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Norma Irene García-Reyna, nutricionista y doctora en Psicología infantojuvenil, y Sandra Gussinyer Canabal, psicóloga clínica infantojuvenil y doctora en Psicología Médica

Todos nuestros pacientes han sufrido bullying escolar por su peso

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 19 junio de 2009

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Imagen: CONSUMER EROSKI

En 2001, coincidieron en la Unidad de Endocrinología Pediátrica del Hospital maternoinfantil Vall d’Hebron las doctoras Norma García-Reyna y Sandra Gussinyer. Centradas en la investigación sobre trastornos de la conducta alimentaria, ambas pasaban consulta a pacientes con problemas de obesidad. Lo hacían por separado en áreas diferentes hasta que decidieron unirse para compensar las carencias de cada una.
Empezaron a realizar visitas conjuntas a niños con sobrepeso y obesidad a los que acompañaban sus familias. Una aportaba los conocimientos de psicología y otra de alimentación, y se “retroalimentaban” mutuamente. Tras un tiempo se dieron cuenta de que hacía falta una herramienta para tratar a estos pacientes “de manera holística y en grupo para poder abarcar una mayor población”. Atendiendo a sus palabras, configuraron el proyecto “Niños en movimiento”. Buscaron bibliografía, estudiaron programas estructurados de otros países en los que se incluía como parte del tratamiento no sólo la alimentación, sino también los cambios en los estilos de vida y la emocionalidad. “Deseábamos introducir la terapia de grupo, desarrollar un tratamiento individual e involucrar a la familia. Nos pusimos manos a la obra y empezamos a desarrollar el material y después a aplicar el programa de forma piloto”, recuerdan ahora que su proyecto es una realidad avalada por tesis doctorales y artículos en revistas científicas, pero sobre todo por los éxitos cosechados con sus pacientes: niños con obesidad que han dejado atrás la enfermedad con su programa de tratamiento integral del sobrepeso y la obesidad.

¿Cuándo hay que plantearse la necesidad de enfrentarse a la obesidad infantil como un problema que precisa una intervención concreta, más allá de la dieta?

El tratamiento convencional nunca ha funcionado, no es suficiente con decir al paciente que coma menos, se mueva más y regrese en un mes, de ahí la desesperación de los profesionales de la salud. El tratamiento ha de ser integral en todos los casos, son niños que aumentan un promedio de un kilogramo por mes. Si no hacemos cambios, el aumento de peso persiste y cada vez se complica más el problema.

¿Por qué tratan sólo a niños de 7 a 12 años?

“Niños en movimiento” está dirigido a esta franja de edad porque el material educativo tiene que ser específico por edades, y cuando empezamos a crear el material era la franja de edad con mayor prevalencia. Pero este año se editará el material para “Adolescentes en movimiento”, un periodo de vida con el que llevamos un año trabajando, tanto con los adolescentes como con sus padres. Y próximamente trabajaremos en el material de preescolares, edades que cada vez encontramos más afectadas con este problema, con la única ventaja de que es la mejor edad para empezar a actuar.

La clave de su programa es la concepción integral: grupos de niños y niñas, y sus progenitores. ¿Qué es lo más difícil a la hora de formar los grupos?

El compromiso que tienen que adquirir tanto la familia como los niños. Para nosotras es imprescindible que acuda al programa la persona que está a cargo de la alimentación del niño, que suele ser la madre o una abuela. De todas formas, el éxito está más asegurado si viene también el padre, cuanta más gente de la familia se implique, mejor. Pero es un programa que dura once semanas, que hay que sumar a las dos semanas de evaluación, una al comienzo y otra al término. Las consultas se realizan en horario escolar, por lo que conseguir que los padres las consideren de suficiente importancia como para solicitar que les den permiso en su trabajo y asistir a las sesiones es una dificultad añadida.

¿Por qué once semanas en sesiones de hora y media semanal?

La duración tiene que ver con los objetivos planteados. Es un programa estructurado con la duración necesaria para poder cumplir cada uno de los objetivos. Las sesiones tienen también un tiempo de duración largo para poder abarcar cada uno de los temas planeados. Nuestros pacientes necesitan ser motivados semana a semana, a diferencia de los tratamientos convencionales en los que las visitas son más espaciadas en el tiempo, por lo que la adherencia al tratamiento no logra alcanzarse.

El éxito pasa por corregir hábitos. ¿Cómo se asientan?

Adquirir nuevos hábitos sólo se logra con la dedicación semanal que se ofrece de manera constante y continuada a los pacientes y a sus familias; la adherencia al tratamiento se consigue cuando el paciente está motivado y se le acompaña.

Vayamos por partes: el triángulo de “Niños en movimiento” lo conforman tres vértices: la alimentación, el ejercicio físico y la emocionalidad. ¿Cómo equilibran los tres ángulos?

“Planteamos una filosofía de vida, una forma de alimentarse de forma sana para toda la vida”

Es la única manera de atacar el problema. Sabemos que cada una de las partes tomadas de forma aislada no funciona; la obesidad infantil constituye un factor de riesgo para el desarrollo, tanto a medio plazo (infancia y adolescencia) como a largo plazo (vida adulta), de complicaciones ortopédicas, respiratorias, cardiovasculares, digestivas, dermatológicas, neurológicas, endocrinas, ciertas formas de cáncer y, en general, una menor esperanza de vida. Y como factor de riesgo inmediato los niños obesos tienen una pobre imagen de sí mismos y expresan sentimientos de inferioridad y rechazo. El tratamiento de la obesidad infantil precisa pues combinar una alimentación no carencial y equilibrada que permita un crecimiento adecuado, un incremento de la actividad física y la modificación de actitudes y comportamientos alimentarios tanto del niño como de su entorno familiar, sin descuidar aspectos psicológicos, como la baja autoestima, rasgos de ansiedad o depresión, o el acoso que muchas veces sufren los niños con sobrepeso, que pueden dificultar a corto y largo plazo su integración social y su desarrollo emocional.

Respecto a la alimentación, ¿qué errores ha evidenciado su experiencia?

El principal problema es la falta de educación alimentaria, se desconoce qué es lo que se está haciendo mal en la alimentación. Por ejemplo, se saltan tiempos de comida pensando que eso llevará a bajar de peso cuando es todo lo contrario: el 40% de los niños con sobrepeso no desayuna, lo cual tiene una correlación proporcional con la prevalencia de sobrepeso. Se reparten mal los tiempos de comida, se hacen comidas cuantiosas a cambio de cenas hipocalóricas. Las madres de niños obesos se toman la ley por su mano y rehúsan dar bocadillos para media mañana y para merendar porque piensan que el pan les va a engordar, cuando en realidad es lo mejor que podrían hacer. Se entra en un círculo vicioso en el que hacen que sus hijos pasen hambre, lo que va a provocar que tengan más ansiedad en los tiempos de comida y este es el principal motivo para que se den un atracón para calmar los nervios.

¿Qué es lo más difícil de erradicar?

“A mayor tiempo de ver la televisión y jugar a videojuegos más grado de sobrepeso se puede presentar”
Los mitos alimentarios, que son muchos. Pensar que el aceite de oliva es muy sano, y lo es en cuanto a fuente de grasa, pero tiene las mismas calorías que cualquier otro tipo de grasa y, por lo tanto, se ha de consumir con precaución. Que los zumos de tetrabrick sustituyen la fruta, o que un producto lácteo bebido muy conocido puede sustituir a una ración de leche, o que alimentos como el pan, el arroz o la pasta engordan mucho, cuando el problema por regla general es la preparación.

¿Se utilizan dietas?

En el programa enseñamos a alimentarse correctamente a toda la familia, con una dieta que tendríamos que llevar todos: las personas con sobrepeso, los delgados, el abuelo con diabetes y el “vecino del cuarto”. Es una alimentación normocalórica para edad y sexo. De hecho, muchos padres y niños nos comentan que comen mucho más que antes, con la gran diferencia de que optan por una alimentación de calidad.

¿Cómo se logra?

Con coherencia. Un enorme error es pensar que tu hijo se puede alimentar bien cuando el resto de la familia no lo hace. En “Niños en movimiento” pedimos cambios en toda la familia, si la madre y el padre son capaces de forjar cambios alimentarios, los podrán trasladar a sus hijos. No ponemos a nadie una dieta que se ha de realizar durante un tiempo, sino que planteamos una filosofía de vida, una forma de alimentarse sanamente para el resto de la vida, que es la que se deberá proporcionar a generaciones posteriores.

Respecto al ejercicio físico, ¿cuáles son los malos hábitos más asentados?

Nuestros pacientes son por lo general niños más sedentarios que otros. Al tener más peso es muy probable que tengan menor flexibilidad y menos agilidad, lo que les hace sentirse más torpes. No tienen el mismo rendimiento que un niño con el peso normal así es que esto no ayuda a la motivación para adherirse a un ejercicio estructurado. También sabemos que a mayor tiempo de ver la televisión y jugar a videojuegos más grado de sobrepeso se puede presentar. Son niños que en promedio pueden estar hasta cuatro o cinco horas entre estos dos pasatiempos.

¿Qué propósitos se persiguen y cuáles se alcanzan?

El objetivo es aumentar la actividad física en la vida cotidiana y la actividad física como ejercicio estructurado. Les motivamos para que caminen más, que utilicen las escaleras en lugar del ascensor, a que ayuden en las tareas del hogar, pasear a la mascota, jugar fuera de casa, limpiar su habitación, etc. Uno de los objetivos del programa es disminuir a una hora y media el tiempo sumado entre televisión y videojuegos.

¿Cómo se convierte en atractiva una actividad de ocio que no sea sedentaria?

El ejercicio físico estructurado forma parte del tratamiento del sobrepeso y obesidad, tiene que ser una actividad con la que disfruten, un ejercicio elegido por ellos. Si es deporte en equipo, mejor, pero si con lo que disfrutan es patinando o nadando es igualmente efectivo. Hacerlo tres veces por semana quema calorías y además disminuye la grasa del cuerpo, fortalece tendones y ligamentos, e incrementa la flexibilidad y la resistencia. Se mejora en poco tiempo la imagen corporal lo que aumenta la autoestima.

Precisamente, el tercer vértice es la emocionalidad. ¿Cómo aceptan los niños y los padres que tienen un problema?

Antes de iniciar el tratamiento de la obesidad nos podemos encontrar con que los padres no se den cuenta de que su hijo tiene un problema. Sin embargo, cuando llegan a nuestro hospital la mayoría ya son conscientes. Nuestra institución es un hospital de tercer nivel, el niño que llega a nosotros ha pasado por el pediatra, el endocrinólogo, y este último es quien nos lo deriva para que inicie el programa.

¿Cómo se establece la comunicación?

“Soledad, tristeza o ansiedad son algunas de las emociones que el niño con sobrepeso tiende a resolver con la comida”
El lenguaje está adecuado a la edad con la que trabajamos, depende de si nos dirigimos a los niños o a sus padres. Nuestro material incluye cuadernos de trabajo en los que se aborda la información mediante un cuento infantil donde los personajes sufren los mismos problemas a los que se pueden enfrentar los niños con sobrepeso. También se trabaja a partir de ejercicios que tienen que contestar y mediante juegos y pasatiempos. Durante las sesiones semanales se trabaja con role playing [una técnica a través de la cual se simula una situación que se presenta en la vida real], juegos, ejercicios físicos de relajación y haciendo revisión de lo que han trabajado en casa con los cuadernos que han contestado durante la semana. De esta manera aprenden a mejorar su autoestima, disminuyen sus rasgos de ansiedad y de depresión. Estos problemas psicológicos que presentan son consecuencia en la mayoría de los casos de la presión social a la que están sometidos. Todos los niños que han realizado nuestro programa han sufrido bullying escolar por su problema de peso.

Un dato muy alarmante.

Pero real. Son niños rechazados por los compañeros para participar en juegos grupales y tachados de torpes y tontos. Los niños pueden confundir los sentimientos: la soledad, la tristeza, la ansiedad o el enfado son algunas de las emociones que el niño con sobrepeso tiende a resolver mediante la comida, y hay que enseñarle otras fórmulas. Les enseñamos a diferenciar los sentimientos y a que cada problema tiene su propia solución.

“Niños en movimiento” es un método educativo y formativo de carácter terapéutico. ¿Han pensado en ampliarlo como método preventivo?

Si bien nuestro programa se fundamenta en el tratamiento de la obesidad infantil, es también preventivo de la obesidad en la adolescencia y en la edad adulta. La mayoría de los niños obesos que no son tratados serán adultos obesos, de hecho es uno de los problemas mayores de la obesidad, cuando se inicia se perpetúa, de allí la importancia de actuar a edades tempranas.

Pero, sin duda, es necesaria la educación preventiva concebida como tal.

Cierto, pero no es el caso de “Niños en movimiento”, ya que es un programa dirigido a los niños que ya tienen el problema de peso, por lo que no se puede aplicar en un ámbito escolar con niños de la población general, ya que no se identificarían con el problema. Sin embargo, hemos creado el programa “Nútrete, programa de alimentación y salud emocional”, en el que se abordan temas de alimentación, nutrición, cambios de estilos de vida y emocionalidad. Este sí está dirigido a niños de escuelas primarias de 6 a 12 años, y sí es un programa de prevención de la obesidad, así como de trastornos de la conducta alimentaria.

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Imagen: anne filip

García-Reyna y Gussinyer han formado a 120 educadores en obesidad infantil en el programa “Niños en Movimiento”. La mayoría son médicos y enfermeros pediátricos, psicólogos, dietistas-nutricionistas, pedagogos y endocrinólogos. El programa se está aplicando en diferentes sitios de España (Logroño, Figueres, Vielha, Córdoba, Avilés, Palma de Mallorca, Pamplona, Valencia, Barcelona…) y en México. En todos los lugares el problema es el mismo: son necesarios dos profesionales y dos espacios para aplicarlo, y en muchas ocasiones no es viable. Esto evidencia que en España se está utilizando muchos recursos para el diagnóstico de la obesidad infantil pero muy pocos para el tratamiento. Hay muchos hospitales en los que la figura del psicólogo y del dietista es inexistente, y cuando se cuenta con ellos, el trabajo multidisciplinar es muy complicado”.

Mientras, se suceden congresos de obesidad en los que se obvia la parte emocional del tratamiento. “Al finalizar nuestro programa los niños y sus familias consumen más frutas, verduras, pescado y cereales en el desayuno. Y del 40% de niños que no desayunaban se pasa al 9%”. Pero además, destacan, “cuando estos hábitos se afianzan mejora la autoestima y disminuyen los rasgos de depresión”. “Cuando nos creamos que alimentándonos bien mejoramos el estilo de vida, entenderemos que además de enseñar a comer aprendemos a ser valientes y a buscar la propia felicidad”, concluyen.


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