Dos de cada tres menores con obesidad tienen dificultades para sentarse y levantarse de una silla

El exceso de peso puede afectar a la capacidad funcional de niños y adolescentes, comprometiendo movimientos tan habituales como acomodarse e incorporarse de una silla
Por Sonia Recio 29 de agosto de 2026
dificultades motoras niños con obesidad
Imagen: Iluros / iStock
Correr, saltar, jugar, tirarse al suelo, levantarse… la infancia está hecha de movimiento. Sin embargo, que un niño se mueva con soltura no garantiza que su capacidad física esté libre de limitaciones que no siempre se detectan a simple vista. Dos estudios del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Pediátrica (UTIO-P) del Hospital Vall d’Hebron han analizado precisamente esa parte menos visible: las alteraciones funcionales y metabólicas vinculadas al exceso de peso.

El 66,3 % de los menores evaluados mostró una capacidad funcional reducida en la prueba de sentarse y levantarse de una silla, y el 67,5 % presentaba ya alguna comorbilidad asociada a la obesidad, como trastornos hepáticos, presión arterial elevada o resistencia a la insulina. Los estudios no solo describen la manera en la que el exceso de peso afecta al organismo, sino que también analizan cómo detectar estos desajustes y qué papel puede desempeñar el ejercicio adaptado en su tratamiento. Detallamos las principales conclusiones a continuación.

Así puede afectar la obesidad infantil a la movilidad

La obesidad infantil no solo se refleja en la báscula. En algunos niños y adolescentes, el exceso de grasa corporal puede asociarse a una menor fuerza muscular y a más dificultades para realizar movimientos cotidianos, como sentarse y levantarse de una silla. Son limitaciones que no siempre resultan evidentes a simple vista y que pueden pasar desapercibidas si la valoración se centra únicamente en el peso.

Así lo indican dos estudios realizados por el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Pediátrica (UTIO-P) del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, presentados en el 64º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF).

Los investigadores estudiaron a 126 niños y adolescentes con obesidad atendidos en el Servicio de Rehabilitación del hospital. Además de valorar su estado metabólico, analizaron su composición corporal y su capacidad funcional, es decir, su aptitud para realizar determinados movimientos y actividades de la vida diaria.

Limitaciones al levantarse y sentarse en una silla

Una de las pruebas utilizadas fue sentarse y levantarse de una silla, una evaluación sencilla, pero útil para conocer la fuerza de las piernas y observar cómo responde el cuerpo ante un movimiento habitual. El 66,3 % de los participantes presentó una capacidad funcional reducida en esta prueba.

Este resultado no significa necesariamente que los menores fueran incapaces de sentarse o levantarse, sino que su rendimiento se situó por debajo de los valores esperados. Por eso, los especialistas consideran importante utilizar pruebas específicas que permitan detectar limitaciones funcionales que podrían no apreciarse durante una consulta convencional.

médico midiendo tensión
Imagen: kumarsu6745_

Factores de riesgo que aparecen muy pronto

Los estudios detectaron una elevada presencia de factores de riesgo desde edades tempranas:

  • El 67,5 % presentaba alguna comorbilidad asociada a la obesidad, entre ellas alteraciones hepáticas, tensión arterial elevada o resistencia a la insulina, un factor de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2.
  • Más de la mitad no realizaba ejercicio físico de forma regular, un hábito que puede contribuir a mantener el exceso de peso y aumentar el riesgo cardiovascular.
  • La prueba DEXA, que permite analizar la composición corporal y la distribución de la grasa, mostró un 42 % de grasa corporal, con una importante acumulación en la zona del tronco, un patrón asociado a un mayor riesgo cardiovascular.

“Los resultados ponen de manifiesto la elevada carga de enfermedad asociada a esta condición (obesidad) incluso en edades tempranas”, explica la doctora Inmaculada Donat, del Hospital Vall d’Hebron miembro y miembro de la SERMEF. Los especialistas insisten en que el índice de masa corporal (IMC), aunque útil, no basta para identificar el impacto real de la obesidad. Por eso defienden incorporar medidas más completas, como la composición corporal y la evaluación funcional.

dos niños saltando
Imagen: Michelle-Maria

Ejercicio adaptado para recuperar la capacidad funcional

El segundo estudio analiza cómo abordar el deterioro funcional asociado a la obesidad infantil. El equipo de la UTIO-P ha desarrollado un programa multidisciplinar en el que participan Endocrinología, Nutrición, Psicología y Rehabilitación, con especial atención a la valoración física y a la prescripción de ejercicio. La intervención combina ejercicios de fuerza, resistencia aeróbica y movilidad, con sesiones presenciales y de telerrehabilitación.

Las mejoras se observan especialmente en pruebas específicas, como la fuerza de prensión manual y el test de sentarse y levantarse. “Aunque los pacientes pueden parecer funcionalmente estables en una valoración general, las pruebas específicas permiten detectar limitaciones y comprobar la respuesta al tratamiento”, señala el doctor Percy Daminani, del Hospital Universitario Vall d’Hebron y miembro de la SERMEF.

Sin embargo, el programa también reveló una dificultad: la menor adherencia a la telerrehabilitación. Esto apunta a la necesidad de buscar estrategias que aumenten la motivación y el seguimiento. Las herramientas digitales actuales están diseñadas para adultos. Según los especialistas, podría ser necesario desarrollar versiones más lúdicas e interactivas para niños: realidad virtual, videojuegos, dinámicas de juego, música o baile. El objetivo es que la rehabilitación resulte más atractiva y que los niños la mantengan en el tiempo.

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