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“El desarrollo de este nuevo probiótico podría contribuir a mitigar la obesidad y sus complicaciones metabólicas”

Yolanda Sanz, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA)

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  • Fecha de publicación: domingo 6 junio de 2021

Imagen: FPCUV

El Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desarrollado un probiótico de nueva generación que podría prevenir de forma eficaz las complicaciones metabólicas de la obesidad. El proyecto de investigación consiste en la valoración de una bacteria aislada de la microbiota intestinal de individuos delgados que se asocia a un fenotipo metabólico saludable en estudios epidemiológicos. Los estudios realizados hasta el momento ofrecen resultados prometedores. La administración de la bacteria reduce el apetito y normaliza las alteraciones inmunológicas asociadas a la obesidad que, a menudo, derivan en otras enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2 y las patologías cardiovasculares. En unos años este probiótico podría estar listo para ser comercializado. “Tenemos que continuar avanzando en la optimización y escalado de su producción y en la evaluación de la eficacia clínica. Se podrían tardar unos 2-3 años”, adelanta en esta entrevista Yolanda Sanz, profesora de investigación del CSIC en el IATA que ha coordinado el proyecto.

¿Cómo surge este proyecto de investigación?

Este desarrollo es parte del trabajo iniciado en el proyecto europeo MyNewGut (“Microbiome influence on energy balance and brain development-function. Put into action to tackle diet-related diseases”) que coordiné entre 2013 y 2018, en el que investigamos la relación entre la microbiota intestinal y la obesidad y sus comorbilidades (patologías asociadas como el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2). En este proyecto creamos un biobanco de bacterias intestinales aisladas de la microbiota de individuos metabólicamente sanos y comenzamos a evaluar sus potenciales efectos beneficiosos para nuestra salud mediante ensayos in vitro e in vivo. Más adelante continuamos trabajando con financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y, actualmente, con una ayuda de la Agencia Valenciana de Innovación (AVI).

¿Cómo se ha desarrollado?

En el proyecto europeo participaron 30 socios de 15 países europeos y de fuera de la Unión Europea, pero este desarrollo concreto se llevó a cabo íntegramente en nuestro grupo de investigación ubicado en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

¿Qué supone el desarrollo de este probiótico?

Un gran avance, ya que actúa mediante múltiples mecanismos. La administración oral de esta bacteria de la especie P. faecium podría contribuir a mitigar la obesidad y sus complicaciones metabólicas a través de mecanismos tanto enteroendocrinos como inmunitarios. Este estudio preclínico ha demostrado que esta bacteria reduce la ingesta de alimentos y el aumento de peso corporal y mejora la tolerancia a la glucosa. Estos efectos fueron paralelos a los aumentos de la hormona intestinal anorexigénica PYY en el plasma, que podría explicar la reducción del peso. Además, esta bacteria refuerza la función barrera intestinal y aumenta la proporción de células inmunológicas anti-inflamatorias reduciendo el tono inflamatorio asociado a la obesidad que causa complicaciones, como la diabetes tipo 2.

investigan probiotico contra obesidad
Imagen: IATA-CSIC

¿Qué características tiene?

Es una bacteria de origen intestinal aislada de humanos metabólicamente sanos que actúa sobre el sistema entero-endocrino e inmunitario.

¿Cómo reduce el apetito y normaliza las alteraciones inmunológicas?

La reducción del apetito puede estar relacionada con su capacidad para incrementar la síntesis de la hormona intestinal anorexigénica PYY. La bacteria también aumenta la abundancia de macrófagos antiinflamatorios intestinales (M2) y células T reguladoras y refuerza los mecanismos de defensa primarios, incluida la expresión de péptidos antimicrobianos y las concentraciones de IgA, lo que podría proteger contra la desregulación inmunitaria intestinal inducida por las dietas hipercalóricas.

¿Su administración se acompaña de algún otro cambio para que sea eficaz, como el aumento de ingesta de algún alimento?

Su administración produce cambios en la composición de la microbiota intestinal que podrían, de forma secundaría, contribuir también a sus efectos.

¿Esta especie bacteriana está presente solamente en organismos delgados?

Estudios epidemiológicos realizados en humanos por nuestro grupo indicaron que un aumento de la abundancia de esta especie bacteriana se relacionaba con el mantenimiento del peso normal en niños y adolescentes, y que su disminución se relacionaba con el desarrollo de sobrepeso u obesidad en un período de cuatro años de observación.

¿Su acción es permanente?

Es de esperar que se necesite su administración de forma habitual, como ocurre con otros probióticos, pero no se ha investigado aún.

Se está trabajando con el Instituto Tecnológico de la Industria Alimentaria (AINIA) por su experiencia en técnicas de microencapsulación, ¿cómo multiplica este proceso el efecto de la bacteria?

La encapsulación podría aportarle mayor estabilidad al probiótico.

¿Se ha observado algún cambio en la microbiota durante los ensayos?

Sí, observamos aumentos de algunas bacterias como Akkermansia que también podrían ser beneficiosas para la obesidad.

¿Hay otros productos similares en el mercado?

Se han desarrollado otros productos, basados en lactobacilos y bifidobacterias, fundamentalmente. Nosotros nos propusimos explorar la biodiversidad de bacterias importantes en el ecosistema intestinal natural de los sujetos sanos para desarrollar probióticos o agentes bioterapéuticos de nueva generación que puedan actuar a través de diversos mecanismos y sean, así, más eficaces.

¿Cuándo puede estar comercializado?

Tenemos que continuar avanzando en la optimización y escalado de su producción y en la evaluación de la eficacia clínica. Se podrían tardar unos 2-3 años.


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