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¿Cuánta agua tienen que tomar los bebés y niños pequeños?

No son necesarios ni recomendables los líquidos, como agua o zumos, para el bebé que amamanta hasta los seis meses

  • Autor: Por MARIA MANERA
  • Última actualización: 5 de mayo de 2011

El agua es esencial para todas las funciones que se desarrollan en el cuerpo humano. Por ello, la ingesta de agua tiene que ser suficiente como para equilibrar las pérdidas que se realizan por orina, heces y evaporación, y poder mantener así un adecuado estado de hidratación en los tejidos del organismo. Las necesidades, no obstante, difieren según las condiciones ambientales (temperatura, humedad ambiental, etc.) y el grado de actividad física. También es variable entre los individuos y la edad es uno de los factores de influencia en los diferentes requerimientos de este nutriente. Los bebés y los niños, por su propia fisiología, tienen unas condiciones particulares de hidratación que se deben tener en cuenta al ofrecerles agua. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) orienta sobre los requerimientos de agua en la edad infantil, ya que los bebés menores de seis meses que amamantan obtienen líquidos suficientes con el agua que les provee la leche materna.

¿Cuánta agua necesita tomar un bebé?

Los niños, en comparación con las personas adultas, contienen una cantidad superior de agua en el cuerpo. Se estima que el 70% del peso del organismo de los lactantes está compuesto por agua, frente al 50% de un adulto. La fisiología del bebé cuenta con algunas particularidades, como una menor capacidad de sudoración y de eliminación de sustancias de desecho por vía renal, a diferencia del adulto.

Las particularidades fisiológicas del bebé han de tenerse en cuenta para establecer las recomendaciones de ingesta de líquidos

Estas condiciones deben tenerse en cuenta al calcular las necesidades de agua de los bebés, que serán la base para establecer las recomendaciones de ingesta. A todo ello hay que añadir la posible dificultad de los pequeños para expresar la sensación de sed, por lo que la ingesta de agua en su caso puede parecer una cuestión un tanto complicada.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estima que las necesidades de agua para bebés y niños pequeños son las siguientes:

Estos valores incluyen el agua de bebida y otros líquidos como zumos, caldos, batidos o infusiones, así como el agua presente en los alimentos. Se calcula que las bebidas representan alrededor del 80% de la ingesta, mientras el 20% restante procede de los alimentos. Estos valores se consideran válidos cuando la temperatura ambiental y la actividad física son moderadas.

El primer año de vida

Lactancia materna exclusiva y a demanda durante los primeros seis meses de vida. Ésta es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Academia Americana de Pediatría (AAP) y del Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP) respecto a la alimentación que debe recibir un bebé desde que nace hasta que cumple seis meses.

Hasta los seis meses, el bebé que amamanta obtiene suficientes líquidos por la leche materna, incluso cuando tiene fiebre

Esto significa que no es necesario ni recomendable que los bebés que amamantan hasta el medio año de vida tomen más líquidos -ni agua, ni zumos, ni suero, ni infusiones, etc.-, ya que obtienen la hidratación que necesitan gracias a la leche materna. Al contrario de lo que se puede pensar, esta recomendación es válida, incluso, cuando el ambiente es muy caluroso y cuando el bebé tiene fiebre. En estas situaciones, ofrecer más a menudo el pecho, o en su defecto el biberón con leche artificial, es la mejor opción.

Alrededor de los seis meses, se inicia en la alimentación del bebé la incorporación de nuevos alimentos diferentes a la leche (materna o artificial), aunque ésta debe ser todavía su principal fuente de nutrientes durante el primer año. Cuando la lactancia materna es a demanda, tal y como se recomienda, los niños reciben suficientes líquidos y cubren en general sus necesidades diarias, que oscilan entre 800 ml y un litro de agua. Sin embargo, a partir del medio año de edad, se puede ofrecer agua al bebé varias veces al día y el niño la tomará en mayor o menor cantidad en función de su sed.

A medida que se hacen mayores, se aconseja insistir más en que beban agua. Sería interesante que los niños de 1 a 3 años tomaran entre 1,1 y 1,3 litros de líquidos al día, de los cuales, unos 800 o 1.000 ml provendrán del agua, como bebida principal. Esto supone que el niño tendría que beber unos 4 o 5 vasos de agua diarios, aunque la sed que manifieste es la mejor manera de saber cubrir sus necesidades. Otras bebidas como zumos y bebidas azucaradas solo deben consumirse, en caso de hacerlo, de forma ocasional y en pequeñas cantidades.

El peligro de la deshidratación

La deshidratación es el proceso de pérdida de agua corporal. Puede estar causado por vómitos o diarrea, una sudoración excesiva o una ingesta insuficiente de líquidos, entre otras variables.

La sequedad de labios y boca y el hecho de que el niño lleve horas sin orinar son signos de deshidratación

En los niños, hay que estar atentos a los signos que indican una deshidratación: sequedad de labios y boca, la constatación de que lleva varias horas sin orinar, los ojos hundidos y debilidad en general. Por el contrario, si el niño está contento, produce lágrimas al llorar y orina con regularidad es señal de que está bien hidratado.

No obstante, resulta esencial asegurar una adecuada hidratación en las siguientes situaciones:

  • Temperatura ambiental elevada: cuando supera los 30ºC y la humedad ambiental es baja, las pérdidas de agua por evaporación se multiplican por tres.
  • Diarreas y gastroenteritis: las pérdidas de agua cuando se sufre este trastorno son ocho veces superiores a las habituales. Si la diarrea es importante, es recomendable ofrecer a los pequeños soluciones de rehidratación oral a menudo. La composición de estos preparados facilita la absorción de agua y contiene sales minerales necesarias para reponer las pérdidas.

ALIMENTOS QUE HIDRATAN

Imagen: Simona Balint

Sin duda alguna, el agua es la mejor opción para mantener una correcta hidratación. Le siguen las frutas y hortalizas, que están compuestas en un altísimo porcentaje por agua. Además, tienen un elevado contenido de sustancias protectoras para la salud, como vitaminas, minerales, fibra y compuestos antioxidantes. Otros alimentos, como los lácteos, también pueden contribuir a la hidratación.

Además del agua, las frutas, las hortalizas y los lácteos son alimentos que contribuyen a la hidratación de los niños

Las necesidades de agua también varían en función del tipo de alimentación que el niño siga. Si toma demasiados alimentos proteicos y ricos en sodio (carnes, precocinados, embutidos y productos de charcutería como salchichas, etc.), el niño requiere, además de corregir su dieta, una mayor cantidad de agua para facilitar la excreción urinaria de los productos de desecho de su metabolismo. Por ello, la ingesta de alimentos ricos en estos nutrientes debe ser comedida en la infancia. En esta etapa, las recomendaciones de consumo de alimentos proteicos (carne, pescado, huevos y derivados) son de un máximo de dos raciones al día. Los alimentos ricos en sodio y, por lo tanto, en sal, en caso de consumirse, deben ingerirse de forma moderada y ocasional.


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