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Alimentos integrales para niños y adolescentes

Aumentar su consumo requiere usarlos en los lugares donde comen con frecuencia, como escuelas o el propio hogar

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Fecha de publicación: 4 de febrero de 2010
Imagen: Javier Lastras

Un mayor consumo de alimentos integrales ayuda en la prevención de enfermedades crónicas y en la estabilización del peso debido, en parte, al control de la saciedad y del apetito. En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), mediante la imagen gráfica de la Pirámide de la Alimentación Saludable, da preferencia a los alimentos integrales entre la población infantil, si bien este consejo no se refleja en los hábitos de consumo de niños y adolescentes.

Mucho por mejorar

Los resultados de la mayor encuesta de consumo y práticas dietéticas, "Hábitos alimentarios en la población juvenil española. Estudio Enkid (1998-2000)", revelan que menos de la mitad de los niños y jóvenes españoles de entre 4 y 24 años tiene un buen nivel de alimentación. En el resto de la muestra se reflejan carencias o hábitos alimentarios inadecuados. Entre los datos más relevantes cabe citar que tan sólo una cuarta parte de la población infantil y juvenil toma fruta o zumos y el 80% consume más cantidad de grasa de lo aconsejado. Gustan de productos como la bollería y los snacks industriales, las comidas rápidas y las frituras.

Todavía son muchos los niños y jóvenes, además de numerosos adultos, que optan por los alimentos refinados. El consumo de las versiones integrales les resulta anecdótico. Los adolescentes y jóvenes son grupos de población diana sobre los que se puede y se debe incidir para fomentar unos hábitos alimentarios saludables, dada su preocupación por la relación entre alimentación, aspecto físico, bienestar mental y salud en general.

El consumo de alimentos integrales entre niños y adolescentes es anecdótico

En un análisis realizado entre una muestra de adolescentes en Estados Unidos, se comprobó que tan sólo el 5% de los menús del comedor escolar daban la posibilidad de comer pan integral. Se estudió la oferta de este pan por ser un alimento de consumo diario y repetido. En la última revisión de menús escolares realizada por EROSKI CONSUMER en 2008 sucedía algo similar: sólo los menús semanales de tres colegios, de los 211 analizados, contemplaban la posibilidad de escoger pan integral. Más anecdótica fue la oferta de platos de arroz y de pasta integrales en los menús infantiles.

En el estudio americano, publicado este mes de febrero en 'Journal of American Dietetic Association' (JADA), además de conocer la frecuencia de consumo de estos alimentos entre adolescentes y adultos jóvenes, se trataron de identificar los factores socio-ambientales, personales y de comportamiento que se correlacionan con un mayor consumo de granos integrales en este sector de población. En el cuestionario se recogían preguntas acerca de la costumbre de comer alimentos integrales en familia o con amigos, si había pan integral en casa o si se estaba seguro de que pudiera cambiar y comer al menos tres porciones diarias de granos enteros (pan, galletas y cereales de desayuno). Se evaluó también el gusto por el pan integral (y los granos enteros) con cuatro respuestas que evaluaban los comentarios desde "muy en desacuerdo" a "muy de acuerdo", así como sobre la percepción que se tiene de los alimentos integrales en relación con la salud.

Los resultados del estudio sugieren que las intervenciones hacia una alimentación más integral deben abordar la disponibilidad de estos productos en los lugares donde los niños y jóvenes acostumbran a comer, como escuelas, hogares o restaurantes. Se ha comprobado que, tanto en los restaurantes y establecimientos de hostelería, como en el ámbito doméstico, no se tiene costumbre de cocinar con productos integrales, sino refinados, una primera deficiencia que se debe tratar.

Camino progresivo hacia lo integral

El niño pequeño que comienza a comer alimentos sólidos es receptivo a estos, sus sabores, olores y texturas. Es el momento adecuado para ofrecerle desde el principio alimentos integrales; desde el pan (se puede comenzar por el pan de molde) hasta el arroz integral. Si el objetivo es mejorar los hábitos, el cambio hacia lo integral ha de ser progresivo para que se mantenga en el tiempo, ya que el niño está acostumbrado a otros sabores y enseguida notará la diferencia, que puede ser la razón de su rechazo.

Los cambios deben ser sutiles pero constantes para que el niño se acostumbre poco a poco a una alimentación más saludable.

  • En los desayunos. El inicio puede ser la elaboración de repostería y masas caseras con harina integral, como el bizcocho. Otra opción consiste en mezclar, a partes iguales, harina refinada e integral. Esta última servirá para la elaboración de otros productos artesanos, como galletas o magdalenas. Un desayuno energético mediante arroz integral con leche y canela puede convertirse en el deseado por los más pequeños si les gusta el sabor dulce. En esta primera ingesta del día, el cambio también pasa por sustituir los cereales más azucarados por otros completos, tipo muesli, con granos enteros de arroz hinchado o de avena. Se puede comenzar por mezclar una cucharada de estos nuevos con los cereales de siempre y aumentar de manera gradual la cantidad.

  • Los almuerzos y meriendas. El pan de molde integral o el pan normal integral es una opción acertada para la preparación de los sándwiches o bocadillos de los más pequeños. Según el último análisis comparativo realizado por EROSKI CONSUMER en noviembre de 2009, los panes de molde integrales son más saludables que los blancos. Tienen más del doble de fibra, menos grasa saturada y son menos calóricos.

  • Las comidas y las cenas. Los cereales integrales (arroz, mijo) y sus productos derivados, como las pastas (espaguetis, macarrones o cuscús, entre otros), el pan integral o las masas para pizza pasan a formar parte de la dieta uno a uno y de forma paulatina para que el niño se acostumbre a su sabor y textura, sin que sufra los inconvenientes de un consumo excesivo de fibra. Cualquier receta de pasta o de arroz se puede elaborar con las versiones integrales de estos alimentos, con la salvedad de que les cuesta más tiempo cocerse.

La AESAN, en su guía "Una alimentación sana para todos" anima a que se elijan alimentos integrales y se integren en los menús infantiles semanales.

MÁS INTEGRAL, MÁS FIBRA

La cantidad en gramos de fibra que necesita consumir un niño a diario se calcula con una fórmula sencilla: a su edad se le suma 5. El incremento de la fibra en la dieta debe hacerse de manera gradual, ya que el exceso puede provocar flatulencia, distensión y dolor abdominal, además de heces blandas e incluso diarrea. La fibra dietética se encuentra en exclusiva en los alimentos de origen vegetal: cereales integrales y derivados (pan, pasta, galletas, bizcochos...), frutas (la fibra abunda en su piel), verduras y hortalizas, legumbres, frutos secos y frutas desecadas. Esta particularidad hace que se puedan considerar alimentos laxantes, cuyo consumo es un remedio seguro para prevenir el estreñimiento.

No es difícil alcanzar los requerimientos diarios de fibra. En el caso de un niño de diez años, los 100 gramos de pan integral que se puede comer a diario entre el bocadillo del almuerzo o la merienda, y los trozos de pan de la comida y de la cena, suponen un aporte de unos siete gramos de fibra, la mitad de la cantidad que necesita en todo el día. Los alimentos integrales, por su riqueza en fibra, redundan en importantes beneficios en el organismo:

  • Ayudan a prevenir el estreñimiento en los niños ya que aumenta el bolo fecal y acelera el movimiento intestinal. Tan importante como aumentar la cantidad de fibra es tomar suficiente agua para evitar que se aglutine en el intestino y forme una masa seca y dura que agrave más el estreñimiento.

  • Sacia más y ayuda al niño a controlar su apetito. Ésta es una importante medida preventiva frente a la obesidad infantil, un problema creciente en este sector de población. Los hidratos de carbono que contienen los alimentos integrales, como el pan, el arroz, la pasta o las legumbres, se absorben de forma lenta, por acción de la fibra. El niño recibe la glucosa -la energía- de forma gradual y este efecto le ayuda a calmar su apetito durante más horas.

  • Ayuda a reducir los niveles de colesterol que, aunque es un trastorno propio de las personas adultas, cada vez son más los niños que lo tienen elevado. Éste se relaciona con el desarrollo de trastornos cardiacos.




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