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La dieta en la Diabetes Mellitus

La diabetes es una enfermedad crónica que afecta aproximadamente al 5% de la población de nuestro país

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 6 septiembre de 2001

La diabetes mellitus es una enfermedad crónica en la que se produce una
alteración en el aprovechamiento de los azúcares debido a una carencia
parcial o total de la hormona insulina o a que esta no cumple su función.

La insulina hace posible que los azúcares entren en las células
para poder ser utilizados como fuente de energía. Si ésta es escasa
o funciona mal, los azúcares se acumulan en la sangre, produciendo lo que
se denomina hiperglucemia (niveles por encima de lo normal de azúcar -glucosa-
en la sangre).

Se calcula que en España entre el 3 y el 5% de la población es diabética,
de los cuales la mayor parte (85%) sufren la llamada diabetes tipo II o
del adulto
(no dependiente de insulina), y en menor proporción (15%),
la diabetes tipo I o infantil (precisa de administración de insulina).
No obstante, existen otros tipos de diabetes: tipo mody (de inicio en la edad
infantil pero con características típicas de diabetes de adulto),

diabetes pregestacional y gestacional (de incidencia durante el embarazo),
diabetes III (comienza en el adulto como la diabetes tipo I y evoluciona como
la diabetes tipo II), diabetes secundarias a alteraciones orgánicas o a
enfermedad de páncreas, tiroides, glándulas suprarrenales…,
e intolerancia hidrocarbonada. En este último caso, las hiperglucemias
son menos severas que en el resto. En relación con los tipos de diabetes
más comunes, las causas son múltiples y varían según
nos refiramos a la tipo I o a la II:
– En la diabetes tipo II, están implicados factores genéticos (herencia),
la obesidad
(80% de los diabéticos tipo II sufren sobrepeso u obesidad), las
dietas desequilibradas (muy energéticas y ricas en azúcares sencillos),
el sedentarismo y el envejecimiento de la población.
– En la diabetes tipo I, influyen una cierta predisposición individual,
así como alteraciones del sistema inmune (de denfensas del organismo) e
infecciones víricas que pueden desencadenar reacciones de autoinmunidad
con destrucción de las células pancreáticas que secretan
la insulina. Es por esta razón que quienes la sufren necesitan ya de entrada
inyectarse insulina.

Síntomas más frecuentes:
En cuanto a la manifestación de sus síntomas, depende del tipo de
diabetes que se trate:
* Diabetes tipo I. Los síntomas más comunes son aquellos que derivan
de un exceso de glucosa en sangre (hiperglucemia). En su inicio (conocido en clínica
como debut diabético), las manifestaciones típicas son las que se
describen a continuación. Cuando la glucosa en sangre supera unos limites
determinados, el riñón no puede impedir que ésta se elimine
por la orina (glucosuria). Además, para eliminar tal carga de azúcares
por el riñón, es necesario diluirlos en la propia orina; el azúcar
arrastra gran cantidad de agua y la persona diabética orina mucho (poliuria).
Al perder tanta agua, el organismo se deshidrata y el diabético tiene mucha
sed y bebe mucho(polidipsia). Por otro lado, como está aprovechando
mal su principal fuente de energía (azúcares), se estimula mucho
más su apetito y come en exceso (polifagia), aunque esto no soluciona
el problema, por lo que pierde peso y se siente cansado. Una vez se inicia el
tratamiento médico y dietético, remiten todos los síntomas.
* Diabetes tipo II. No se presentan los síntomas descritos en el párrafo
anterior, y es por esta razón que se intuye que más de la mitad
de las personas que la sufren no están diagnosticadas. En ellas, los síntomas
son más inespecíficos y no tan claros, ya que el origen de la diabetes
no es que no exista insulina sino que esta es insuficiente o que se aprovecha
mal.

La dieta, fundamental en el tratamiento de la diabetes.
En cuanto al papel de la alimentación en esta patología crónica,
se sabe que una dieta equilibrada (la conocida dieta
mediterránea
), es un aspecto muy importante a tener en cuenta respecto
a su prevención. Pero además, en la persona ya diabética,
la dieta es uno de los pilares fundamentales del tratamiento, ya que colabora
en la regulación de los niveles de azúcar en la sangre y previene
posibles complicaciones a corto plazo (hiperglucemias e hipoglucemias) y largo
plazo (enfermedades cardiovasculares: hipertensión,
hipercolesterolemia,

hipertrigliceridemia, etc.). En ocasiones, la dieta se combina junto
con la administración de insulina (tipo I) o junto con la toma de ciertos
medicamentos llamados antidiabéticos orales (A.O.), aunque estos no son
necesarios en todos los casos (tipo II). Así mismo, se recomienda la práctica
regular de ejercicio (aumenta el llamado buen colesterol en sangre, mejora la
circulación periférica y el aprovechamiento de los azúcares
por parte del musculo, permite reducir las dosis de insulina o A.O…) lo que
no sólo es beneficioso para las personas que tienen diabetes, si no para
toda la población en general.

Tratamiento dietético.
La dieta no puede curar la diabetes pero sí controlarla mejor y por ello,
el tramiento dietético deberá llevarse a cabo durante toda la
vida. La dieta debe ser individualizada; en función de las características
de cada persona, su estilo de vida, tratamiento específico (insulina
o A.O.), etc. En general, los puntos más importantes a tener en cuenta
son los siguientes:
– Dieta individualizada, variada y equilibrada.
– Fraccionada en 5-6 tomas al día (menor volumen de alimento por toma,
mejor control de los niveles de glucosa en sangre).
– En concordancia con el tratamiento con insulina o con la toma de antidiabéticos
orales y con la práctica de ejercicio físico.
Rica
en fibra
(verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y fruta
en las cantidades adecuadas a cada caso).
Reducida
en grasas saturadas
y colesterol (moderar el consumo de lácteos
completos y los muy grasos, carnes grasas, huevos y sus derivados, charcutería,
vísceras..), como prevención a largo plazo de enfermedades cardiovasculares.
– Controlada en alimentos que contienen hidratos de carbono simples (azúcar,
miel, mermelada, zumo y fruta, bebidas azucaradas, golosinas, chocolate y derivados…)
y complejos (cereales, patatas, legumbres).
Se recomienda sustituir el azúcar
o la miel
por edulcorantes no nutritivos tales como la sacarina, el ciclamato,
el aspartame y el sorbitol, ya que además de que no aumentan los niveles
de azúcar en la sagre, no aportan calorías, lo que es beneficioso
para quienes tienen sobrepeso u obesidad.

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