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Refrescos: una montaña de azúcar

Al tomar una bebida azucarada consumimos unos ocho terrones de azúcar, una ingesta que si es continuada puede derivar en diabetes y enfermedades cardiovasculares

Con las altas temperaturas del verano, tomar un refresco en una terraza resulta un plan muy apetecible. Pero ¡cuidado! Muchas de estas latas contienen azúcar en cantidades sorprendentes, como veremos a continuación, y su consumo tiene repercusiones para la salud. Ingerir de forma habitual este tipo de bebidas azucaradas, como refrescos de cola, bebidas isotónicas o bebidas energéticas, se vincula con importantes problemas como diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por eso, los especialistas recomiendan erradicarlas de la dieta. En las siguientes líneas lo vemos.

Cada vez que una persona toma una lata de refresco azucarado está bebiendo entre siete y ocho terrones y medio de azúcar, dependiendo de la marca. Si consume dos al día, una media bastante frecuente, al cabo del año su cuerpo habrá acumulado 5.475 terrones, casi 22 kilogramos de azúcar. A medio y largo plazo los efectos de este hábito, común en millones de personas, son perjudiciales para la salud por la cascada de efectos que tiene. La evidencia médica al respecto es aplastante. “Se ha visto que las personas que toman de forma regular muchos hidratos de carbono simples [aquellos que el intestino absorbe rápidamente, como la glucosa y la fructosa presentes en los refrescos] son más obesos, tienen hipertensión e hipertrigliceridemia, desarrollan más resistencia a la insulina y les bajan los niveles de HDL (colesterol bueno). Todo eso tiene un nombre: síndrome metabólico, la fase previa al desarrollo de la diabetes tipo 2”, explica José López Miranda, subdirector científico del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic) del Hospital Reina Sofía de Córdoba.

Los beneficios de los refrescos, nulos

Eso es lo que ocurre en el cuerpo con un consumo habitual, pero ¿la salud de una persona está en riesgo por tomar un refresco azucarado de vez en cuando? Para que la medicina diera una respuesta habría que precisar qué se quiere decir exactamente con “de vez en cuando”, algo casi imposible porque, dicen los especialistas, suele utilizarse para justificar hábitos que no son saludables y con frecuencia encierra un consumo mucho mayor del que se confiesa.

Lo que sí ha demostrado la medicina es que los beneficios de abrir una lata son nulos. Es cierta la idea de que una bebida de cola puede subir algo la tensión arterial porque tiene estimulantes derivados de la cafeína, aunque en modo alguno debe adoptarse como tratamiento; la hipotensión tiene que valorarla un profesional. Las bebidas isotónicas tampoco son recomendables para tratar la diarrea aguda, a pesar de la creencia popular. Durante estos episodios, el cuerpo pierde, sobre todo, agua y potasio, un compuesto que es casi inexistente en este tipo de productos. Es más, tomar este tipo de bebidas puede agravar el problema. La enorme cantidad de azúcar que contiene (4,4 g por cada 100) obliga al organismo a liberar más agua, lo que puede empeorar la diarrea. Ante estas dolencias la mejor opción para rehidratar el cuerpo son los sueros orales.

El azúcar en España se bebe

En los últimos 20 años la diabetes ha pasado en España del 8 al 14 % de la población, lo que da idea del impacto en la salud pública de productos como los refrescos azucarados. El estudio Anibes, coordinado por la Fundación Española de Nutrición (FEN), llegó a la conclusión de que “la tercera parte del consumo de azúcar está en las bebidas que tomamos a diario”. La investigación, la más amplia que se ha hecho hasta la fecha en nuestro país sobre hábitos de consumo, estilos de vida e ingesta de macronutrientes y micronutrientes, apunta un factor que ha señalado también la Organización Mundial de la Salud (OMS): el mayor consumo de bebidas azucaradas se acompaña de una dieta de cada vez peor calidad en la que se reduce la ingesta de alimentos fundamentales para la salud como la leche. El resultado, explica la OMS en sus directrices, es “la ganancia de peso en niños de 2 a 18 años de edad”.

Prioridad: reducir el consumo de bebidas azucaradas

José López Miranda fue consciente del riesgo del azúcar cuando, recién licenciado en los noventa, residió un par de años en EE.UU.: “Entonces ya sufrían una epidemia de obesidad y los problemas cardiovasculares que acarrea se habían disparado. Ver a personas con obesidad mórbida era habitual. Pues bien, eso ya está sucediendo en España, y si no hacemos algo nos irá muy mal”. Muchos especialistas abogan por enseñar desde la infancia la riqueza de los distintos sabores de alimentos y bebidas sin enmascararlos con el sabor dulce.

Como ocurrió con el tabaco, hasta ahora la medida más efectiva para reducir el consumo de bebidas azucaradas ha sido gravarlas con impuestos y tasas. En Cataluña el aumento del precio de las latas entre un 5 % y un 10 % ha tenido un resultado espectacular. El impuesto especial empezó a aplicarse en mayo de 2017 y en el primer año se redujo el consumo de estos refrescos un 22 %, según un estudio del Centro de Investigación en Economía y Salud de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Esta investigación, basada en el análisis de las ventas semanales de 105 productos en 160 tiendas de Cataluña, constataba una reducción mayor de las ventas en zonas con mayores índices de obesidad. El estudio señalaba que “el impuesto ha conseguido el objetivo a corto plazo”, y añadía: “Los datos muestran una caída del consumo de bebidas azucaradas en seis litros por semana, producto y tienda respecto a las light/zero”.

Reducir el consumo de hidratos de carbono simples, junto a otras medidas (ejercicio físico, tomar menos sal y no fumar) “tiene más efecto en la salud de la población que cualquier medicamento”, explica López Miranda. Pero desterrar las bebidas azucaradas es un reto difícil porque su consumo no se percibe como algo dañino y, por tanto, es un hábito socialmente aceptado.

No solo son bebidas de cola

¿Cuántas personas se plantean optar por refrescos más sanos cuando salen a comer o a tomar algo? Alternativas existen: agua con gas y limón, café con hielo, cerveza sin alcohol, zumo de tomate, té con hielo y limón… López Miranda recuerda que los refrescos azucarados son muy recientes en la alimentación humana: “Tienen poco más de un siglo, y no debemos olvidar que, aunque los extraigamos de fuentes naturales, son totalmente artificiales y nuestro cuerpo no está diseñado para tomarlos”.

Aunque la mala fama se la llevan los refrescos como la cola, otras bebidas que en ocasiones se presentan como opciones más saludables tampoco lo son, porque tienen los mismos efectos perjudiciales en la salud humana. Los batidos o néctares, por ejemplo, albergan tanta glucosa y fructosa como un bollo industrial; una bebida energética de 500 mililitros contiene 18 terrones de azúcar (72 g); y un brick individual de zumo de frutas incluye seis terrones (24 g).

Julio / Agosto 2019 Imagen: CONSUMER EROSKI

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