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Xerojardines: Zonas verdes ahorrando agua

La creación de bellos espacios verdes eficientes y sin despilfarrar agua es posible gracias a los principios ecológicos utilizados en la Xerojardinería

Imagen: Teofilo

Los jardines urbanos, tanto públicos como privados, son esenciales para hacer más habitables las ciudades. Sin embargo, este tipo de zonas verdes suelen hacer un uso desmedido del agua, un bien escaso y más en países como España. La Xerojardinería podría ser la solución, al aplicar principios ecologistas que dan como resultado jardines con un gran variedad de plantas y árboles y un consumo mínimo de agua.

El riego de jardines y parques públicos en España requiere un 1,5% del total de agua. Aunque suena a cifra diminuta, lo cierto es que cada gota cuenta en un país con graves problemas de sequía, desertificación y abastecimiento de este escaso recurso. Por ejemplo, alfombrar de césped nuestras ciudades, que necesita el 70% del agua del riego en un jardín convencional, no parece la mejor solución.

Frente al despilfarro de agua, la Xerojardinería propone unas pautas ecológicas, de sentido común, para crear unos espacios naturales urbanos basados en la eficiencia de los recursos naturales. Según sus defensores, un jardín diseñado y mantenido con estos criterios consume una cuarta parte del agua de riego de un jardín convencional.

Por ello, su prefijo griego, "xeros" (seco), tal vez sea demasiado radical: No se trata de crear espacios desérticos con cactus y matojos deshidratados, sino de economizar al máximo el agua. Además, el ecologismo guía la base de sus principios, como un mantenimiento natural que permitirá además un esfuerzo mínimo, la reducción de productos fitosanitarios o de maquinaria, el reciclaje, etc.

Un jardín diseñado y mantenido con estos criterios consume una cuarta parte del agua de riego de un jardín convencional

En este sentido, los expertos en Xerojardinería se guían por una serie de pautas que, llevadas a buen término, permitirán disponer de un bonito y eficiente jardín. En primer lugar, se requiere una buena planificación y diseño previo del espacio ajardinado, teniendo en cuenta aspectos como las condiciones climáticas de la zona o las características del suelo. Así, se recomienda adaptarse al terreno lo más posible para no deteriorar su estructura natural. En cuanto al suelo, el más adecuado es el de tipo franco, con menos de un 25% de arcillas y proporciones parecidas de arenas y limos.

El siguiente paso es seleccionar las especies de árboles o plantas que irán en el xerojardín. Las especies autóctonas, adaptadas a las condiciones del lugar y en general muy poco exigentes con el agua, suelen ser las mejores candidatas. No obstante, la introducción de flora alóctona, de fuera, especialmente con fines ornamentales, también puede realizarse siempre que se haga con los debidos cuidados.

Por ejemplo, las plantas de climas mediterráneos son las idóneas, pero también sirven las de la zona de Chile Central, de la región del Cabo en Sudáfrica, del sur y sudoeste de Australia y de gran parte de California, al compartir muchas características climatológicas y adaptaciones similares. Por su parte, la mayoría de las plantas crasas, normalmente originarias de zonas con poca lluvia, son también candidatas. En cuanto al uso del césped, gran consumidor de agua, es preferible limitar su extensión al máximo, sustituyéndole por ejemplo por árboles, arbustos o plantas tapizantes.

Asimismo, también es muy recomendable elegir la mayor variedad posible de especies, que además de dar un toque multicolor resistirán mejor a plagas y enfermedades. Por otra parte, para conseguir el mayor equilibrio posible, los expertos aconsejan agrupar las especies según sus características y necesidades de agua. Para ello, se deben tener en cuenta aspectos como la forma y textura de las plantas, su velocidad de crecimiento y desarrollo, la estación de la que son características, e incluso su capacidad de resistencia a la contaminación urbana.

Ahorro máximo de agua

Imagen: Teofilo

El riego y el consumo eficiente de agua son otro de los elementos fundamentales de la Xerojardinería. El estudio previo de la zona y las especies permitirá distribuir las necesidades de riego de cada zona del jardín. La elección del sistema de riego también es importante: Si bien el riego localizado suele ser el más conveniente, también se pueden emplear los sistemas por aspersión y manual, dependiendo de sus ventajas e inconvenientes para el jardín en cuestión.

Por otra parte, los expertos en Xerojardinería disponen de una serie de consejos para ahorrar al máximo el agua, y en general, para un mejor cuidado del jardín:

  • Utilización de recubrimientos o cubiertas ("mulching"): Además de conseguir un interesante acabado estético, reducirá la pérdida de agua por evaporación, ayudará a evitar la erosión y la aparición de malas hierbas, y protegerá al jardín de las heladas.
  • Creación de zonas de sombra y pantallas verdes: Atenuará el viento y evitará las pérdidas de agua.
  • Aprovechar el agua de la lluvia. Para ello, se recomienda plantar en otoño siempre que sea posible, para que las lluvias de invierno se ocupen del riego.
  • Utilizar en lo posible fuentes distintas a la red de abastecimiento urbana, ya que el agua de riego no necesita ser potable.
  • Emplear productos y sistemas naturales para el abono y el control de las plagas, y eliminar las malas hierbas.

Una vez que ya se tiene el jardín, un buen mantenimiento es la última de las directrices a seguir. Un riego eficiente, una poda adecuada, la reposición de las plantas que no hayan arraigado o se hayan secado, los escardados para evitar las malas hierbas o las siegas, garantizarán un buen xerojardín.

Origen de la Xerojardinería y su uso en España

La Xerojardinería tiene su origen en las graves sequías ocurridas en el oeste de Estados Unidos en los años 70. Un equipo de expertos del Departamento de Aguas de Denver ideó un programa de conservación de agua en jardinería, e inventó en 1981 el término "xeriscape", un acrónimo de "xeros" (seco) y "landscape" (jardín). Cinco años después, se creaba la National Xeriscape Council, una organización no lucrativa para difundir y establecer las pautas básicas de aplicación de la Xerojardinería.

En España, no es hasta 1991 cuando comienza a hablarse de estas técnicas en algunos artículos, publicándose en 1993 el primer libro de referencia: "Xerojardinería. Compendios de Horticultura", de Silvia Burés. Según el ingeniero tinerfeño y experto en Xerojardinería José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres, a pesar de las carencias hídricas españolas, hay pocas iniciativas que parten de colectivos que trabajan voluntariosamente pero de forma aislada, sin una organización que los aglutine. Por su parte, las instituciones, encargadas del diseño y mantenimiento de los jardines públicos, tampoco han incorporado este tipo de programas.

En cualquier caso, aunque se trata de un concepto y una metodología creados en Estados Unidos en los años 80, los expertos recuerdan que en realidad se trata de aplicar pautas basadas en la ecología, y que en este sentido, la mayoría de los jardines históricos son en gran parte xerojardines, al poseen en general especies poco exigentes en cuanto a riego.




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