Vivir con una alergia alimentaria desde niño supone estar pendiente en todo momento de las etiquetas de los productos, los ingredientes de los menús y hasta del material escolar —leche, huevo, soja, gluten o frutos secos son algunos de sus componentes—. Sus padres y cuidadores, y por supuesto el peque, se cuidan mucho de no despistarse ni cometer un error en este sentido.
Evitar el alérgeno causante tanto dentro como fuera de casa constituye la medida más eficaz para no sufrir una reacción alérgica con síntomas repentinos como picor, urticaria, hinchazón en lengua, labios o garganta, dificultad para respirar… Pero no siempre es fácil.
Anafilaxia en la infancia: qué es y por qué ocurre
De hecho, en ocasiones en estos niños y niñas se produce una anafilaxia, la manifestación alérgica más grave que existe, fundamentalmente por culpa de tomar algo con leche, huevos, frutos secos, pescado o marisco. Esta reacción alérgica, de aparición rápida (en tanto solo 30 minutos) y potencialmente mortal si llega a afectar al sistema cardiocirculatorio (shock anafiláctico), puede presentarse con síntomas variados en diversos sistemas:
- afectación de piel y/ mucosas: angioedema (hinchazón de labios y campanilla), urticaria, prurito…
- compromiso respiratorio: dificultad respiratoria (disnea), sibilancias, estridor…
- problemas gastrointestinales: vómitos repetidos, dolor abdominal…
- disminución de la presión arterial y síntomas asociados, como malestar general, mareo, incontinencia, hipotonía o pérdida de consciencia.

Además, ciertos factores aumentan la probabilidad de que se desencadene esta reacción alérgica tan desmesurada: el ejercicio (sobre todo en adolescentes), los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), la fiebre, el estrés y el estado premenstrual.
Se calcula que se registran unos 14.000 casos de anafilaxia al año. Muchos de ellos son de menores, y cada vez más. “Se está observando un incremento de las anafilaxias, especialmente en población pediátrica de entre 0 y 14 años, en la que los ingresos hospitalarios por esta causa se han multiplicado por 13 entre 1998 y 2011”, comentaba en 2025 la doctora Victoria Cardona, presidenta del Comité de Anafilaxia de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Datos más actuales de la entidad indican que entre 2016 y 2021 se registraron más de 2.500 ingresos por anafilaxia pediátrica.
👉 Qué hacer ante un caso de anafilaxia
La anafilaxia es una emergencia médica que exige una actuación inmediata y coordinada. Por eso, ante cualquier sospecha en el niño, hay que intervenir rápido y administrarle lo antes posible adrenalina intramuscular como tratamiento de primera línea. Por supuesto, se debe mantener al menor en la posición adecuada y sin dejarlo solo en ningún momento.
Siempre hay que recurrir a ayuda sanitaria, incluso si responde bien a la adrenalina. Así, en todo caso, se debe llamar a emergencias (112) comentando que estamos atendiendo una reacción anafiláctica y, después, llevarle a un centro médico.
Anafilaxias en los centros educativos: protocolos y formación ante una reacción alérgica grave
Los centros educativos, según la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA), son testigos de una de cada cinco anafilaxias y aproximadamente la mitad de esos casos entre sus estudiantes es la primera reacción alérgica conocida del menor. Además, no siempre ocurre en el comedor escolar, donde está obligado por ley a ofrecer menús especiales para el alumnado con diagnóstico médico.
No obstante, “la respuesta ante una emergencia no siempre está garantizada. La falta de protocolos homogéneos, de formación específica o de acceso ágil a la medicación puede marcar la diferencia en situaciones en las que cada minuto es crucial”, advierte la asociación.
En España no existe un reglamento nacional que obligue a los centros a administrar medicación de urgencia ante una situación de riesgo vital como esta, pero tienen el deber de socorrer. Tan solo hay recomendaciones y algunas comunidades tienen protocolos y programas diversos (AIRE o Alerta Escolar), pero otras no. Baleares ha anunciado que será la primera en implantar “un marco común de actuación que garantice criterios homogéneos en todos los centros educativos públicos y aporte seguridad jurídica al personal que deba intervenir en situaciones de urgencia vital”.
Así que en muchos colegios de nuestro país faltan pautas de actuación concretas, enfermeras escolares y formación de sus trabajadores en torno a alergias alimentarias y anafilaxia. Es llamativo, como exponen desde la SEIAC, que entre el 50 % y 70 % de las personas que trabajan en estos centros nunca ha recibido formación de este problema. Además, solo un 15 % reconoce qué es un autoinyector de adrenalina y mucho menos son quienes saben usarlo. En consecuencia, muchas veces se prioriza el uso de antihistamínicos, cuando no deben ser sustituto de la adrenalina.
Medidas para garantizar colegios seguros frente a la anafilaxia
Ante esta realidad tan preocupante, en abril la AEPNAA expuso la situación en el Congreso de los Diputados junto a familias, la SEAIC, la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) y la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI). Y, además, presentó ‘Cada minuto cuenta’, un manifiesto respaldado por las sociedades médicas y el Foro Español de Pacientes con el que se pide garantizar entornos escolares seguros frente a la anafilaxia.
Para ello, proponen cinco medidas prioritarias para implantar en los centros educativos:

➡️ Protocolo nacional homogéneo en todos los centros escolares
Es necesario disponer de un protocolo obligatorio claro, común y operativo en todo el país para la prevención y la respuesta ante la anafilaxia en el entorno escolar, basado en la evidencia clínica. Porque si no lo hay, cada paso que se dé con el menor ante esta emergencia vital queda a expensas de cada centro.
➡️ Planes individualizados para cada alumno alérgico
Cada estudiante con alergia debe contar con un plan de actuación individual (PAI), acordado entre la familia, el centro educativo y el equipo clínico antes de comenzar las clases. Accesible y localizable para el profesorado y todo el personal que pueda estar en contacto con el menor (auxiliares, personal de comedor…), este documento debe incluir sus datos, los alimentos que causan la alergia, los síntomas de alerta y los contactos de emergencia.
El plan tiene que someterse a actualización periódica y en coherencia con las recomendaciones clínicas. Su protección exige un control riguroso en el comedor escolar, los materiales didácticos, excusiones, celebraciones… y siempre sin que el menor se sienta excluido y aislado (uno de cada tres niños con alergia alimentaria sufre acoso escolar).
➡️ Formación de toda la comunidad educativa
Es fundamental que todos los trabajadores de los centros educativos reciban formación para identificar los síntomas de la anafilaxia, activar el protocolo y saber aplicar la adrenalina con seguridad.
➡️ Protección jurídica para quienes intervengan ante una anafilaxia
En su afán por lograr su objetivo, AEPNAA hace unos días hacía presente su propuesta en el Parlamento Europeo durante la jornada ‘Preparación ante la anafilaxia en acción: Creación de escuelas europeas más seguras para personas en riesgo de anafilaxia’ impulsada por la recientemente creada Alianza ACT for Anaphylaxis, una plataforma que reclama una respuesta más eficaz frente a esta reacción alérgica en toda Europa.
Entre sus sugerencias se incluye precisamente esta: proteger jurídicamente a los profesionales no sanitarios formados, como profesores o personal designado, para que puedan administrar adrenalina de emergencia sin que la incertidumbre legal retrase el tratamiento.
➡️ Disponibilidad de autoinyectores de adrenalina en los espacios públicos
Ante una anafilaxia, hay que actuar rápido y administrar la adrenalina autoinyectable (AIA) cuanto antes. Por eso esta medicación de rescate debe estar guardada para el alumno con alergia en un sitio accesible (nunca bajo llave) y conocido por todo el personal.
Para ello, se debe asegurar siempre su disponibilidad (a menos de 25 ºC y teniendo en cuenta que cuentan con una caducidad de unos seis meses). Y, por supuesto, se debe garantizar su administración precoz con protocolos claros, “incluyendo escenarios de primera reacción en alumnado sin diagnóstico previo”.
➡️ Coordinación entre los ámbitos sanitario y educativo
Con el fin de asegurar el seguimiento, la equidad y una respuesta eficaz ante la anafilaxia en todos los centros escolares, es esencial una colaboración estable entre Sanidad, Educación y las familias.


