¿Cuánto cuesta estar seguro en casa?

Puertas blindadas, alarmas o servicios antiatracos para mantener la casa a salvo de ladrones se pueden instalar a partir de 300 euros
Por Vicente Manjavacas 13 de marzo de 2008
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Imagen: lee cullivan

Medidas de seguridad

¿A qué horas permanece la vivienda vacía? ¿Viven ancianos solos? ¿Hay perros o personal de seguridad? Todos estos datos están contenidos en los símbolos que utilizan los amigos de lo ajeno para desvalijar viviendas, o para avisar a otros “cacos” sobre las particularidades de una casa en concreto. En España cada año se producen robos en casi 400.000 hogares, por lo que cada vez más ciudadanos deciden tomar alguna medida de seguridad. ¿Cuánto cuesta mantenerse a salvo de estas estrategias cada vez más utilizadas en nuestro país? Desde la instalación de sencillas pero eficaces alarmas, hasta la contratación de servicios de seguridad privada, pasando por la adquisición de puertas reforzadas, el presupuesto básico parte de los 300 euros que puede costar una puerta blindada. Un precio que asciende hasta cifras astronómicas si se contrata un “pack completo” que incluya puertas, alarmas y hasta servicio anti-corte de línea telefónica, uno de los más demandados.

El robo en cifras

Según el último informe del Balance de Criminalidad, en España se registraron el pasado año cerca de 400.000 asaltos a viviendas, entendiendo como tales no sólo aquellas ocasiones en que los ladrones tuvieron acceso a una casa, sino también los robos a ciudadanos dentro de las dependencias del inmueble en el que residían (portales, ascensores, las zonas comunes como trasteros o patios, etcétera). A pesar de la variedad de lugares en que se puede ser víctima de un asalto, más del 70% de los robos se produjeron en el interior del domicilio o el portal de acceso.

Aunque las cifras oficiales señalan que España se sitúa por debajo de la media europea en cuanto a número de delitos, durante los años 2006 y 2007 el elevado número de atracos con violencia a viviendas fue una preocupación creciente en el seno de la sociedad. Si bien inicialmente se hablaba de acciones realizadas, en su gran mayoría, en urbanizaciones costeras de Cataluña, más tarde comenzarían a oírse también casos en distintas zonas del país. La última que permanece aún en nuestra memoria ocurrió a finales del pasado año 2007, cuando un grupo de hombres irrumpió en la casa de un afamado productor y presentador televisivo, que sufrió heridas como consecuencia del forcejeo con los atracadores. Los ladrones habían entrado en su casa a pleno día, a pesar de estar enclavada en una urbanización con acceso restringido.

No es posible establecer en qué zonas, y con qué criterios se escogen unas viviendas determinadas para cometer un robo, puesto que los hurtos se producen indistintamente en zonas acomodadas y en barrios populares. Como medida de protección, sin embargo, una buena práctica es la de no informar a mucha gente sobre las ausencias prolongadas, no dejar que el correo se acumule en el buzón, tener precaución a la hora de abrir la puerta a desconocidos y, ante todo, comprobar siempre la identidad de aquellas personas que nos solicitan el acceso al interior de la vivienda argumentando querer comprobar contadores del servicio del gas o de la electricidad, optando siempre por llamar directamente a la compañía antes de permitirles el acceso a nuestra vivienda.

Alarmas, blindajes y seguridad privada

No se conocen datos concretos sobre el coste anual que suponen estos robos perpetrados en los domicilios particulares, pero sí puede establecerse un presupuesto medio aproximado de lo que es necesario gastarse para mantener segura una vivienda. Se ofertan distintos “paquetes” de protección en función de la empresa que los ofrezca, y de los componentes con los que cuente. Los más sencillos suelen constar de un dispositivo de alarma que emite una señal a la central. A partir de ahí se activa un procedimiento mediante el cual o bien se da aviso a los cuerpos de seguridad públicos, o se atiende el aviso de emergencia con personal de la propia empresa. Esta modalidad, en su vertiente más sencilla, se puede encontrar a partir de 500 a 600 euros. De ahí en adelante, las opciones, añadidos y extras, se pueden multiplicar exponencialmente hasta cubrir las necesidades del usuario. Entre los añadidos más populares destaca un servicio anti-corte de línea telefónica, que suma otros 100 euros más al presupuesto inicial.

Ocho de cada diez personas que han sufrido robo con violencia en su domicilio, o en sus aledaños, se interesan por la contratación de servicios de seguridad privada

Otra de las medidas más populares, a pesar de su precio, es la contratación de seguridad privada. Así, ocho de cada diez personas que han sufrido un robo con violencia en su domicilio, o en sus aledaños, se interesan por la contratación de servicios de seguridad privada con la intención de protegerse en el futuro.

Además de recurrir a este servicio, los ciudadanos víctimas de robos en su vivienda optan por la adquisición de puertas reforzadas, que pueden ser de tres modelos distintos:

  • Puerta de seguridad, con precios a partir de 300 euros.
  • Puerta blindada, con un coste medio de 400 euros.
  • Puerta acorazada, a partir de 1200 euros.

Además de las puertas, otro punto en el que se suele incidir es en el reforzamiento de las ventanas, pues tienden a ser consideradas como los lugares de fácil acceso tanto en pisos bajos como en los más próximos a los tejados. Por otro lado, es esencial disponer de especiales medidas de seguridad en las fachadas, balcones, terrazas, salientes y hasta cañerías que discurran paralelas a la casa y que permitan una rápida y fácil entrada al interior.

¿Existen realmente los símbolos de los ladrones?

A pesar de ser “vox populi”, se palpa una cierta controversia entre las fuerzas del orden sobre si los ladrones se sirven o no de una simbología determinada para fijar sus objetivos. Estos “códigos” serían utilizados por bandas, y en ellos se especificarían datos tales como las horas que el domicilio permanece sin vigilancia, si viven personas de avanzada edad sin compañía, si hay artículos de valor en los hogares, o si la casa está vacía. Desde el Ministerio de Interior confirman tener constancia de que desde hace tiempo se utilizan este tipo de marcas en los domicilios, e incluso “en tiempos” se llegó a contar con un documento que ejercía las funciones de “piedra Rosetta”, como apoyo para poder descifrar los códigos utilizados. Sin embargo, también advierten de que la simbología no se mantiene igual durante mucho tiempo, ya que resultaría “ilógico” utilizar durante mucho tiempo los mismos símbolos, porque se podrían localizar muy rápidamente.

Aunque hay edificios o viviendas donde se ha probado la existencia de una marca “extraña” previa a la realización de un robo, la realidad -según los expertos- es que son excepciones. En los últimos meses se ha registrado un aumento significativo del número de foros y espacios de debate en Internet donde se comparte información sobre la presencia de estas marcas usadas por los delincuentes. Incluso algunos medios de comunicación han llegado a facilitar el documento que permite interpretarlos. En estas informaciones se especifica que la toma de conciencia sobre la gravedad del asunto se despertó a raíz de un comunicado distribuido por las fuerzas del orden en distintas ciudades del país. En dicha “circular” se instaba a los ciudadanos a comunicar lo antes posible la presencia de pintadas sospechosas en las fachas de sus edificios o viviendas, así como en los porteros automáticos.

Fuentes oficiales aseguran, no obstante, desconocer la elaboración y distribución de tal documento o de algún otro con las citadas características. Y subrayan que, en caso de que las marcas existieran, no serían de conocimiento amplio en el mundo delictivo, sino únicas y exclusivas para cada red o grupo de atracadores. Las fuerzas de seguridad pública matizan que en la mayor parte de los casos de robos en domicilios particulares, lo que realizan los ladrones no son marcas, sino labores de vigilancia. A partir de este ejercicio pueden construir cuál es la rutina de la persona que vive en la casa, cerciorándose de cuándo sale, cuándo regresa, de cuánto tiempo disponen para dar el golpe así como de qué opciones de huida les ofrece el inmueble o el entorno donde se encuentre ubicada la casa.