Cada vez más calor durante el curso escolar
En España, el 85 % de los menores (6,4 millones) viven en zonas donde se ha duplicado el número de olas de calor, y el 44 % (3,3 millones) en lugares donde se han triplicado. Y, además, estos episodios de temperaturas extremas se prolongan durante 5,5 días, cuando antes lo hacían una media de 4,4 jornadas. Esto nos lo explicaba UNICEF en 2024.
Un año después vivíamos el verano más caluroso registrado desde 1961, superando más de dos grados la media histórica, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Y acabamos de pasar un otoño e invierno muy cálidos, con un grado por encima del promedio del periodo de referencia (1991-200).
Pero en plena primavera, el tiempo ya dio un aviso de lo que nos venía. La última semana de mayo de 2025 malsoportamos temperaturas propias de agosto. Esta situación tan inusual provocó que se permitiera que los colegios del centro y sur del país flexibilizaran sus horarios en los días de alerta naranja o roja. Así, podían adelantar la salida al mediodía, cambiar el momento del recreo o hacer variaciones en las actividades físicas, evitando el ejercicio intenso y extremando las precauciones en las salidas al patio, además de revisar las extraescolares para evitar que se hicieran al sol.
La situación se puede repetir, según las predicciones de la AEMET. Y el efecto de isla de calor que genera el pavimento y la escasez de arbolado en las ciudades puede hacer que en las urbes la sensación sea peor. Pero ¿los niños y niñas están preparados? ¿Lo están los centros educativos? Según la normativa, la temperatura debe mantenerse entre 17 y 27 ºC para trabajos sedentarios.
Consecuencias del calor en los escolares
Y es que, si el estrés térmico en nuestro organismo tiene consecuencias nefastas para la salud, más en el caso de los niños y niñas, que son más vulnerables. Su cuerpo produce y absorbe más calor, tiene peor capacidad de termorregulación (suda menos) y se adapta con más lentitud a los cambios de las condiciones climáticas (necesitan unos 10-14 días).

Pero están especialmente más indefensos ante el calor, porque dependen de los adultos para protegerse. Muchos peques no tienen el hábito de reponer la pérdida de líquidos tras hacer ejercicio o en medio de las clases. Y que se pongan a la sombra, lleven gorra y ropa adecuada y hasta protector solar es casi tarea de sus cuidadores.
Además, están más expuestos al calor si viven en barrios populosos, con pocas zonas verdes o en hogares con pobreza energética, donde el aire acondicionado es un lujo. Y, por supuesto, son más vulnerables, si sus centros escolares no están adecuados a la nueva realidad climática.
👉 Problemas físicos
¿Todo esto cómo les afecta? Las altas temperaturas tienen efectos directos en los menores, como deshidratación, insolación o golpe de calor, pero también otros, como sudamina en el pañal de los peques de hasta cuatro años de edad, mientras que los niños, niñas y adolescentes pueden sufrir náuseas, dolor de cabeza y calambres musculares, sobre todo al hacer ejercicio al aire libre.
👉 Problemas mentales y sociales
El calor puede provocar en los peques estrés, irritabilidad, fatiga, malestar general, además de dificultades para dormir, concentrarse, procesar y retener la información, es decir, que afecta a su rendimiento académico.
Cómo adaptar el entorno escolar al calor
Esta nueva situación climática obliga a actuar con urgencia en los colegios. En ellos nuestros hijos pasan calor no solo en junio y en septiembre, o en pleno verano, durante el desarrollo de actividades extraescolares o colonias urbanas. También lo padecen en mayo. Y en algunas comunidades, como Canarias, los chavales han tenido que aguantar altas temperaturas hasta en octubre.
Lo más sencillo para hacer frente a este calor en los centros educativos consiste en instalar toldos, persianas o estores para disminuir la temperatura e impedir que la radiación térmica entre en las aulas. También funciona colocar ventiladores portátiles o de techo, además de refrigerar por efecto vaporativo, al regar por la noche los patios y parques infantiles, o recurrir a la ventilación cruzada, aunque durante el día aumenta el ruido en las aulas.
Una fórmula que reclaman asociaciones de padres y madres, además del profesorado, es rehabilitar los edificios escolares, la mayoría de ellos construidos en los años 70 y 80. Las obras de reforma incluyen mejorar el aislamiento térmico en cubiertas y cerramientos, optar por los colores claros y las pinturas reflectantes, favorecer la ventilación natural o instalar climatizaciones sostenibles con energías renovables (placas solares), refrigeración por suelo radiante o refrigeración adiabática (mediante la evaporación del agua del aire), por ejemplo. Fachadas ajardinadas o jardines en los tejados también refrescan.
➡️ Entornos resilientes y refugios climáticos

Como comenta la Fundació Bofill (ahora Equitat.org) en este anuario, otra medida consiste en trasformar los entornos escolares y los espacios públicos cercanos en zonas resilientes a los efectos del cambio climático. Esto supone pacificar las calles escolares, es decir, sustituir el espacio para el tráfico por espacios verdes con sombra para el juego o la espera y que fomenten la movilidad activa a pie o en bicicleta al colegio.
Asimismo, la organización catalana cree fundamental involucrar a los menores como agentes activos en la lucha contra la crisis climática. Y cita como ejemplo Vigilantes del calor, un proyecto donde el alumnado mide la temperatura que hay en su casa y escuela, con el fin de “contribuir a generar conocimiento para adaptar mejor nuestras ciudades y nuestros hogares al cambio climático y al calor extremo (y a la pobreza energética)”.
Por otro lado, se puede habilitar refugios climáticos en el interior de los centros: se dota de un aparato de aire a la biblioteca o el comedor, por ejemplo. En cambio, una tendencia en boga es transformar los patios para este fin.
Renaturalizar los patios escolares
Los patios se usan en los centros escolares como lugar de esparcimiento durante los recreos, espacio para la asignatura de Educación Física, entorno para las actividades extraescolares o programas sociales como Tardes con Plan. Es un área para el descanso y la recarga de energía, el juego libre o dirigido, donde se ponen en práctica muchas de las cosas y los valores aprendidos en el aula.
Para ello, y para disminuir el trastorno por déficit de naturaleza que sufren muchos menores, lo idóneo es que en los patios de los centros educativos haya árboles, plantas, tierra y arena, y hasta un huerto escolar. Y ahora, con las previsiones climáticas tan desalentadora, esta medida protectora se antoja mucho más necesaria.
✅ Cómo hacer de los patios refugios climáticos
Al naturalizar los patios, estos nuevos parques ayudan a regular las temperaturas y promueven el bienestar y las relaciones sociales del alumnado, profesorado y familias, a la vez que se abren a diversas actividades físicas, juegos al aire libre distintos que el fútbol, nuevas oportunidades de aprendizaje… y mucho más. «Conlleva múltiples beneficios en el proceso de enseñanza-aprendizaje, la conciencia medioambiental, el tipo de juegos y actividad física, la socialización, la reducción de los conflictos y la nutrición», valoran en este estudio sobre patios de Vitoria-Gasteiz.

“Transformar los entornos escolares en refugios climáticos basados en la naturaleza no solo promueve la reducción de la temperatura y la renaturalización frente al calor extremo, sino que también fomenta una educación de calidad, la restauración ecológica, el empoderamiento y la reconexión con la naturaleza, lo que proporciona a la infancia espacios más saludables, seguros, lúdicos, equitativos y preparados para el clima”, explican en un artículo comentado en Nature Climate Change los investigadores de Cool Shools (proyecto europeo que analiza los beneficios de implementar soluciones basadas en la naturaleza para la adaptación climática).
Y conseguir que los patios se conviertan en refugios climáticos, y sin descuidar los espacios de juego, no es complicado. Estas son las principales características de estos patios vivos que involucran a la propia comunidad educativa y a los especialistas (arquitectos, paisajistas, ecólogos, biólogos, diseñadores, ingenieros…):
✔️ Más verde (y marrón)
Incorporar en el suelo tanto vegetación como tierra permeable, arena, piedras, cortezas o pavimento drenante ayuda a mantener temperaturas más bajas, algo que no se obtiene con el asfalto y cemento de las pistas deportivas o los suelos de caucho que llenan los parques infantiles. Los columpios, mesas, asientos y bancos para trabajar en grupos suelen ser de madera y otros elementos naturales.
Además, jugar con las plantas, la arena, los insectos… se convierte en toda una experiencia cada día. Crear un hotel de insectos, un mariposario o jardines comestibles, a modo de pequeño huerto urbano, son algunas ideas.

✔️ Más sombras
Los árboles autóctonos, arbustos, setos y enredaderas mejoran la calidad del aire, al filtrar y purificarlo, y nos ayudan a hacer frente al calor en los coles. Al proporcionar sombra y evaporar agua a través de sus hojas, se reduce la temperatura ambiental entre 2 y 8 ºC. Esto permite que bajo sus ramas se pueda hacer ejercicio físico, o incluso seguir una clase al aire libre, convirtiendo esta zona del patio en un entorno de aprendizaje más para uso pedagógico de los educadores. En algunos casos, estos microbosques cuentan con árboles frutales.
✔️ Más agua
Disponer de varias fuentes de agua en los patios es primordial para poder brindar una buena hidratación para el alumnado. Pero si, además, se incorporan juegos de agua para aprender y refrescarse, el disfrute está doblemente asegurado. También los sistemas de nebulización pueden ayudar a reducir la sensación térmica hasta 10 ºC, además de eliminar el polvo, polen y partículas en suspensión, como explican en este documento de la Red Española de Ciudades por el Clima.
✅ Ejemplos
En España hay varias iniciativas que se han puesto en marcha para renaturalizar los patios escolares, y otras que están aún en ello. Estos son algunas:
✔️ Refugios climáticos en las escuelas
Refugis climàtics a les escoles transformó 11 escuelas de Barcelona con medidas “azules” (fuentes para beber, jugar y refrescarse), “verdes” (árboles y vegetación en suelos) y “grises” (elementos que aportan sombra). Los colegios se abrieron a los vecinos en horario no lectivo y los niños participaron en el diseño y examen de las medidas. La evaluación refleja que se ha reducido la sensación de calor y mejorado el bienestar de los niños, y se valoran muy bien los puntos de agua por la posibilidad de refrescarse y jugar con agua.
✔️ Patios por Clima
Patis x Clima lleva desde 2017 participando en decenas de proyectos de renaturalización de escuelas de varias comunidades autónomas. Este programa, que contó con el apoyo inicial de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, sabe cómo hacer que los patios naturalizados puedan reducir la temperatura hasta 5 °C, combatir el efecto isla de calor e incrementar la biodiversidad.
✔️ Renaturalización de edificios, patios y caminos escolares para la Adaptación al Cambio Climático
COL3NATUR busca en la región SUDOE (Península Ibérica y sur de Francia) cómo contribuir a adaptarnos a la crisis climática a través de la renaturalización. Quince escuelas de Pamplona formarán parte del proyecto piloto. Uno de ellos es el CPEIP Rochapea, cuya comunidad educativa ha participado con ideas para convertir su patio en un aula exterior, donde el alumnado pueda seguir aprendiendo.


