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Su objetivo es que todas las marcas de alimentos adopten un etiquetado común con una información mínima sobre nutrición
- Imagen: Jennifer Dickert -El pasado año 2008 se puso en marcha en Europa el proyecto FLABEL (Food Labelling to Advance Better Education for Life; etiquetado de alimentos para mejorar la información y la vida). Se trata de un proyecto comunitario que tiene como objetivo estudiar a fondo el diseño, formato y contenido de las etiquetas de los alimentos y buscar el método más comprensible y eficaz para trasmitir la información nutricional al consumidor.
Los más de 12 socios pertenecientes a ocho países europeos distintos que participan en el proyecto -universidades, pequeñas y medianas empresas, minoristas y organizaciones sin ánimo de lucro- tratarán de investigar, en los tres años previstos para la duración del proyecto, qué métodos de etiquetado de alimentos son los mejor aceptados por los consumidores y los más eficientes a la hora de informarles de forma correcta. Analizarán desde un enfoque multidisciplinario (expertos en nutrición, psicología, economía y marketing), en qué medida la elección de los alimentos por parte del consumidor se ve afectada por la información que el alimento lleve su etiqueta, en el contexto de otros factores.
Todos los organismos e instituciones, cuya actividad gira en torno a la salud de las personas, coinciden en señalar la importancia de la selección cotidiana de unos alimentos u otros por el impacto que su consumo tiene en la salud del consumidor. La industria alimentaria, por su parte, está centrando sus máximos esfuerzos en la innovación del diseño de las etiquetas de sus productos con especial énfasis en el apartado relativo al etiquetado nutricional, tanto en su formato como en su contenido informativo sobre nutrición.
En tanto que no existen estándares que monitoricen esta tarea, cada marca de productos diseña su propia estrategia de comunicación alimentaria con el consumidor, tratando de guiarlo hacia elecciones alimentarias saludables. Un ejemplo es el "semáforo nutricional", que permite al consumidor conocer a simple vista la cantidad de calorías y de los cinco nutrientes más relevantes por su impacto en la salud (azúcar, grasa, grasa saturada, sal y fibra) que una ración aporta.
FLABEL analizará en qué medida el consumidor elige un alimento por la información que lleva la etiqueta
La cantidad de estos nutrientes respecto a la Cantidad Diaria Orientativa (CDO) está señalada con un color del semáforo: verde si el contenido es bajo, amarillo si es medio o naranja si es alto. Uno de los objetivos elementales del proyecto FLABEL es determinar en qué medida el contenido informativo y el diseño del formato del etiquetado influyen en los hábitos de compra de los consumidores y, por consiguiente, en sus hábitos alimentarios.
Sin embargo, hoy por hoy todavía queda camino por recorrer. No todos los fabricantes emplean ni la misma fuente científica ni las mismas siglas para referirse a las cantidades diarias orientativas tanto de energía como de los diversos nutrientes que el organismo precisa para su correcto funcionamiento (CDO, siglas en español; CDR, siglas de Cantidad Diaria Recomendada; o GDA, siglas en inglés de "Guideline Daily Amounts"), y esto puede confundir al consumidor.
Son diversas las entidades que conforman el consorcio FLABEL y que aglutinan en su web las últimas investigaciones en el etiquetado de los alimentos y la forma más eficiente de comunicarse con el consumidor. Dentro del proyecto, que se estima que tenga una duración de 3 años (hasta el 2011), se han establecido ocho líneas de investigación.
Dos últimos puntos de la investigación (de las ocho líneas establecidas) se centran en estudiar las medidas para comunicar los resultados del proyecto desde la Dirección General de Sanidad y Protección de los Consumidores a los principales interesados; industria alimentaria, centros de investigación, pequeñas y medianas empresas, y organizaciones sanitarias, entre otras.
Además, los resultados y las conclusiones del proyecto FLABEL serán la prueba evidente de cómo la información sobre nutrición que aparece en las etiquetas de los alimentos influye en el comportamiento de los consumidores y en su ingesta alimentaria y, en consecuencia, en su salud. A partir de ahí, se establecerán las bases de la política de seguridad alimentaria relativa al etiquetado nutricional (evaluación de la legislación en etiquetado de alimentos existente o alegaciones de propiedades saludables).
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