del sistema, aportando así su “granito de arena”. Además, así se consigue un sistema operativo mucho más seguro, ya que ha sido revisado por programadores independientes, ayudando a detectar errores (o maldades ocultas) en el código.

Esta última característica es uno de sus puntos fuertes. Se trata de un sistema operativo muy estable, en el que se puede trabajar continuamente con él durante meses, e incluso años, sin sufrir un solo bloqueo o cuelgue. Los virus, que suponen una auténtica plaga para los usuarios de Windows, son también unos desconocidos para Linux, ya que casi ni existen.

Sin embargo, al estar dirigido su desarrollo por los propios programadores, se trata de un sistema enfocado al usuario profesional y experto en informática. Aún así, en los últimos años, las asociaciones de programadores que dirigen su desarrollo han apostado inequívocamente por simplificar su uso para así acercarlo al usuario inexperto. Proyectos como Gnome o KDE son un claro exponente de esta apuesta por su uso.

Antes de decidirse a instalar Linux, conviene plantearse cuáles son las necesidades que queremos cubrir con este sistema operativo. Si estas son las de un usuario doméstico normal que usa el ordenador para navegar por Internet, redactar documentos de texto, usar programas de mensajería instantánea, ver vídeos, escuchar música o utilizar algún juego, Linux cubre todas estas necesidades sin ningún problema.

Sin embargo, hay casos particulares en los que Linux se queda corto, principalmente a causa de que muchas empresas comerciales no han apostado aún por este sistema operativo. La mayoría de las aplicaciones propietarias y comerciales de Windows no disponen de una versión específica para Linux. Aún así, gracias a la colaboración desinteresada de muchos programadores, existen en la actualidad “clones” o programas similares para Linux de gran parte de las aplicaciones más comunes de Windows.

Sin embargo, muchas veces las características del original y el “clon” no son exactamente iguales. Por ello, si se desea utilizar algún programa en particular que no pueda ser sustituido por otro similar, es importante asegurarse de que exista una versión específica para Linux, producida por la empresa creadora del programa original, y que tenga sus mismas características. Aún así, en caso de que no exista esa versión específica, también es posible usar emuladores (como WMware), que permiten utilizar desde Linux el mismo programa que se usaba en Windows.

En el caso de los juegos, apenas existen títulos comerciales de Windows que hayan sido migrados a Linux (siempre se puede usar un emulador para disfrutar de nuestro juego favorito). No obstante, existen otros muchos juegos desarrollados específicamente para Linux, con lo que un usuario puede disfrutar jugando con su ordenador sin ningún problema.

Algo semejante ocurre con muchos periféricos y dispositivos, aunque la alternativa que ofrece Linux está más desarrollada. Para que los periféricos, como los escáneres o cámaras digitales funcionen con un ordenador, necesitan de un pequeño programa llamado “controlador” (‘driver’, en inglés), que es el que se encarga de que el ordenador pueda dar instrucciones al dispositivo, y éste conteste correctamente. De la misma forma que ocurre con muchos programas comerciales, lo habitual es que estos periféricos sólo dispongan de ‘drivers’ específicos para Windows. Muchas empresas ya ofrecen versiones para Linux de estos controladores y los programadores que desarrollan Linux han creado versiones para que funcionen los productos de las empresas que se niegan a ofrecer soporte en este nuevo sistema. La gran mayoría de los dispositivos actuales (cámaras digitales, PDAs, escáner, etc.) no presentan problemas específicos para funcionar correctamente.

Instalación

Una vez que se ha decidido instalar Linux, el primer paso es elegir la versión que más se adapte a las necesidades del usuario. A estas versiones se les conoce como distribuciones. Una distribución es un grupo de programas, ya preparados y configurados, con un conjunto de controladores para una amplia variedad de dispositivos. Dentro de esta distribución se encuentra la parte central del sistema operativo, lo que se conoce como núcleo o kernel. Este núcleo es lo que recibe el nombre de Linux. El resto de programas, aplicaciones y controladores son piezas añadidas que se suman al núcleo central, dando lugar a un sistema operativo completo. Por eso, muchos usuarios de Linux prefieren dar al conjunto del sistema operativo el nombre de GNU/Linux, ya que buena parte de esas aplicaciones provienen del proyecto GNU auspiciado por la Fundación por el Software Libre (FSF).

Existe una amplia variedad de distribuciones, aunque las más completas y fáciles de usar para un usuario doméstico son Mandrake, Suse o Fedora. Todas ellas tienen unas prestaciones y características similares, y tanto su proceso de instalación como de configuración o uso posterior son sencillos y no varían excesivamente. También existen distribuciones “live-cd“, que permiten utilizar un sistema Linux desde el lector de CDs, sin necesidad de instalar nada. De todos modos, esta no es la configuración más adecuada porque el ordenador trabaja con mayor lentitud, por lo que se recomienda instalar Linux completamente en el disco duro.

Particiones

Antes de comenzar la instalación, hay que decidir si se quiere tener un ordenador híbrido (con Windows y Linux instalados a la vez) o, simplemente, si se desea disponer únicamente de Linux. En el caso de que queramos que el ordenador pueda usar Linux o Windows indistintamente (lo más habitual), conviene hacer dos compartimientos dentro del disco duro; uno para cada sistema operativo. Esta acción es conocida con el nombre de “particionar” el disco.

Instalando

La forma más adecuada de llevar a cabo la instalación es a través de una copia en CD de alguna de las anteriores distribuciones (descargándola de Internet, copiándola de un amigo, como obsequio en revistas especializadas o adquiriéndola, junto a manuales y servicio técnico, por un precio de unos 30 euros).

Una vez se disponga del CD, y antes de introducirlo en el ordenador, es necesario conectarle todos los dispositivos y periféricos (escáner, cámaras fotográficas, etc.) que se quieran usar con él. De esta forma, en el propio proceso de instalación es muy posible que se detecten y configuren todos estos dispositivos.

Después, se introduce el CD en el ordenador, y se trata de encenderlo (o arrancarlo de nuevo). Si la instalación no comienza automáticamente, nos tenemos que asegurar de que la BIOS (un pequeño programa que controla el arranque del ordenador) esté correctamente configurada. Para ello, hay que pulsar F2, ESC o SUPR en los primeros momentos del encendido, y activar la opción “Arrancar desde el CD-ROM”.

Una vez iniciada la instalación, ésta suele ofrecer dos modos de trabajo, uno para usuarios expertos y otro más simple, en el que la mayoría de las opciones a elegir ya están predefinidas. El recomendado es este último, ya que, una vez se le haya indicado cual es la partición en la que instalarse, completará la mayor parte del proceso de forma automática. Sin embargo, puede que la instalación plantee una serie de cuestiones desconocidas para un usuario inexperto. A continuación se muestran algunas:

Partición Swap: se trata de una parte del disco duro especial, que será la que Linux use como memoria secundaria en el caso de que se quedase sin memoria RAM suficiente. El tamaño de esta partición ha de ser del doble de la memoria instalada. Por ejemplo, si el ordenador dispone de 256 Mb de RAM, la partición swap deberá ocupar 512 Mb.

Formato de las particiones: es el formato en el que se guardarán los datos en el disco duro. En la actualidad existe una diversidad de formatos, como ext3, ReiserFs, jfs, xfs, etc. De todos ellos, el recomendado es ext3. Es el más usado.

Contraseña del usuario root: dentro de Linux se implementa un sistema de permisos y contraseñas para evitar el acceso no deseado de extraños. Para ello, existe una cuenta de usuario dentro de Linux, de nombre root, que cumple las funciones de administrador del sistema. Es de vital importancia que este usuario tenga una contraseña difícil de averiguar, ya que así se evitan problemas de seguridad y ataques de hackers malintencionados. A lo largo de la instalación, solicitará la contraseña para este usuario, que ha de tener seis caracteres como mínimo.

Una vez finalizada la instalación, y tras extraer el CD de la bandeja del CD-ROM, el ordenador se reiniciará. Al comenzar el arranque, aparecerá una pantalla en la que se puede seleccionar qué sistema operativo se quiere iniciar: Windows o Linux. Al concluir el arranque, y tras introducir la contraseña de acceso (normalmente será la contraseña del usuario root), podremos concluir la instalación.

Linux en el día a día

En el trabajo diario con Linux se pueden desarrollar las mismas tareas que con cualquier otro sistema operativo comercial. Desde redactar documentos hasta navegar por Internet, pasando por realizar presentaciones o usar programas de mensajería instantánea, todas las tareas son posibles usando este sistema operativo. La única limitación con la que un usuario habitual de Windows se puede encontrar es la falta de programas equivalentes a los que estaba acostumbrado a usar. Sin embargo, Linux ofrece múltiples opciones frente a estos programas.

Ofimática

Existen varias alternativas a Microsoft Office, el paquete ofimático por excelencia. Entre todas ellas, la más avanzada es OpenOffice.org. Dispone de la práctica totalidad de las herramientas ofimáticas, como procesador de textos, presentaciones, hoja de cálculo, programa de dibujo, bases de datos, etc. Su procesador de texto permite tanto leer y crear documentos en formato ‘.doc’ (el formato propietario y secreto de Microsoft Word), asegurando así la compatibilidad con los documentos creados en Windows.

Navegación por Internet

Además de Mozilla, el navegador libre más conocido, también existen otros como Galeon, Firefox, Epiphany (todos esos variantes de Mozilla) o Konqueror. Sus prestaciones y rapidez son equiparables (y, en muchos casos, superiores) a las de Internet Explorer, el navegador por defecto de Windows.

Mensajería Instantánea

La mayoría de los sistemas de mensajería más populares, como Yahoo! Messenger o MSN Messenger también están disponible en Linux. Yahoo! ofrece una versión específica para Linux de su programa de mensajería, mientras que para MSN Messenger existen varios programas que imitan sus características, como es el caso de Gaim.

Diseño y retoque fotográfico

La alternativa a Adobe Photoshop, el programa de retoque fotográfico por antonomasia, se llama GIMP. Es un completo programa que cumple muchas de las prestaciones de Photoshop, aunque su manejo es un tanto más complicado.

Además del software disponible, también hay que valorar otras peculiaridades de Linux con respecto a Windows. En este último, la mayoría de los periféricos que se adquieren (llaves de memoria USB, cámaras digitales, etc.) pueden ser conectados al ordenador y empezar a funcionar inmediatamente (lo que se conoce como Plug-and-Play, “Enchufar y usar”). Por el contrario, en Linux se necesita realizar un proceso de configuración para que estos periféricos puedan funcionar. La razón es que los fabricantes de estos productos no suelen ofrecen controladores para Linux. Por esta razón, conseguir que estos dispositivos funcionen en Linux implica una configuración menos automática, normalmente siguiendo unos sencillos pasos de instalación explicados en diversos manuales disponibles en Internet.