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Agua: todo lo que debes saber

Tanto el agua del grifo como la mineral embotellada son igual de sanas y seguras, pero sí hay diferencias en cuanto al sabor y el precio

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 20 diciembre de 2020
agua cocina Imagen: kaboompics

El agua que obtenemos al abrir el grifo es segura y de calidad en cualquier parte de España. Y es muy saludable. La gasolina principal de nuestro organismo es fundamental para la vida y para la salud. Pero, ¿sabes todo sobre ella? En las siguientes líneas te contamos cuánta agua necesitamos y si es lo mismo beber agua en casa que refrescar la sed en un manantial o con agua embotellada. Además, con un mapa te enseñamos qué zonas de nuestro país que cuentan con el agua más dura o más blanda, un aspecto importante para el buen funcionamiento de electrodomésticos, como lavadoras y lavavajillas.

Cuánta agua necesita nuestro cuerpo

El agua constituye una fuente de vida y un elemento clave para la salud. Tanto es así que las personas estamos compuestas de ella en un alto porcentaje: cerca del 70 % del peso de los niños, una proporción que va disminuyendo con los años. En la edad adulta esta cifra pasa al 60 % y se reduce al 50 % partir de los 50 años.

Dada la importancia del agua en nuestro cuerpo, la carencia de ella afecta directamente a nuestra salud. Aunque no nos demos cuenta, perdemos agua constantemente: para el funcionamiento de los órganos vitales, a través de saliva, sudor, orina, heces, al realizar actividades cotidianas, al trabajar, caminar… “A medida que la vamos perdiendo, tanto las funciones orgánicas como la capacidad intelectual van mermando de forma progresiva”,  explica el doctor Luis Gutiérrez Serantes, miembro del Comité Científico del Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS).

Pero los extremos no son buenos, e ingerir demasiada agua también puede causarnos problemas. Aunque es poco frecuente encontrarse personas que se sobrehidratan, hay algunas con un deseo compulsivo de beber agua, conocido como potomanía. Ese exceso también tiene consecuencias para nuestra salud, “aunque en situaciones normales solo se manifestará con un exceso de orina, pues el organismo eliminará de forma automática la abundante agua ingerida”, advierte el doctor Gutiérrez.

agua beber
Imagen: tookapic

Esperar a tener sed para beber o hacerlo de manera frecuente es también tema de debate. Hasta ahora se pensaba que deberíamos anticiparnos a la necesidad de hidratación y beber a intervalos regulares de tiempo, aunque no se tenga sed. Sin embargo, no existe evidencia científica que justifique que sea necesario beber una cantidad mínima de agua, salvo en algunas excepciones: si se practica ejercicio intenso, si las temperaturas ambientales son muy altas o si se sufre alguna enfermedad que lo recomiende.

Cantidad de agua necesaria recomendada por edad

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), estas recomendaciones son válidas en condiciones ambientales de temperatura y actividad física moderadas.

  • De 2 a 3 años: 1,3 l/día.
  • Entre 4 y 8 años: 1,6 l/día.
  • Entre 9 y 13 años: niñas 1,9 l/día y niños 2,1 l/día.
  • A partir de 14 años: mujeres 2 l/día y hombres 2,5 l/día.

¿Todos los alimentos hidratan por igual?

Para hidratarnos, y cumplir con la recomendaciones, podemos beber agua directamente o ingerirla a través de otras bebidas o alimentos. A este respecto, la EFSA establece una recomendación por la cual el 80 % de esos 2 o 2,5 litros diarios debería provenir de la ingesta directa de agua y un 20 % a través de los alimentos que ingerimos, especialmente sopas y caldos, así como frutas y verduras. Por ejemplo, el porcentaje de agua de algunos alimentos es:

  • Infusiones: 98 % de agua.
  • Yogures: 86 % de agua.
  • Frutas y verduras: 70-95 % de agua.

El mapa de la dureza del agua en España

Cuando bebemos agua no la consumimos pura o destilada; contiene diferentes minerales que ayudan al correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Si durante unas semanas solo bebiéramos agua sin minerales, empezaríamos a mostrar síntomas tales como fatiga, náuseas, dolor de cabeza, arritmias y un largo etcétera.

Dentro de estos minerales los más abundantes son los que están formados por magnesio y por calcio. Por esta razón son los que principalmente se usan para calcular la dureza del agua. Cuanta mayor es la concentración de minerales mayor será su dureza. Existen diferentes escalas para medir este indicador, pero la más utilizada en España es la graduación hidrométrica francesa (°fH). Cada grado de dureza equivale a una concentración de 10 mg de carbonato cálcico por litro. Podemos calcular la dureza del agua en grados hidrométricos franceses (°fH) a través de la siguiente fórmula:

(Calcio (mg/l) x 2,5 + Magnesio (mg/l) x 4,2) / 10

  • Blanda: menos de 12 ºfH
  • Poco dura: entre 12 y 30 ºfH
  • Dura: entre 30 y 40 ºfH
  • Muy dura: más de 40 ºfH

En España, no importa la región en la que nos encontremos, el agua que obtenemos al abrir el grifo es segura y de calidad en cualquier parte del país. Sí es diferente, sin embargo, su composición. Y aunque no existe evidencia de que el agua dura sea perjudicial para la salud de las personas sanas, conocer si vivimos en una zona de agua dura o blanda es importante para el buen funcionamiento de algunos electrodomésticos, como lavadoras y lavavajillas. El calcio y el magnesio reaccionan con los compuestos de los productos de limpieza, como el jabón, que dejan de ser efectivos. Además, genera más problemas con la acumulación de cal. Estas son las zonas que cuentan con el agua más dura o más blanda.

agua mapa espana
Imagen: Eroski Consumer

Agua embotellada y su composición química

En España podemos encontrar cuatro tipos de aguas envasadas: de manantial, minerales naturales, potables preparadas y aguas de consumo público envasadas. Las dos primeras son aquellas de origen subterráneo y que cumplen una serie de criterios. El agua mineral natural, además de proceder de aguas subterráneas, se caracteriza por tener una composición química establecida y constante y por su pureza original. Las aguas potables preparadas pueden tener cualquier tipo de procedencia y han sufrido un proceso de potabilización mediante tratamientos fisicoquímicos. Las de consumo público son básicamente agua del grifo envasada para suplir la falta de abastecimiento o accidentes en la red pública.

El análisis químico del agua mineral descubre una serie de componentes comunes. El residuo seco se refiere a la cantidad total de minerales que contiene: si la cifra está por debajo de los 500 mg/l, se considera agua de mineralización débil.

  • Residuo seco: 200.0
  • Bicarbonatos: 210.3
  • Sulfatos: 14.5
  • Cloruros: 7.1
  • Calcio: 45.2
  • Magnesio: 23.2
  • Sodio: 2.0

Agua del grifo o agua mineral: cuál elegir

Tanto la del grifo como la mineral son igual de sanas y seguras, ya que pasan por un proceso de análisis y desinfección antes de que lleguen al consumidor. En el sabor sí que existen diferencias, pero esto se debe más a su procedencia que al hecho de que se trate del grifo o mineral.

También hay variaciones desde el punto de vista económico. Beber agua del grifo es hasta 150 veces más barato que hacerlo embotellada, por lo que optar por la segunda opción tiene un gran impacto en nuestro bolsillo. Mientras que el agua del grifo cuesta menos de 0,002 euros el litro, el precio de la envasada es de alrededor de 0,40 euros el litro en un supermercado (cerca de 2 euros en un restaurante). Por lo tanto, para una familia de cuatro miembros que bebe seis litros de agua al día, el ahorro anual de consumir agua del grifo sería de casi 900 euros (bastante más si también se compra en máquinas y establecimientos de restauración). Sin embargo, el agua del grifo no tiene el mismo coste en todo el territorio: Cataluña, Murcia y Baleares son las comunidades más caras, Galicia, La Rioja y Castilla y León, las más baratas.

Pero también hay disparidad en los precios de las aguas embotelladas. Hasta existen negocios exclusivos con el agua envasada donde nos llegamos a encontrar botellas de hasta 400 euros. ¿Por qué? Esto se debe fundamentalmente a la exclusividad del envase (decoradas con brillantes o diseñadas por artistas de renombre), a la localización recóndita del manantial o a la exclusividad por la pequeña cantidad producida. Pero de ninguna manera el precio está relacionado con su sabor, y mucho menos con su salubridad.

Recurrir al uso de botellas de plástico para beber agua es prescindible en aquellos países en los que el agua del grifo es sana y segura, no solo por su impacto en nuestro bolsillo sino también en el medio ambiente. Desde un punto de vista ambiental, el agua mineral sale perdiendo con creces. Ya no solo por el envase de plástico no biodegradable; hay que tener en cuenta también el transporte y la energía para producir el embalaje. Según datos de Ecoembes, una botella tarda más de 450 años en degradarse, por eso es importante llevar a cabo una importante gestión de los residuos. “Ya en 2018 se consiguió dar una segunda vida al 90 % de las botellas de plástico PET puestas en el mercado”, asegura la organización.

Algunas comunidades han aprobado una normativa para impulsar el consumo del agua del grifo. En Navarra y en Baleares ya se han promulgado normas que obligan a los bares y restaurantes a servir agua a quien lo solicite. En Castilla y León no se puede cobrar por este servicio, en caso de que se ofrezca. Sin embargo, en el resto de España aún no existe obligación alguna.

La peligrosa agua cruda

Consumir agua de manantiales o pozos no tratados (agua cruda) supone un riesgo importante para la salud. Toda agua destinada para consumo ha sido tratada y analizada para que cumpla los estándares necesarios. Sin estos análisis no podemos asegurar que el agua es potable y no presenta riesgos para la salud del consumidor. Pese a que las minerales naturales y de manantial no pasan por un proceso de desinfección, sí que sufren controles microbiológicos y tratamientos físicos reguladores, casi idénticos a los del agua del grifo. El agua cruda, al contrario, no sufre ningún análisis y, por lo tanto, puede estar llena de sustancias tóxicas como microorganismos patógenos, metales pesados o plaguicidas. Por muy clara que parezca, estos compuestos no son detectables a simple vista.

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