Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Alimentación

Aceite de palma: el riesgo está en la dosis

El aceite de palma tiene mala fama por la alta proporción de ácidos grasos saturados que contiene y el impacto medioambiental de su cultivo. Te contamos qué hay de cierto y qué no

aceite de palma es malo para la salud Imagen: tristantan

Su alta composición en ácidos grasos saturados y las consecuencias medioambientales de su cultivo han convertido al aceite de palma en un ingrediente con mala fama. A esto se le suma que la mayoría de los productos que lo contienen son aquellos de consumo ocasional: bollería, cremas de chocolate, salsas, patatas fritas… Y aunque no es peor que otras grasas saturadas, hay que vigilar su consumo: su ingesta no debe sobrepasar el 10 % de las calorías diarias. En las siguientes líneas vemos si este aceite es tan malo se cuenta.

Aceite de palma, de palmiste y ácido palmítico son lo mismo

Falso. Aunque puedan parecer lo mismo, no lo son. Cuando hablamos de ácido palmítico nos referimos a un ácido graso saturado que fabrica el organismo de casi todos los seres vivos, por lo que está presente de forma natural en la mayoría de los alimentos que contienen grasas (carnes, lácteos y sus derivados) y también en muchos aceites vegetales, aunque en diferentes proporciones.

El aceite de palma se extrae de la parte carnosa del fruto de la palma y contiene aproximadamente un 50 % de ácidos grasos saturados, mayoritariamente palmítico (44 %), pero también esteárico (5 %) y mirístico (1 %). Estos porcentajes pueden variar dependiendo de la especie de palma que se trate o del grado de maduración del fruto, pero la cantidad oscila entre el 46-50 % de grasas saturadas.

La diferencia con el aceite de palmiste es que este último se obtiene del hueso del fruto o semilla de la palma y tiene un 82 % de ácidos grasos saturados, sobre todo, ácidos mirístico y láudico, y el palmítico es minoritario, y solamente un 18 % de insaturados.

Aunque el perfil de ácidos grasos del aceite de palma parezca más equilibrado y, por lo tanto, a priori más saludable que el de palmiste, la elevada concentración de ácido palmítico del aceite de palma es un aspecto negativo que pone a los dos aceites al mismo nivel de “poco saludables”.

Tiene menor contenido de grasa saturada que otras alternativas

Verdadero. El aceite de palma contiene muchas grasas saturadas, un 50 %, pero otros productos que se utilizan para usos similares, como en la bollería industrial, cuentan en su composición con igual o mayor cantidad. Hablamos del aceite de coco (87 %), la mantequilla (66 %) y la manteca de cerdo (55 %), de cacao (62 %) o de sebo (54 %). Aunque no es el que más grasas saturadas contiene, sigue siendo un ingrediente poco recomendable.

Hay que restringir su consumo

Verdadero. El consumo frecuente de grasas saturadas está estrechamente vinculado con el desarrollo de la obesidad, hipercolesterolemia, riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2, entre otras enfermedades. Pero en estas patologías influye una gran variedad de factores y no se puede echar toda la culpa a la grasa de palma. No existen datos concluyentes sobre el daño específico que causa este aceite en comparación con otras grasas saturadas, pero lo que sí es unánime es que la gran mayoría de los alimentos con aceite de palma en su composición entran en el grupo de los “no recomendables” y de los que hay que comer muy ocasionalmente.

Estos productos también llevan mucho azúcar y otras grasas saturadas y, por ello, es muy difícil establecer científicamente una clara influencia del aceite de palma en el desarrollo de esas enfermedades. Su consumo se incluye en las recomendaciones sobre grasas saturadas: en una dieta de 2.000 calorías, la ingesta de estas grasas no debe sobrepasar el 10 % del aporte diario (unos 20-22 g).

Contiene colesterol

Falso. El colesterol es una sustancia que no se encuentra en los vegetales, pero que no esté en su composición no significa que el aceite de palma no sea capaz de incrementar los niveles del colesterol malo en sangre. El colesterol dietético, el que se consume a través de los alimentos, no es el causante de que suba el colesterol en sangre siempre que no abusemos de él (la ingesta recomendada es de 300 mg al día). Quien provoca ese aumento del llamado colesterol malo es el consumo desmedido de grasas saturadas y azúcares, por lo que, aunque el aceite de palma no contiene colesterol, sí incrementa los niveles de colesterol malo en sangre.

Está formado por grasas trans

Falso. El aceite de palma comenzó a expandirse cuando la industria alimentaria decidió utilizarlo como sustituto de las grasas trans. La diferencia entre ambas es que el aceite de palma se extrae de la palma aceitera, mientras que las grasas trans se obtienen mediante un proceso de hidrogenación que consiste en pasar la grasa líquida a sólida añadiéndole hidrógeno para volverla más rígida, que es precisamente lo que la convierte en nociva. El aceite de palma no necesita ese proceso porque ya tiene textura cremosa sin necesidad del hidrogenado. Pero ni las grasas trans ni el refinado del aceite dan como resultado un producto saludable.

Las alternativas son más caras

Verdadero. Existen aceites y grasas con las que la industria alimentaria podría sustituir los productos derivados del aceite de palma, pero por el momento no es realista, ya que son mucho más caras. Cada tonelada de aceite de palma cuesta una media de 600 euros, frente a los 4.000 euros de la de oliva virgen extra o los 900 de la de girasol.

Además, los más utilizados en la industria, como el aceite de oliva, el de girasol, el de colza, el de canola o el de soja, que son más saludables, no se consideran una alternativa real porque son líquidos a temperatura ambiente. Esto representa un problema tecnológico a la hora de fabricar ciertos productos como bollos, galletas y helados, ya que presentarían un aspecto derretido y poco atractivo.

Una alternativa real serían los aceites tropicales, como la manteca de shea, los aceites unicelulares, que se obtienen a partir de algas y levaduras, o la grasa de insectos. Por el momento, la reducida producción de todas estas alternativas no puede acaparar el volumen de fabricación de todos los productos procesados que actualmente están compuestos de grasa de palma.

La industria lo “camufla” con otros nombres

Verdadero. Hasta el 2014 el aceite de palma se escondía en el etiquetado bajo el nombre de “grasa vegetal”, pero la UE obligó a especificar su verdadera procedencia. Desde entonces, y para lidiar con la mala prensa que tiene esta grasa, la industria comenzó a camuflarlo con otras denominaciones: aceite de palmiste, manteca de palma, aceite o grasa de palmiste, palmoleina, estearina de palma, oleína de palma, elaeis guineensis, palmiste, kernel, lauryl o myrist son algunos ejemplos de los más de 100 nombres alternativos que se emplean.

Su producción no tiene gran impacto ambiental

Falso. El aceite de palma no solo tiene uso alimentario, ya que también se utiliza en otras industrias, como en la de la limpieza, para crear detergentes, en la cosmética, como alimento de animales y como biocombustible. Se le saca mucho rendimiento, pero la expansión masiva del cultivo de esta palma ha provocado que estas plantaciones hayan sustituido a más de un 40 % de los bosques tropicales, sobre todo, en Indonesia, Malasia y los países de Sudamérica. Esta tala masiva para cultivar palma representa un verdadero problema medioambiental, tanto en pérdida de la biodiversidad como de destrucción del hábitat de muchas especies animales, la propagación de incendios y la contaminación de las aguas. Desde hace unos años, sin embargo, han aumentado los cultivos sostenibles de aceite de palma.

¿De dónde viene el aceite de palma?

El aceite de palma se obtiene de los frutos de la palma aceitera africana Elaeis guineensis y de la palma americana Elaeis oleifera, además del cruce de ambas especies. Sin refinar, este aceite es de un intenso rojo-anaranjado, ya que contiene una gran proporción de carotenoides, tocoferoles y tocotrienoles, antioxidantes naturales que son los que le aportan ese color. En crudo es el que mayoritariamente se usa para cocinar en los países productores (solo se cultiva en países tropicales); mientras que en España y en el resto de Occidente se utiliza como ingrediente de productos a partir del aceite ya refinado.

Por lo tanto, los alimentos con palma lo que contienen son fracciones obtenidas a partir del aceite de palma refinado; es decir, un producto que ha sido sometido a un tratamiento a altísimas temperaturas para darle mejor aspecto, sabor y olor. El resultado es un aceite que acaba con el color original (se convierte en blanco), pero también destruye todas las propiedades que le otorgaban los antioxidantes y ciertas vitaminas (A y E) del fruto.

Comparándolo con la mayoría de los aceites vegetales, que se caracterizan por su composición rica en ácidos grasos insaturados (girasol, oliva, colza), el de palma contiene una mayor proporción de ácidos grasos saturados.

Para acceder a más contenidos, consulta la revista impresa.

Etiquetas:

aceite de palma

RSS. Sigue informado

Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones