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El ajo

Un ingrediente estrella en la elaboración de muchos platos, indicado en el tratamiento de enfermedades como la hipertensión, la taquicardia y la arterioesclerosis

  • Última actualización: 10 de marzo de 2006

El ajo es una raíz formada por 12 ó 15 bulbillos o "dientes de ajo" envueltos en capas finas, y a este conjunto se le conoce como "cabeza de ajo". Confiere a los platos un aroma peculiar además de un fuerte sabor y lo más importante, tiene muchos efectos beneficiosos para la salud.

Clasificación científica


El ajo pertenece a la familia de las Liliáceas, especie Allium sativum. Dentro del género Allium, además de los ajos, están las cebollas, las cebolletas, el cebollino y el puerro.

Diversidad y tipos


En el supermercado se pueden encontrar ajos de 3 tipos en función del color de su cubierta.
- Ajo rosado o morado: el color de su cubierta le da el nombre y son ajos que no se conservan tan bien como los ajos blancos.
- Ajo blanco o común: su tamaño es más grande que el ajo morado y su conservación es buena. Tiene un sabor muy marcado y un aroma persistente.
- Ajete o ajo tierno: este es el tipo de ajos que se utiliza mucho para elaborar tortillas y revueltos.

Valor nutritivo


Los ajos están formados principalmente por agua e hidratos de carbono. En cuanto a vitaminas, destaca su contenido en vitamina C y algunas del tipo B, como B1 y B3. Los minerales más destacados son potasio, calcio, fósforo y magnesio. Cabe resaltar que la cantidad de ajo que se toma es tan pequeña que es insignificante el aporte de nutrientes a través de su consumo. No obstante, el ajo contiene unos componentes ricos en azufre que son los que verdaderamente le confieren las propiedades saludables; aunque el desagradable olor que provoca comer ajo, sobre todo crudo, hace que mucha gente sea reacia a incluirlo en su dieta.

Tabla de composición (100 gramos de porción comestible)


Energía (Kcal)
Proteínas (g)
Hidratos de carbono (g)
Fibra (g)
Potasio (mg)
Magnesio (mg)
Fósforo (mg)
Vit. C (mg)
Vit. B3 (mg)
119
5,7
23.4
2.1
446
23
134
22
0.46

Ventajas e inconvenientes de su consumo


El ajo tiene sobre el organismo muchos efectos positivos: ayuda a eliminar del intestino bacterias nocivas, tiene una acción diurética, alivia las congestiones y entre otros efectos ayuda a que la sangre fluya mejor por las arterias. Por todo ello, el consumo de ajo como ingrediente de las comidas es muy recomendable para todas las personas, y en particular, para quienes padecen hipertensión arterial, taquicardia y arteriosclerosis.

El ajo aunque tiene múltiples beneficios también tiene algunas contraindicaciones. Se desaconseja tomarlo en exceso cuando haya una tendencia a sufrir hemorragias, porque debido a su efecto vasodilatador hace que la sangre fluya con mayor rapidez. En casos en los que haya deficiencia de ácidos gástricos puede que no se digiera bien y provoque flatulencia. Por otro lado, un consumo excesivo de ajo puede provocar ardores de boca, esófago y estómago. No obstante, el principal inconveniente que tiene el ajo es el mal aliento que provoca.

En la cocina


El ajo es un ingrediente básico en la cocina de muchos países; se usa tanto entero como picado, rallado o en polvo, y forma parte de numerosas salsas, encurtidos y otras preparaciones.
Los expertos en la cocina advierten que cuando se vayan a freír los ajos, el aceite no debe estar muy caliente, ya que en este caso los ajos adquieren un sabor fuerte.
Algunas de las salsas que se elaboran con ajo son el alioli -ajo y aceite de oliva- y la ajada o allada -ajo y pimentón-. También constituye platos típicos como el ajoblanco malagueño -un tipo de gazpacho que incluye mucho ajo-, la sopa de ajo, etc.

Criterios de calidad en la compra y conservación


Los ajos de mejor calidad son los que tienen las cabezas firmes, sin brotes y con una envoltura seca. Conviene escoger las cabezas pequeñas, compactas y pesadas. Los ajos blancos se conservan menos tiempo que los de color, que por lo general pueden almacenarse hasta un año.

A la hora de conservarlos en casa, los ajos deben mantenerse en un lugar seco, fresco y bien ventilado, para evitar que se enmohezcan y comiencen a germinar. Se pueden colgar en la misma ristra conservándose así hasta 6 meses. Si se opta por separar los dientes, se pueden conservar los ajos sin pelar en un bote con agujeros o pelados en un bote de cristal en el frigorífico recubiertos de aceite, que además de conservarlos bien, confiere al aceite un sabor exquisito para componer diversos platos. Aunque resulte extraño, también se pueden congelar aproximadamente 2 meses, si previamente se separa la piel exterior, aunque pierden sus propiedades culinarias.

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