Más turistas… y todos en el mismo sitio
España vive un momento histórico para el turismo. En 2025 recibió 96,8 millones de visitantes internacionales, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Generaron un gasto de 134.712 millones de euros, también un récord.
Este éxito confirma la importancia del sector en la economía, pero también revela una contradicción: buena parte de esos viajeros se concentra en los mismos lugares y en las mismas fechas. La facilidad para viajar, el efecto escaparate de las redes sociales y la concentración de las vacaciones en apenas unas semanas han terminado dibujando un escenario con nombre: «sobreturismo«.
Playas, cascos históricos y parques naturales soportan durante semanas, especialmente en verano, niveles de ocupación que rozan —e incluso superan— el límite de su capacidad. Esta presión afecta a la calidad de vida de los residentes y también a la experiencia del visitante, que se encuentra con una saturación desmesurada, filas interminables para realizar cualquier actividad, precios mucho más elevados y una sensación de pérdida de autenticidad absoluta.
Objetivo: menos volumen de gente

La ONU Turismo —la agencia especializada de las Naciones Unidas que promueve un turismo responsable, sostenible y accesible para todos— lleva años insistiendo en que el reto de un país o un destino no es atraer más visitantes, sino gestionar mejor su flujo. En otras palabras, pasar de un modelo centrado en el volumen de gente a otro que priorice la distribución, el equilibrio y la sostenibilidad.
Administraciones y organismos internacionales coinciden en que el modelo turístico necesita un replanteamiento profundo. Esa transformación pasa por varias líneas de actuación:
- Desestacionalizar la demanda, promoviendo viajes fuera de temporada alta.
- Diversificar destinos, impulsando zonas menos conocidas.
- Regular el acceso a espacios saturados mediante cupos o reservas previas.
- Fomentar un turismo de mayor valor añadido, menos dependiente del volumen de visitantes.
Sin embargo, este cambio no depende solo de las instituciones. Los viajeros también tienen un papel crucial. Elegir fechas menos concurridas, apostar por destinos alternativos o priorizar alojamientos y actividades sostenibles son decisiones que contribuyen a aliviar la presión sobre los lugares más saturados. Además, cada vez más turistas buscan precisamente aquello que el sobreturismo pone en riesgo: autenticidad, tranquilidad y contacto real con el entorno.
Viajar fuera de temporada ayuda a disfrutar más
Viajar fuera de temporada se ha convertido en una de las mejores alternativas para quienes buscan una experiencia más tranquila y auténtica. Elegir los meses de primavera u otoño no solo permite evitar las aglomeraciones y los precios disparados del verano, sino también disfrutar de una mayor disponibilidad de alojamientos y servicios.

Pero las ventajas van más allá de la comodidad. Distribuir los viajes a lo largo del año ayuda a aliviar la presión sobre destinos que, durante el verano, llegan a rozar su límite de capacidad. De este modo, se favorece un modelo turístico más equilibrado, beneficioso tanto para quienes visitan esos lugares como para quienes viven en ellos. Con menos gente se disfruta a otro ritmo, el trato suele ser más cercano y resulta más fácil conectar con la vida local.
Evitar el calor para descansar mejor
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) advierte desde hace años que es necesario adaptar el sector turístico al cambio climático para mantener la competitividad de España como destino internacional. Destinos de montaña, zonas del norte y enclaves menos expuestos al turismo masivo se consolidan como alternativas para quienes quieren descansar y desconectar.
Esta preferencia encaja con un cambio de mentalidad. El viajero compara precios y distancias, así como confort térmico, densidad de visitantes y calidad de la experiencia. En veranos cada vez más calurosos y extensos —los Pirineos, por ejemplo, ganan cinco días estivales cada década—, optar por destinos menos cálidos y saturados no solo es una cuestión de comodidad, sino también una decisión cada vez más lógica y sostenible.

La sostenibilidad, un factor decisivo a la hora de elegir destino
En los últimos años, la sostenibilidad se ha convertido en un factor decisivo a la hora de planificar un viaje. Así lo refleja el informe ‘Viajes Sostenibles 2026’ de Booking.com, según el cual el 82 % de los viajeros españoles considera importante viajar de una forma más respetuosa con el entorno. Cada vez influye más en la elección del destino, del alojamiento y de las actividades.
Este cambio de prioridades también está transformando el modelo turístico. En lugar de incrementar sin límite la capacidad de los alojamientos, se apuesta por un un modelo que renueva las infraestructuras ya existentes, diversifica la oferta y reparte mejor los visitantes a lo largo del territorio. Baleares refleja bien esta tendencia.
Aunque la oferta hotelera apenas ha crecido en los últimos años, el número de turistas ha seguido aumentando gracias a otras modalidades de alojamiento, lo que refuerza la necesidad de apostar por un turismo de mayor calidad y más sostenible.


