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Los tiempos muertos de espera en los viajes

La espera en estaciones, terminales y aeropuertos puede duplicar el tiempo total que se invierte en realizar un viaje

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 18 octubre de 2008
Img esperando Imagen: Andy

Tiempos muertos

/imgs/2008/10/esperando2.art.jpgNadie duda de que los viajes comienzan en el momento en que se hace la maleta en casa. Escoger la ropa y los enseres personales implica pensar en la travesía y en todas aquellas cosas que podrían necesitarse en el lugar adonde se va. Lo que casi nadie contempla, en cambio, es que los tiempos de espera en aeropuertos, estaciones de trenes y terminales de autobuses son también parte del viaje: un paréntesis inevitable y engorroso que, en ocasiones, puede durar más tiempo que el propio desplazamiento y que, además, puede costar muy caro. Porque los momentos de espera al viajar -ya sea en un andén, una terminal aérea o durante las travesías de los autobuses de largo recorrido- están orientados al consumo. Y el aburrimiento, cuando se suma a una amplia oferta comercial, es un pasaporte al gasto innecesario.

Los “tiempos muertos” de un viaje varían en función del medio de transporte, la ruta que se elija y el momento del año. Algunas fechas, como las vacaciones de Navidad, son especialmente complicadas por la gran cantidad de personas que se desplazan de un sitio a otro. Las colas se alargan, los espacios rinden menos y hay que armarse de paciencia. Las rutas también inciden en esos tiempos, pues no es lo mismo un vuelo doméstico que un viaje al extranjero con escalas. Y en cuanto al medio de transporte, también hay variaciones. De arranque, para los trenes y autobuses hay que presentarse en la estación treinta minutos antes de la hora de salida. En el caso de los aviones, AENA aconseja estar en el aeropuerto con 45 minutos de antelación como mínimo, aunque aclara que ese margen puede ser mayor según cada compañía. En la práctica, todas las empresas recomiendan presentarse en el mostrador de facturación entre una y dos horas antes de la salida del vuelo.

En cualquier trayecto de largo recorrido las esperas intermedias suponen el 15% del viaje

Esto significa que, para coger un vuelo, un tren o un autobús que sale a las ocho de la mañana, es imprescindible estar en la terminal entre las seis y las siete y media de la mañana, dependiendo del transporte escogido. El lapso puede aumentar si, por ejemplo, el pasajero tiene dificultades de movilidad, lleva mucho equipaje, viaja en familia o en grupo, va en compañía de niños y ancianos o debe hacer papeleo previo. Visto así, estar dos horas antes en un aeropuerto no parece, en principio, excesivo; sobre todo teniendo en cuenta que hay que facturar el equipaje y pasar fuertes controles de seguridad. No obstante, cuando se comparan los tiempos de espera con los del desplazamiento real, la situación se percibe de manera distinta. Para un vuelo de dos horas, se pasa tanto tiempo en el aeropuerto como en el avión. Para uno de cuatro, la espera supone la tercera parte del viaje. Y para un simple vuelo doméstico de una hora “como la mayoría de los que conectan a los aeropuertos de la península con Madrid-, el pasajero esperará en tierra el doble de tiempo del que estará volando.

Esto es sólo el principio, ya que en el caso de los vuelos con escalas, cada parada se “traga” buena parte del viaje. Los aterrizajes intermedios no siempre coinciden bien con los siguientes despegues, de modo que es perfectamente posible (y hasta habitual) tener que esperar tres, cuatro o cinco horas en un aeropuerto cualquiera antes de reanudar la travesía y llegar por fin al destino. En el caso de los autobuses pasa algo similar. Si bien sólo se exige estar media hora antes de la salida, hay paradas obligatorias de descanso que no se pueden obviar, porque están regidas por ley. Según indica el Ministerio de Fomento, tras un periodo de cuatro horas y media de viaje, el conductor debe hacer una pausa ininterrumpida de 45 minutos, o dos paradas de quince y treinta minutos cada una. La normativa responde a la seguridad y tiene como objetivo evitar accidentes de tráfico por cansancio pero, en tiempo, se puede traducir de otro modo: en cualquier trayecto de largo recorrido (y sin contar la antelación con la que hay que presentarse), las esperas intermedias suponen el 15% del viaje.

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