La extraordinaria diversidad de las mariposas en España
En el mundo se han descrito más de 28.000 especies de mariposas, la mayoría vive en regiones tropicales, donde la diversidad biológica es especialmente alta. España ocupa un lugar destacado en este mapa global: gracias a la variedad de climas y paisajes, alberga más de 250 especies de mariposas diurnas (Rhopalocera), según informa la Asociación Zerynthia, lo que la convierte en el segundo país europeo con mayor diversidad, solo por detrás de Italia.
Estas son cinco especies muy frecuentes y fáciles de observar en España, aunque no son las únicas que se encuentran en nuestros jardines y parques:
- Mariposa de la col (Pieris brassicae). Muy presente en huertos, jardines, parques urbanos y campos abiertos. Se adapta especialmente bien a entornos humanizados y sus orugas se alimentan de plantas de la familia de las coles.
- Mariposa blanca pequeña (Pieris rapae). Frecuente en zonas agrícolas, praderas, parques y jardines. Es una de las mariposas más fáciles de ver durante la primavera y el verano.
- Mariposa macaón (Papilio machaon). Prefiere praderas, campos abiertos, bordes de caminos y lugares donde crece el hinojo, la planta con la que se alimenta. Es inconfundible por su gran tamaño y sus llamativos colores amarillos y negros.
- Mariposa limonera (Gonepteryx rhamni) y limonera de Cleopatra (Gonepteryx cleopatra). Habitan en bosques claros, matorrales y zonas con abundancia de espino albar y aladiernos. Sus tonos amarillos y verdosos las convierten en una de las mariposas más reconocibles.
- Atalanta o “Almirante rojo” (Vanessa atalanta). Muy común en parques, jardines, bosques y áreas húmedas. Es una especie migradora y puede observarse prácticamente durante todo el año.
El papel esencial de las mariposas en el equilibrio de los ecosistemas
Aunque solemos asociarlas a la belleza de jardines y paisajes, las mariposas cumplen funciones esenciales en la naturaleza. Son polinizadoras eficaces que contribuyen a la reproducción de numerosas plantas silvestres y de algunos cultivos agrícolas. Su labor, a menudo eclipsada por la de las abejas, es igualmente decisiva: visitan flores, transportan polen y ayudan a sostener la diversidad vegetal.

Pero su importancia va mucho más allá de la polinización. La presencia de mariposas actúa como un indicador natural del estado del entorno. Un espacio donde abundan suele ofrecer alimento, refugio y condiciones saludables para una amplia variedad de insectos y otras especies. Allí donde vuelan las mariposas, el ecosistema muestra signos de equilibrio.
También son una pieza clave en la cadena alimentaria. Numerosas aves, murciélagos y otros animales insectívoros dependen de ellas para sobrevivir. En su fase de oruga, representan una fuente de proteínas indispensable para muchos pájaros durante la época de cría. Por ello, su desaparición tiene un efecto dominó que afecta a a todo el ecosistema.
Las amenazas que ponen en riesgo a las mariposas
Las mariposas son extremadamente sensibles a cualquier cambio en su entorno. En las últimas décadas, sus poblaciones han disminuido de forma preocupante.
Uno de los factores que más ha influido en esta situación es la pérdida de sus hábitats. La agricultura intensiva, el exceso de urbanización y el abandono de zonas rurales están reduciendo los espacios donde pueden vivir, alimentarse y reproducirse. Cada vez quedan menos praderas, setos, márgenes floridos o áreas de vegetación espontánea, esenciales para que estos insectos puedan completar su ciclo de vida.
El uso de pesticidas agrava el problema. Muchos de estos productos afectan tanto a los ejemplares adultos como a las orugas: eliminan las plantas de las que dependen, contaminan el néctar y alteran el equilibrio natural de los ecosistemas.
A todo ello se suma el impacto del cambio climático, que provoca sequías más frecuentes, olas de calor y desajustes en los ciclos de floración. Estos cambios reducen la disponibilidad de alimento y alteran los ritmos biológicos de las mariposas, dificultando su supervivencia.
Oasis de mariposas: una solución sencilla para proteger a estos insectos

Todos estos factores, combinados, están provocando un descenso preocupante de las poblaciones de mariposas. Por eso, pequeñas acciones —como crear un oasis de mariposas, espacios verdes con plantas adecuadas— pueden marcar la diferencia y ayudar a recuperar su presencia en nuestro entorno. No hace falta disponer de un gran jardín: un balcón, una terraza o incluso una ventana soleada pueden convertirse en un refugio para ellas.
🦋 Estos son los pasos para crear un oasis de mariposas:
- Busca un espacio soleado: las mariposas necesitan calor para volar, elige una zona que reciba suficientes horas de sol al día.
2. Combina dos tipos de plantas: las especies nectaríferas alimentan a las mariposas adultas, mientras que las nutricias sirven de alimento a las orugas.
- Entre las nectaríferas están la lavanda, el romero, la salvia, la caléndula, la lantana, la budleia (también llamada “árbol de las mariposas”), la verbena o la milenrama.
- Como plantas nutricias puedes incluir ortigas, hinojo, ruda, algodoncillo (básico para las monarcas), alhelí o parietaria.
3. Evita todos los pesticidas: los productos de baja toxicidad también pueden afectar a las mariposas y a sus larvas.
4. Pon piedras planas: las mariposas las utilizan para calentarse al sol, algo esencial para activar su metabolismo y poder volar.
5. Coloca un pequeño punto de agua: un plato con piedras y un poco de agua les permite beber sin mojar sus alas.
6. Deja rincones naturales: la vegetación espontánea —esas “malas hierbas” que solemos eliminar— es refugio y alimento para muchas especies de insectos.

🦋 Un pequeño gesto con un impacto enorme
La Asociación Zerynthia impulsa desde hace años el proyecto “Oasis de Mariposas”, una iniciativa que anima a particulares, centros educativos, ayuntamientos y empresas a transformar sus espacios verdes incorporando plantas beneficiosas para estos insectos. El objetivo consiste en crear una red de pequeños refugios repartidos por toda que, juntos, funcionen como corredores ecológicos. Participar es sencillo: basta con crear un pequeño oasis y enviar a la asociación su nombre y ubicación para incorporarlo al mapa del proyecto.
Sumarse a esta iniciativa no solo ayuda a recuperar las mariposas, también impulsa la biodiversidad urbana y nos acerca a la naturaleza de una forma sencilla. Permite observar de cerca el ciclo vital de estos insectos y comprender mejor su papel en el equilibrio del entorno. Para los más pequeños es una experiencia fascinante: ver cómo una oruga se transforma en crisálida y, después, en mariposa supone una auténtica lección de ciencia viva que no se olvida.


