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Dieta contra la astenia primaveral

La revisión de la dieta es fundamental para asegurar que el organismo esté bien nutrido con el fin de estimular el sistema de defensas y combatir los síntomas.

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 4 abril de 2003

La astenia se puede definir como una sensación de debilidad física
y de cansancio intenso que experimenta la persona y se mantiene durante meses.
Puede ser síntoma de enfermedades orgánicas o psicológicas,
y puede estar provocada por factores externos, como el estrés, la sobrecarga
laboral, la hiperactividad o el sobreentrenamiento deportivo.

Durante la primavera, numerosas personas experimentan una serie de síntomas
comunes de caracter leve, como la sensación de debilidad, de cansancio,
de falta de vitalidad y de fuerzas, dificultad de concentración y trastornos
de la memoria, trastornos del sueño y alteraciones del apetito. A pesar
de su elevada incidencia, la astenia primaveral es de carácter leve y
remite al cabo de pocos días. Aunque no existen motivos de alarma si
los síntomas no son secundarios a una enfermedad, esta sensación
de fatiga que acompaña durante gran parte del día, reduce notablemente
la capacidad para realizar cualquier tarea, por lo que conviene anticiparse
a la situación o combatir los síntomas.

La causa no está del todo clara y se atribuye al cambio climático
e incluso a los procesos alérgicos tan frecuentes durante esta época
del año, de ahí que a este síndrome se le haya definido
popularmente como “astenia primaveral”. La incidencia de esta afección
se ha multiplicado en las últimas décadas, y casi el 2% de la
población sufre en algún momento de su vida los efectos de la
astenia.

Ante los cambios de estación es muy importante cuidar lo que comemos
para fortalecer nuestro sistema inmune.
Algunos signos nos advierten que nuestras defensas se encuentran bajas: Los
fumadores pueden tener dolor de garganta dando la impresión de estar
cogiendo un resfriado que al final no llega, pueden aparecer pupas en los labios,
cansancio mayor de la habitual, heridas que tardan en cicatrizar, dolores musculares
sin haber hecho ejercicio, debilidad del cabello…


El tratamiento dietético acertado
El mejor tratamiento y el más efectivo de
la astenia primaveral es la prevención.
Los expertos coinciden
en señalar que la clave para combatir y prevenir la astenia primaveral
es mantener unos hábitos de vida saludables. En este sentido, es aconsejable:
llevar un ritmo de vida ordenada, respetar las horas de sueño,
mantener unos horarios fijos para acostarse y levantarse, realizar ejercicio
físico moderado y llevar una dieta saludable y equilibrada.

La revisión de la alimentación es una condición fundamental
para que el organismo extraiga de los alimentos los nutrientes que necesita
con el fin de estimular el sistema de defensas y combatir los síntomas.

– La dieta tiene que estar enriquecida en vitaminas y minerales, nutrientes
que participan en funciones diversas del sistema nervioso y de defensas y cuya
deficiencia tiene una relación directa con nuestro estado de ánimo
y de salud. En conjunto, la dieta puede ser marcadamente vegetariana, aunque
sin obviar los alimentos de origen animal. Abundarán las frutas, las
ensaladas y las verduras combinadas con farináceos (arroz, pasta, legumbre,
patatas…) o como ingrediente de los platos de carne, pescado o huevos.

– Las comidas a lo largo del día tienen que mantener un ritmo y un orden.
Interesa distribuir la alimentación en 5 tomas si pasan más de
cuatro horas de una a otra. No pueden faltar el desayuno, el almuerzo, la comida,
la merienda y la cena.

– El desayuno será consistente y aportará energía suficiente
para poder mantener el ritmo de tareas que se presentan durante la mañana.
Las sustancias excitantes como el café o el té se pueden sustituir
por los equivalentes sin cafeína o por preparados solubles a base de
cereales (malta, achicoria…). Los alimentos como el pan o derivados (galletas,
cereales, pan tostado, de molde…) son básicos y se preferirán
los integrales que aportan más fibra y mayor densidad nutritiva. Una
fruta fresca rica en vitamina C compensa parte de las necesidades aumentadas
de este nutriente, y se puede elegir entre: naranja al natural o en zumo, zumo
de pomelo, mandarinas, fresas, kiwi o piña. Si se omite la fruta en el
desayuno, ésta se reserva como aperitivo a media mañana.

– Entre horas, se puede tener optar por alimentos de mayor densidad en vitaminas
y minerales: frutas diversas, jugos de hortalizas o de frutas, frutos secos,
sandwich vegetales, macedonia de frutas y yogur, batidos de fruta y leche, etc

– Las comidas y las cenas estarán marcadas por la abundancia de los
vegetales. Comenzar cada comida por un caldo vegetal, un puré de verduras
caldoso o una ensalada variada es una buena elección. Los alimentos proteicos
(carnes, pescados o huevos) no deben faltar al menos una vez al día,
y pueden ser el complemento de una comida o una cena equilibrada. Terminar o
comenzar las comidas con una ración de frutas es todo un acierto. El
café de la sobremesa encuentra un sustituto más acertado en las
infusiones digestivas o relajantes.

– Las cenas serán más ligeras y se tomarán al menos dos
horas antes de acostarse, para que la digestión no interfiera con el
sueño, y éste pueda ser reparador. Una cena a base de un caldo
vegetal o un puré clarito, una ensalada completa junto con un postre
constituye una alternativa saludable para varios días. Se puede preparar
una sabrosa, exquisita y nutritiva ensalada a base de: hojas de lechugas diversas,
escarola, endibias, espinacas, hierba de los canónigos, cebolla, pepino,
ajo espolvoreado, zanahoria, remolacha, tomate, espárragos, vegetales
germinados… Cuanta más variedad de hortalizas y verduras incluya la
ensalada mayor es la riqueza nutritiva, y esto se traduce en mayor vitalidad
y energía. Como complemento del aliño, la levadura de cerveza,
las semillas de sésamo u otros complementos dietéticos, además
de enriquecer en vitaminas y minerales los platos, proporcionan agradables sabores.

– Mantener el cuerpo bien hidratado es fundamental para contribuir al buen
desarrollo de las distintas funciones orgánicas. De esta manera, se favorece
la función renal e intestinal y el organismo no se sobrecarga de sustancias
de desecho. Disponer de una botella de agua en un lugar fresco y bien visible
es la mejor forma de obligarse a tomar la cantidad de agua necesaria. Esto se
puede complementar con infusiones, zumos y jugos de hortalizas y frutas.

En determinadas ocasiones, el consumo de una dieta variada no es suficiente,
y es preciso recurrir a un aporte vitamínico o mineral complementario,
siempre bajo el asesoramiento profesional.

Enlaces de interés:
revista.consumer.es:Astenia crónica

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