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Proteger el corazón

Unos hábitos de vida saludables no garantizan vivir más pero son primordiales para gozar de mayor calidad de vida

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Última actualización: 20 de junio de 2012
Imagen: Kevin Miller

Seguir una dieta saludable, no fumar y consumir alcohol de forma moderada, además de mantener bajo control factores de riesgo como hipertensión, colesterol perjudicial y sobrepeso, forman parte del paquete de recomendaciones clave para mantenerse sano, sobre todo para prevenir eventos cardiovasculares. También el ejercicio practicado de manera regular fortalece los huesos, tonifica la musculatura, ayuda a conciliar el sueño, tiene efectos positivos en estados depresivos y, asimismo, mejora la salud cardiovascular.

Las enfermedades cardiovasculares se posicionan como primera causa de fallecimiento en todo el mundo. Y las cifras, tal y como auguran los especialistas, irán en aumento, sobre todo debido a la epidemia que azota al mundo de manera global: la obesidad. En los países en desarrollo, por la gran ingesta de hidratos de carbono -que son mucho más asequibles- y en la sociedad desarrollada, por la excesiva cantidad de grasa que se consume. En resumen: alimentación perjudicial junto a hábitos sedentarios son un combinado explosivo.

Por este motivo, los especialistas insisten en que el futuro de la medicina cardiovascular está en la prevención: buen control de los lípidos, lograr niveles adecuados de presión arterial, seguir una dieta apropiada, realizar ejercicio y evitar el tabaco y otros tóxicos siguen siendo fundamentales.

Ejercicio pero con esfuerzo

Bien es sabido que realizar ejercicio físico resulta beneficioso para la salud, ya que consigue mantener a raya el peso, la hipertensión o los niveles de colesterol perjudicial, entre otros. Ahora, científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Trondheim, en Noruega, van más allá y definen los límites óptimos en que la práctica de ejercicio físico es útil para prevenir y tratar eventos cardiovasculares. Los especialistas concluyen que para salvaguardarse de los factores de riesgo cardiovascular, muchos de ellos modificables, el ejercicio intenso es mucho más útil que las actividades moderadas.

La práctica regular de ejercicio intenso ayudaría a revertir el síndrome metabólico

Para el estudio, los expertos han reunido una muestra de 32 pacientes con síndrome metabólico que fueron divididos en tres grupos según la intensidad de ejercicio al que fueron sometidos tres veces a la semana a lo largo de cuatro meses: ejercicio intenso (carrera), moderado (caminata) y un grupo control, que no realizó ninguna actividad física. Aunque los dos tipos de ejercicio fueron beneficiosos, los que practicaron la modalidad intensa consiguieron mejorar otros factores del síndrome metabólico como la sensibilidad insulínica, la capacidad aeróbica o la función del endotelio (capa interna de los vasos sanguíneos).

Por ello, concluyen que con un programa de ejercicio intenso se puede conseguir revertir el síndrome metabólico, tal y como publica "Circulation", la revista de la American Heart Association. No obstante, señalan que son necesarios más estudios para conseguir una mayor evidencia científica.

Vigilando las arterias españolas

El estudio internacional "High Risk Population" (HRP), iniciado ya en EE.UU., evaluará las arterias de trabajadores españoles de la empresa General Motors, en Zaragoza. El trabajo forma parte de un proyecto cardiovascular basado en tecnologías de imagen de alta definición que codirige el cardiólogo Valentín Fuster, presidente del Centro Nacional de Investigación Cardiovascular (CNIC) y director del Instituto de Cardiología del Hospital Mount Sinai, de Nueva York (EE.UU.).

El programa consiste en realizar pruebas genéticas y de tecnoimagen para identificar a las personas que están en riesgo de desarrollar patología cardiovascular. Se prevé que el HRP recopile información sobre las arterias de 8.000 personas. Esta investigación va encaminada a reducir la morbilidad, la mortalidad y los costes asociados con las dolencias cardiovasculares.

El infarto de miocardio, por ejemplo, ha estado históricamente asociado al depósito de colesterol en las paredes del corazón -en pacientes con hipercolesterolemia-, lo que disminuía progresivamente la luz de las arterias coronarias. Sin embargo, los patólogos llevan años constatando una alta mortalidad en individuos con mínima o inexistente constricción de las arterias coronarias, pero sí con una formación repentina de un coágulo en una placa alterada que había bloqueado una de ellas.

La primera fase del HRP consiste en la aplicación de técnicas de ultrasonido en las arterias carótidas -para comprobar la existencia de placas ateroscleróticas-, buscar formaciones de calcio en las coronarias, una prueba de ultrasonido en la aorta abdominal -para descartar aneurismas- y la medición de la presión arterial en las extremidades, todas ellas indicadoras del estado de salud del sistema cardiovascular.

MÁS, NO MEJOR

Un estudio reciente, también publicado en "Circulation", señala que, a pesar de que la medicina ha avanzado extraordinariamente en cuanto a tratamiento se refiere y los pacientes coronarios tienen mayor esperanza de vida, eso no significa que vivan mejor. Según Jipan Xie, experto del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades en Atlanta, EE.UU., y principal autor de la investigación, las personas con algún trastorno coronario muestran una devaluación en la calidad de vida. O así es tal como lo perciben.

Estas conclusiones se extrajeron tras analizar una muestra de 37.386 individuos e identificarse a 2.091 personas con antecedentes de la enfermedad cardiaca coronaria (ECC). Según se desprende de las encuestas realizadas, los sujetos con historial de ECC tienen un nivel de 9% menor que el resto de los participantes en las escalas de medición de calidad de vida. Los afectados por estas enfermedades, además, muestran menor índice de salud mental (2,4%) y un 9,2% menos de salud física. Por el contrario, el índice sube a 4,6% cuando se relaciona los ítems a menor movilidad, autosuficiencia, dolor y ansiedad.

Otro dato que destaca entre los afectados por ECC es que mujeres, individuos afroamericanos e hispanos tienen peor percepción de su calidad de vida, aunque las razones no se han podido determinar en este estudio.

Como señalan los autores, cuestiones que afectan a la calidad de vida -como el estado físico y mental, satisfacción con el entorno social y familiar y percepción del estado de salud- pueden ayudar a medir la eficacia de la terapia y predecir el índice de mortalidad a largo plazo tras un evento coronario. No obstante, los especialistas admiten que no se tuvieron en cuenta los distintos niveles de gravedad de ECC.




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