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Lactancia materna: una forma de reducir la celiaquía en el bebé

Prolongar la lactancia materna contribuye a disminuir hasta en un 60% el riesgo de ser celíaco, según un reciente estudio

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Fecha de publicación: 18 de junio de 2012
Imagen: Frankly PM

Cerca del 1% de los niños y adolescentes de la Unión Europea es celíaco. En España, por su parte, uno de cada 80 pequeños padece esta enfermedad. Y, además, afecta con más frecuencia al género femenino: por cada niño intolerante al gluten hay dos niñas celíacas. Son datos de la Sociedad Española de Gastroenterología sobre la celiaquía, una enfermedad inducida por las proteínas del gluten que provoca daños en el revestimiento de intestino delgado que afectan de forma negativa a la absorción de los nutrientes esenciales para el organismo, incluidas vitaminas y minerales. Según las últimas cifras del Registro Español de Pacientes Celíacos (REPAC) de la Sociedad Española de Gastroenterología, prolongar la lactancia materna contribuye a disminuir el riesgo de ser celíaco.

Lactancia materna protectora

La eficacia protectora de la lactancia puede llegar a disminuir hasta en un 60% el riesgo de ser celíaco, siempre que se introduzca el gluten a partir de los cuatro meses de edad y el bebé continúe alimentándose con leche materna. Así de contundentes son las declaraciones de los especialistas del Grupo de Trabajo de Enfermedad Celiaca de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátricas (SEGHNP).

El gluten está presente en los alimentos que llevan harina de trigo, centeno, cebada y, posiblemente, avena y sus derivados

A la leche materna se le atribuyen desde hace tiempo las bondades de proteger al bebé de padecer a largo plazo enfermedades como la osteoporosis, caries, diabetes mellitus tipo 1 y 2, enfermedad inflamatoria intestinal, obesidad, artritis reumatoide juvenil y esclerosis múltiple, entre otras. Sin embargo, hasta ahora no se habían concretado los efectos positivos de la alimentación con leche materna sobre celiaquía. Y es de suma importancia en aquellos bebés con familiares celiacos, ya que los genes constituyen un factor de riesgo añadido de desarrollar la patología.

Síntomas de alerta de la celiaquía: distintos según la edad

Los síntomas habituales de los niños celíacos son diarrea prolongada, disminución de peso y distensión abdominal

El 70% de los niños celíacos padecen las denominadas formas "clásicas" de la enfermedad, con indicios como la diarrea crónica, la pérdida de peso y la distensión del abdomen. Los síntomas de la celiaquía en los bebés, sin embargo, distan de los que son más frecuentes en la adolescencia e, incluso, de aquellos que se padecen en la adultez. Según el Protocolo de Prevención Secundaria de la Enfermedad Celíaca del Servicio Madrileño de Salud, en los más pequeños es habitual la diarrea (o algunas veces estreñimiento, heces fétidas o grasas), las náuseas o vómitos, anorexia, irritabilidad, dolor abdominal, apatía y tristeza.

Como consecuencia de estas dolencias que caracterizan la celiaquía, el bebé puede sufrir distensión abdominal, padecer desnutrición, anemia por déficit de hierro o defectos en el esmalte dental. Los menores celiacos pueden, asimismo, desarrollar peor su musculatura y mostrar una estatura por debajo de lo normal, así como un lento crecimiento.

Diagnóstico de la enfermedad celíaca

Si el diagnóstico se demora, y debido a que el organismo no absorbe las vitaminas, sales minerales y otros nutrientes necesarios, pueden ir manifestándose otras señales: más probabilidad de hematomas, sangrado nasal y aftas bucales, pérdida de cabello, prurito cutáneo, dolor articular e, incluso, depresión o ansiedad y convulsiones.

De ahí que los especialistas insistan en la importancia de crear guías estandarizadas con todas las estrategias para detectar la enfermedad celíaca en la población pediátrica. Estas guías, resaltan los expertos, deben englobar los síntomas, así como las pruebas serológicas, genéticas y la biopsia intestinal. Con ello, además de facilitar el trabajo a los médicos, se evitaría el retraso en el diagnóstico y, como consecuencia, se podrían reducir los efectos adversos que supone demorar la instauración de la dieta libre de gluten.

No seguir la dieta sin gluten de manera estricta conlleva otros peligros añadidos. Los estudios señalan que hay mayor riesgo de desarrollar enfermedades cancerígenas del tracto digestivo y linfomas no Hodgkin. No obstante, según la Asociación Española de Pediatría, si el cumplimiento de la dieta es escrupulosa, a los diez años de edad, el riesgo de sufrir enfermedades inmunes asociadas y neoplásicas es similar al de la población general.

Dieta libre de gluten

Una vez diagnosticada la celiaquía, el único tratamiento es seguir una dieta estricta libre de gluten para siempre, ya que la mínima ingestión de esta proteína puede provocar intolerancia y el desarrollo de los molestos síntomas. El gluten está presente en los alimentos que llevan harina de trigo, centeno, cebada y, posiblemente, avena y sus derivados; también sémola, kamut (variedad de trigo), triticale (cruce de trigo y centeno) y espelta. Por el contrario, no están ni en el maíz ni en el arroz.

Hay que tener en cuenta que muchos alimentos procesados contienen, de manera habitual, gluten, aunque sea en cantidades mínimas. Por ello, los niños afectados por esta enfermedad no deben consumir alimentos sin etiquetar cuando no se esté absolutamente seguro de qué ingredientes incluyen.

Contienen gluten: pasta, el pan, carnes procesadas, caldos y sopas concentradas, salsas, sucedáneos de tocino, alimentos empanados, productos marinados, aderezos, harina para espesar, hostias de comunión y sucedáneos de mariscos. Otro aspecto a tener en cuenta es la facilidad que existe de que se produzca una contaminación con gluten si se manipulan otros alimentos en el mismo espacio que éste, o con las mismas máquinas o materias primas.


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