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La composición nutricional, el precio y el impacto medioambiental son los tres aspectos que distinguen a este aceite que se usa en Europa desde hace años del resto de aceites vegetales
Imagen: eskaylim
El aceite de palma es una grasa de origen vegetal. Y es eso en concreto, su origen, lo que más lo asemeja a otros aceites. De ahí que fuera el rasgo que mejor utilizara la publicidad para promocionar los productos que lo contienen, antes de que cambiara la normativa sobre el etiquetado y hubiera que nombrar con claridad "aceite de palma" donde antes se decía "aceite vegetal". Si bien su aspecto oleoso y su textura puede hacer que se parezca a otros aceites, desde el punto de vista nutricional es muy distinto al de maíz, oliva o girasol. En el siguiente artículo se explican cuáles son estas diferencias, que tienen consecuencias para la salud y un grave impacto en el medio ambiente.
El aceite de palma no es nuevo. Existe y se emplea desde hace miles de años, sobre todo en África, de donde es originaria la planta. Aunque, a día de hoy, los principales cultivos de palma se encuentran en Asia (en concreto en Malasia), la tradición de uso gastronómico pervive en el continente africano, donde se utiliza incluso a nivel doméstico.
En España, este aceite no se vende así en los comercios grandes, pero sí es posible encontrarlo en las pequeñas tiendas de alimentación que tienen productos específicos de otras partes del mundo. Se presenta igual que el de oliva: en bidones de cinco litros, listo para cocinar.
El aspecto, sin embargo, es diferente. De color rojizo y, muchas veces, sin refinar, el contenido de estas botellas no es un líquido homogéneo ni traslúcido. Al mirar en su interior, se perciben zonas más densas, acumulaciones más sólidas de grasa que recuerdan por su tono y textura a la pasta de sobrasada, la que se unta en el pan.
Así y todo, y pese a que el aceite de palma se ha convertido en un tema candente en las últimas semanas, su uso culinario tampoco es nuevo en Europa. Es verdad que no se ha incorporado a la cesta de la compra como tal y no se utiliza en las casas para hacer bizcochos ni freír croquetas. Sin embargo, la industria alimentaria sí lo ha hecho, y de manera generalizada, en infinidad de productos que se adquieren y comen de forma habitual. La novedad no es su presencia, sino que ahora los consumidores descubren la existencia y las características de un ingrediente que forma parte de su alimentación desde hace años.
Imagen: tristantan71
La normativa europea que regula qué información debe constar en el etiquetado de los alimentos se aprobó en 2011. Establece, entre otras cuestiones, que los aceites o grasas de origen vegetal se pueden seguir agrupando en la lista de ingredientes bajo la designación "aceites vegetales" o "grasas vegetales", como se hacía antaño, pero que a continuación se debe indicar su origen específico. Desde diciembre de 2014, este punto es obligatorio para todos los fabricantes de alimentos procesados.
A partir de entonces, el aceite de palma ha empezado a formar parte del imaginario de los consumidores de manera progresiva. No es que antes no se utilizara, es que su presencia no venía detallada en el envase. Podría decirse, apelando a un viejo refrán, que "ojos que no ven, corazón que no siente", si no fuera porque el consumo habitual de este aceite es perjudicial para la salud cardiovascular.
El consumo habitual de los alimentos con grasas saturadas tiene repercusiones en el organismo. Entre las consecuencias más directas está el aumento del colesterol "malo" en sangre y del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, además de la propensión a la obesidad.
Y es que el problema de fondo es la cantidad y la frecuencia de su ingesta. Y sucede como con el azúcar o con la sal. El riesgo no está en lo que añade el consumidor a los alimentos que prepara en casa, sino en las cantidades que estos ya traen incorporados cuando se compran hechos y en la presencia habitual que tienen en la dieta de gran parte de la población: galletas, pizzas, masas, bollería, tostadas, algunos lácteos, patatas fritas...
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