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Astenia y lactancia materna

Hay madres que mantienen la lactancia materna hasta que el niño cumple el año e incluso más, situación que exige cuidar más que nunca la alimentación

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 18 mayo de 2007
Aunque por lo general la producción de leche comienza a decaer a partir de los siete o nueve meses de lactancia, cuando se da pecho a demanda, ésta puede llegar a mantenerse hasta que el niño alcanza los cuatro años de edad.

Ante la astenia, ¿complementos dietéticos o dieta?

La lactancia materna es un proceso que desgasta mucho a la madre, ya que para producir la leche se precisa una gran cantidad de energía y de nutrientes específicos como proteínas, calcio, hierro, vitaminas C, ácido fólico, A y D.

Las madres que deciden mantener la lactancia materna hasta que el niño cumple el año e incluso supera el año de edad pueden acusar síntomas de fatiga y desgaste que por lo general derivan de una alimentación insuficiente. Esto puede ser debido a que la madre desea cuidar su peso y se somete a una dieta baja en calorías sin el apoyo de un profesional o a que no tiene en cuenta que, transcurrido el primer año de lactancia, sus necesidades energéticas y nutritivas siguen siendo elevadas.

Sea cual sea el motivo, la aparición de fatiga y desgaste exige examinar el estado general de salud de la madre y sus hábitos dietéticos para así introducir los cambios necesarios que permitan mejorar su bienestar. No se trata de tomar por cuenta propia un complemento de vitaminas o vigorizantes como la jalea real, sino de indagar primero en las causas que han dado lugar a esa situación de cansancio o astenia para así acertar con el tratamiento.

Los complementos de vitaminas y minerales son muy útiles, pero debe ser un profesional quien valore, en cada caso, la necesidad de tomarlos, así como el tipo de complemento, la dosis y la duración del posible tratamiento.

Alimentos indispensables en la lactancia

El profesional debe ser quien valore la necesidad de tomar complementos de vitaminas y minerales, así como las dosis necesarias y la duración del posible tratamiento

Energéticos
Se consideran alimentos energéticos aquellos que tienen un contenido importante de carbohidratos y los alimentos grasos. Que sean energéticos no debe confundirse con que pueden engordar. De hecho, así como los coches necesitan de carburante para poner su motor en funcionamiento, el cuerpo humano precisa de los carbohidratos y de las grasas como fuente de energía. Evidentemente, si la cantidad de consumo de esos alimentos es superior al desgaste diario, la ingesta se traducirá en acumulación de grasa y en los temidos kilos de más.

Conviene que los alimentos ricos en carbohidratos (cereales como el arroz o el maíz y sus derivados -pan, pasta o galletas-, patatas y legumbres) estén presentes en casi cada una de las comidas del día, desde el desayuno a la cena, teniendo en cuenta que la cantidad de consumo aconsejada dependerá de las necesidades energéticas de la mujer, las cuales se calculan según su peso, talla, grado de actividad física o su condición de madre lactante.

En cuanto a los alimentos grasos (grasas lácteas como la nata o la mantequilla, la margarina o los aceites vegetales), se recomienda consumirlos con moderación. Así mismo conviene dar preferencia a aquellos que son más ricos en grasas insaturadas como el aceite de oliva, los aceites de semillas (girasol, maíz o soja) y los frutos secos, por su papel en la reducción de riesgo cardiovascular y su implicación en la composición de la leche materna. Se sabe que la cantidad y el tipo de grasa de la leche es el fiel reflejo de la cantidad y tipo de grasa ingerida por la mujer que amamanta.

Ricos en proteínas
Son alimentos ricos en proteínas los lácteos, los huevos, la soja, las carnes, los pescados y los derivados de estos alimentos. También las legumbres combinadas con acierto, por ejemplo con cereales, constituyen un plato que aporta proteínas tan completas como las de origen animal, pudiendo por ello sustituir a algunas de las raciones semanales de carne, pescado o huevo.

Las proteínas ayudan a construir y reparar tejidos del organismo, forman parte de nuestras defensas, hormonas y neurotransmisores, enzimas y factores de coagulación de la sangre. Parte de las mismas se secretan con la propia leche materna. Los expertos aconsejan tomar entre 3 y 4 veces por semana carnes, las menos grasas y 130 g por persona; pescado, blanco y azul y 150 g por persona; y huevos, unas 4-5 unidades semanales.

Los alimentos imprescindibles en la lactancia deben ser energéticos, ricos en proteínas y reguladores del organismo, y deben consumirse bien combinados y de forma variada

Respecto a los lácteos, en periodo de lactancia se recomiendan unas 4 raciones diarias para asegurar el aporte de calcio. Una ración equivale a un vaso de leche, 1 cuajada, 2 yogures, 1 tarrina pequeña de queso fresco o 40 g de queso tipo manchego. Los lácteos pueden reemplazarse por alternativas como la bebida de soja y los postres de soja si la madre no los tolera o sufre de alergia a la proteína de leche de vaca.

Reguladores
Los alimentos reguladores contribuyen a que todo funcione correctamente en el organismo. Son alimentos ricos en vitaminas, minerales, agua, fibra y antioxidantes, fundamentalmente hortalizas y frutas. Se recomienda incluir algo de verdura en la comida y en la cena, y una ensalada cada día. Respecto a las frutas, se aconseja tomar unas 3 piezas diarias. Esta es la manera en que llegan a cubrirse las necesidades de ciertas vitaminas que se precisan en mayor cantidad durante el periodo de lactancia: vitamina C, ácido fólico y vitamina A, sobre todo en forma de pro-vitamina A, presente en los vegetales.

Un buen menú semanal: Comida y cenas

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Con este planteamiento modelo de comidas y cenas se consigue respetar las recomendaciones de una dieta equilibrada en cuanto a la frecuencia de consumo semanal de los distintos alimentos. Permite elaborar infinidad de combinaciones sólo cambiando platos. Por ejemplo, en la comida del lunes caben las siguientes posibilidades:

  • Judías verdes con patata, lomo con pimientos, pan y fruta.
  • Ensalada con patata cocida, guiso de pollo, pan y fruta.
  • Coliflor con refrito de ajo al pimentón dulce, filete con patatas fritas y lechuga, pan y fruta.

Un error frecuente

Cuando la mujer se encuentra en periodo de lactancia es frecuente que ésta reduzca el consumo de alimentos que se consideran especialmente energéticos como el pan, el arroz, la pasta, la patata o la legumbre, con la intención de cuidar la línea.

Este es un error relativamente frecuente que implica un déficit de energía de rápida utilización que puede ser el origen de la astenia. ¿De qué sirve entonces tomar un complemento de vitaminas o minerales si no es esa la causa del problema? Lo aconsejable en este caso sería, por tanto, que la mujer incluyese en su dieta, en cantidad y con la frecuencia adecuada, dichos alimentos.

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