Bruselas no levantará este año la prohibición de fabricar piensos a base de harinas cárnicas

Considera necesario esperar un año para evaluar el grado de cumplimiento del reglamento sobre subproductos animales
Por mediatrader 19 de junio de 2003

Aunque el mes pasado entró en vigor un nuevo reglamento comunitario sobre el tratamiento de los residuos animales y que su fabricación está estrictamente reglamentada, la prohibición de fabricar piensos a base de harinas de carne y hueso «no va a ser levantada en lo que queda de año», según informaron fuentes de la Comisión Europea. Lo más probable es que el asunto se retrase hasta finales de 2004, señalaron las mismas fuentes, que juzgaron necesario esperar «al menos un año» para evaluar el grado de cumplimiento del reglamento que establece las «normas sanitarias aplicables a los subproductos animales no destinados al consumo humano».

El motivo no es, pues, la falta de garantías normativas para su producción, sino la incertidumbre sobre el destino final de las montañas de harinas y despojos que debían haber sido eliminadas por los estados miembros y que se amplían ahora a más animales (ganado ovino, porcino, bovino y equino, además de aves y conejos), aumentando en paralelo el riesgo de fraudes.

Las harinas animales fueron prohibidas en 1996 por la UE para la alimentación de rumiantes, con el fin de evitar el contagio de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB). En enero de 2001, los Quince ampliaron la prohibición a todos los animales de granja por un periodo «experimental» de seis meses, que desde entonces ha sido renovado cada semestre.

Como en España, el enterramiento y los vertidos son un destino habitual de los desechos animales en Alemania, Grecia, Finlandia, Irlanda, Portugal, Suecia y el Reino Unido, y su coste varía entre 30 y 80 euros por tonelada, según un documento de trabajo elaborado por la Comisión Europea en noviembre de 2001. Nuestro país produjo en 2000 unas 417.000 toneladas de harinas animales, el 14% del total de la UE. Según datos de la industria agroalimentaria europea, España disponía entonces de una capacidad de incineración de 40.000 toneladas anuales de harinas animales, por lo que existía un déficit de 377.000 toneladas, un nivel similar al de Italia y sólo superado por Francia en la UE. El Ministerio de Agricultura, Miguel Arias Cañete, ya comunicó en 2001 al Ejecutivo comunitario su voluntad de aumentar esta capacidad.

Tres categorías

El reglamento comunitario en cuestión define normas claras para el tratamiento de estas sustancias, que clasifica en tres categorías en función de su riesgo para la salud humana y animal y para el medio ambiente. La categoría 1 reúne a las más peligrosas, aquellas susceptibles de transmitir los agentes causantes de encefalopatías, como el mal de las «vacas locas», pero también las que pueden contener dioxinas. Sólo pueden ser incineradas o depositadas en vertederos si antes han sido sometidas a un riguroso tratamiento térmico (durante 20 minutos a 133 grados y bajo una presión de tres bares).

En la categoría 2 se incluyen los subproductos con riesgo de contaminación de otras enfermedades animales (que hayan muerto en la explotación o que hayan sido sacrificados por erradicación de enfermedades o que tengan riesgo de residuos de medicamentos). Éstos pueden ser reciclados para usos distintos a los de la alimentación animal, después de ser tratados, como por ejemplo para biogás, compost, productos químicos etc.

Finalmente, en la categoría tres estarían los subproductos derivados de animales sanos sacrificados para consumo humano, que pueden ser usados para alimentación animal después del adecuado tratamiento en plantas de procesado.

Postres y caramelos

Cuando compramos un pollo, sólo consumimos directamente el 68%. Del cerdo sólo nos comemos el 62%, del vacuno el 54% y del cordero el 52%. ¿Qué ocurre con el resto, unos diez millones de toneladas de carne y derivados al año en la Unión Europea (1.719.000 toneladas en España en 2000)? Los huesos, los tendones y la piel sirven para producir gelatinas que entran en la composición de postres y caramelos «de goma», pero también en las cápsulas de medicamentos. A veces, una mezcla de huesos y despojos se transforma en grasas que son utilizadas en alimentos para personas y animales, productos cosméticos y farmacéuticos. Hasta su prohibición, las harinas animales eran otro destino habitual de estas sustancias.