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“La mejor acción que ha llevado a cabo Noruega es prohibir la publicidad destinada a los menores”

Liv Elin Torheim, vicepresidenta del Consejo Noruego de Nutrición

Algo diferente tiene que estar haciendo Noruega para que sus cifras sobre obesidad vayan a contracorriente del resto de Europa. El país nórdico tiene a un 25 % de sus habitantes con sobrepeso, mientras que en España la cifra alcanza ya el 55 %. Además, entre 2000 y 2018 ha conseguido reducir la ingesta de azúcar por habitante, pasando de los 43 kg que se consumían por año a los 23 kg. Parte de este éxito se debe a su política nutricional, basada en colaborar estrechamente con la industria alimentaria, en una dura legislación que controla la publicidad dirigida al público infantil y en el lanzamiento de potentes campañas de comunicación y educación. Con todo, la fórmula nórdica no es perfecta, y prueba de ello es la reciente bajada de impuestos en los alimentos no saludables (azúcar y refrescos) después de años consecutivos de subidas. Pero sí es muy ambiciosa. Liv Elin Torheim, vicepresidenta del Consejo Noruego de Nutrición y profesora de Nutrición en Salud Pública en la Universidad Metropolitana de Oslo, ha participado en la elaboración de las medidas para continuar esa tendencia a la baja de sus índices de obesidad y sobrepeso, sobre todo entre la población infantil, que se marca el Gobierno noruego para los próximos años. Nos cuenta en qué consisten.

Las primeras intervenciones para luchar contra el sobrepeso y la obesidad infantil en los países nórdicos se iniciaron en los años 70. ¿Cómo han cambiado desde entonces las políticas y acciones para tratar y prevenir este problema de salud?

Noruega fue uno de los primeros países del mundo en adoptar una política alimentaria en 1974. Pero en la década de los 70 la atención se centraba en la dieta saludable en general y en la autosuficiencia alimentaria (en generar un sistema alimentario propio en el país). A lo largo de los 80 se fue prestando cada vez más atención a la promoción de una dieta saludable que específicamente aconsejaba una reducción en la ingesta de ácidos grasos saturados, azúcar y sal; así como el aumento del consumo de frutas, verduras, cereales integrales y pescado. Pero la atención no se centraba específicamente en la obesidad, un problema que no se puso en evidencia hasta 2000.

¿En qué se basaron esas primeras iniciativas contra la obesidad?

En 2002 se elaboró un libro blanco sobre la salud pública cuando el sobrepeso y la obesidad –así como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes– fueron señalados como los principales retos sanitarios de Noruega. Unos años más tarde se definió una estrategia más completa, para 2007-2011, que incluía objetivos, medidas y responsabilidades concretas. Esta estrategia, que fue evaluada por la OMS en Europa, ha resultado fundamental a la hora de llevar a cabo las políticas y acciones de prevención de la obesidad que están contribuyendo a reducir el sobrepeso en el país.

¿Cuáles fueron exactamente esos objetivos sobre los que se centró aquella estrategia?

Se centró fundamentalmente en los niños y en los jóvenes. Ellos fueron el principal grupo de interés, junto con la reducción de las desigualdades sociales en materia de salud. Pero además de poner la atención en medidas estructurales, el plan también puso el foco en la comunicación, en la información que había que transmitir a los consumidores.

¿Qué promocionaban?

La lactancia materna, el aumento de la ingesta de frutas, verduras, hortalizas y alimentos integrales. Se fomentaba el agua como bebida principal y la reducción de grasas, productos lácteos y cárnicos grasos, sal y azúcar (bebidas azucaradas, dulces y aperitivos). Los resultados desde entonces han sido positivos, pero la estrategia ha sido sustituida por una nueva que plantea mejorar la alimentación para 2017-2023, el ‘Plan de Acción Nacional para una Dieta más Saludable’.

Los expertos suelen hacer similitudes entre la dieta nórdica y la mediterránea. ¿En qué se basa este tipo de alimentación?

En el consumo de alimentos vegetales y cereales enteros que se cultivan localmente. Se centra en las bayas del bosque [alimentos silvestres], en el pan de centeno, el aceite de colza, el nabo, la col y el bacalao, productos que se cultivan y producen localmente y han demostrado que aportan beneficios para la salud. En general esta dieta se basa en un patrón saludable, pero también en la sostenibilidad.

La obesidad infantil sigue siendo un problema en la región escandinava, pero Noruega se cita como ejemplo de éxito. ¿Cuáles han sido los avances más relevantes en este sentido?

Recientemente he dirigido un proyecto en el que hemos evaluado las políticas nutricionales noruegas para reducir la obesidad y las enfermedades ENT [siglas de “no transmisibles”: cardiovasculares, respiratorias, cáncer y diabetes] utilizando el método Food-EPI. Se trata de una herramienta internacional que usan los gobiernos para crear un ambiente nutricional más saludable, y que forma parte de un proyecto más amplio de la Unión Europea (WP1 de la Red de Evaluación de Políticas). Un grupo de expertos ha revisado estas políticas y, comparándolas con las mejores prácticas internacionales, concluyó que las de Noruega son bastante mejores que otras que se llevan a cabo satisfactoriamente en otros países.

De todas esas medidas, ¿cuál cree que es la más exitosa?

Como parte de este éxito destacaría que el Gobierno noruego restringe toda la publicidad dirigida específicamente a los niños a través de la Ley de Radiodifusión de 1992. Esta norma se considera muy importante a la hora de proteger a los menores de la publicidad en general y, en particular, de la de los alimentos y bebidas poco saludables. En el 2013 se fue más allá, y la industria alimentaria acordó una prohibición autorregulada del marketing en alimentos y bebidas azucaradas dirigido a niños menores de 13 años. Algunos expertos en nutrición consideraron que esta normativa podría incluso mejorarse (por ejemplo, subiendo el límite de edad a los 18 años y extendiendo la regulación al marketing de los envases), pero aún así ha tenido un fuerte impacto y, como consecuencia, la reducción de la comercialización de alimentos y bebidas poco saludables para los niños.

¿Este tipo de campañas fueron las empleadas para reducir la ingesta de azúcar entre la población?

Sí. Cuando las encuestas dietéticas de principios de 2000 mostraron que los niños noruegos tenían un alto consumo de azúcar, se tomaron medidas. Se realizaron campañas para informar a los padres y al personal sanitario sobre la importancia de reducir la ingesta de azúcar, las guarderías se centraron en ello con campañas como ‘Celebra el cumpleaños sin azúcar’. Además, la industria de alimentos para bebés redujo el contenido de este compuesto en las papillas. Padres y madres comenzaron a ser mucho más conscientes de la importancia de reducir el consumo de, por ejemplo, refrescos con azúcar. El resultado fue que la ingesta de azúcar en niños menores de cuatro años es ahora muy baja. Es cierto que aumenta con la edad, pero al menos la mayoría de los menores empiezan sus primeros años de vida ingiriendo menos azúcar.

¿En su país la nutrición tiene un papel importante en la sanidad pública y en la educación?

En Noruega, todos los niños desde el nacimiento acuden al centro de salud infantil para que un profesional de la sanidad pública les haga un seguimiento y les aconseje. Se mide a los niños (peso, altura) regularmente durante los primeros años y se da consejos a los progenitores sobre la lactancia materna y la alimentación de los bebés y niños pequeños. Además, casi todos los menores van a la guardería, donde en general se lleva prestando desde hace años más atención a la alimentación sana. Todo puede mejorarse, pero esta fórmula funciona y tiene un papel muy importante a la hora de comenzar con buen pie la educación nutricional de los niños. Actualmente no tenemos una política general para servir comidas escolares en Noruega, pero algunas escuelas ofrecen en sus desayunos o almuerzos la posibilidad de comprar leche, frutas y/o verduras a un económico precio.

Otro ámbito en el que el Gobierno noruego está actuando es el de la colaboración con la industria alimentaria.

Sí. El ministro de Sanidad ha establecido una colaboración con los principales agentes de la industria alimentaria del país, que se han comprometido a reducir el contenido de azúcar, sal y grasas saturadas en sus productos, contribuyendo así a una mayor ingesta de alimentos saludables por parte de los pequeños. Las autoridades sanitarias, además, tienen que contribuir con campañas de información. En general, las políticas noruegas combinan las medidas estructurales con información a la población.

En 2018, Noruega aumentó los impuestos sobre los alimentos y bebidas azucarados. ¿Ha funcionado esta medida?

Este aumento de impuestos trajo una fuerte presión por parte de la industria alimentaria, que se quejaba de una pérdida de negocio al incrementarse aún más las compras que realizan los noruegos en la frontera: los ciudadanos se pasaban a la vecina Suecia a adquirir refrescos, chocolates y alcohol baratos, ya que allí no tienen esa tasa. Por esa presión, este año el impuesto se ha reducido casi un 50 %, en el caso de los refrescos, y se ha eliminado por completo en algunos alimentos poco saludables. Además, la industria se opuso también a una regulación más estricta sobre la comercialización de alimentos y bebidas poco saludables dirigida a los niños. Por todo ello, aunque la salud pública tiene una posición fuerte en Noruega, podría ser aún mejor, ya que no siempre la salud pública prima sobre las decisiones políticas. A menudo vemos que los políticos la ponen en una balanza frente a otros intereses.

¿Es mucha la presión de la industria alimentaria?

La industria lucha contra las medidas con las que no está de acuerdo. Con el impuesto, dio un paso atrás, rompió esa colaboración que existía con el Gobierno para reducir el azúcar de sus productos. Ahora, con la reducción reciente de la tasa, vuelven a colaborar. Les gusta ser socios, pero no que les digan lo que tienen que hacer. Creo que habrá que ver si el modelo noruego de colaborar estrechamente con la industria alimentaria acaba funcionando o si es demasiado ingenuo.

¿Cree que la reducción en el consumo de azúcar entre la población se ha producido principalmente gracias a ese impuesto?

Ha sido una combinación de factores, ya que se han lanzado campañas de información a la población y también se han realizado acciones por parte de la industria para reducir el contenido de azúcar en los alimentos. Por ejemplo, en el yogur, ha disminuido mucho.

Puede haber influido el incremento de impuestos.

Quizá, pero como esta tasa se ha reducido recientemente, el precio de –por ejemplo– una tableta de chocolate ha bajado. A partir de ahora esto podría tener un efecto negativo para la población con menos recursos y es algo que me preocupa. Los noruegos beben gran cantidad de refrescos, y muchos de ellos se han pasado de los endulzados con azúcar a los endulzados artificialmente. Ello ha contribuido bastante a reducir el consumo de azúcar. En general, los noruegos son conscientes de que el consumo de azúcar debe ser bajo y tratan de reducirlo.

La obesidad infantil se suele relacionar con la situación socio-económica de las familias. ¿Ocurre lo mismo en Noruega?

Sí, hay una clara relación entre pobreza y obesidad. Los niños de familias con menos recursos sufren en mayor medida el sobrepeso. Son menores que toman más bebidas azucaradas, comen menos frutas y verduras y participan menos en actividades de ocio y deportes.

Como en el resto de países, en términos de gasto social, ¿en Noruega sale más rentable invertir en prevención que en curar?

Sin duda, la prevención y la promoción de la salud siempre serán más baratas que financiar el tratamiento de las enfermedades que provoca la obesidad.

A pesar de estos buenos datos, ¿cree qué todavía existen aspectos que deberían mejorarse?

Centrándonos en los niños más pequeños, parece que la industria alimentaria se está apostando ahora en la comercialización de productos dulces a base de fruta, como esas bolsitas con purés de fruta o fruta deshidratada, que no son mejores que las golosinas. A menudo se comercializan como alimentos  saludables y sustitutos de las frutas y verduras frescas, pero apenas contienen vitaminas, minerales o fitoquímicos, son muy dulces y nada saludables. Espero que Noruega tome cartas en el asunto y adopte medidas más estrictas.

¿Cuál es entonces la asignatura pendiente en materia de obesidad infantil en Noruega?

Los expertos del proyecto Food-EPI, una evaluación reciente realizada en 11 países de los cinco continentes, recomendaron acciones concretas, como reducir el precio de los alimentos saludables y aumentar el de los no saludables. Por desgracia, el Gobierno noruego ha hecho justo lo contrario y ha reducido el impuesto sobre las bebidas azucaradas, el alcohol y los dulces. El grupo de expertos también recomendó introducir frutas y verduras gratuitas para los niños en el colegio y, al menos, una comida escolar gratuita, que no tenemos en Noruega. Además, también aconsejaron reforzar la labor en materia de nutrición en los municipios y en los entornos públicos. Hay muchas directrices que aún no se siguen debido a la falta de capacidad y competencia de los diferentes municipios.

‘Fiskesprell', un ejemplo de educación nutricional en las aulas

Traducido sería algo similar a “Diversión con el pescado”. Se trata de un programa dietético nacional destinado a aumentar la ingesta de marisco entre niños y adolescentes noruegos. Es uno de los planes que fomenta el Gobierno de Noruega, a través de cada región, para educar a los más pequeños y fomentar la alimentación saludable desde una temprana edad. Con Fiskesprell, los profesores de las escuelas y jardines de infancia intentan promover el pescado y el marisco (producto del que Noruega es un gran exportador) como opción natural en las comidas. Para ello, el Gobierno ofrece gratuitamente recursos didácticos y cursos al personal de estos centros educativos sobre nutrición infantil. Con ingredientes frescos y métodos de cocina variados, se les enseña a preparar platos sencillos de marisco que gusten a los niños y que se adapten a la vida cotidiana en el jardín de infancia.

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