Entrevista

Isabel Cabanellas Aguilera, autora del libro «Ritmos infantiles. Tejidos de un paisaje interior»

Cada niño tiene un ritmo de aprendizaje que hay que respetar
Por Marta Vázquez-Reina 18 de junio de 2008
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Imagen: CONSUMER EROSKI

Doctora en Bellas Artes, pintora y maestra, Isabel Cabanellas fue reconocida como catedrática emérita por la Universidad Pública de Navarra cuando se jubiló de su plaza de docente. Autora de numerosos estudios sobre la enseñanza, acaba de publicar “Ritmos Infantiles. Tejidos de un paisaje interior”, una reflexión práctica sobre la construcción del pensamiento del niño en sus tres primeros años de vida, que invita a reflexionar sobre la complejidad del comportamiento infantil y la necesidad de respetar sus propios ritmos en esta etapa.

¿Qué esconde el título de su último libro?

Parto de la estética como la capacidad de empatía del ser humano en la comprensión de la vida, como fusión entre la naturaleza que le rodea y la cultura que la que se enmarca. Se trata pues de un estudio que facilita su puesta en práctica. El libro redunda en la necesidad de lograr y trabajar por una educación más rica, cuidada y respetuosa del niño, y en una actitud infantil que sea, a su vez, respetuosa con el adulto.

¿Por qué limita la infancia a los 0-3 años? ¿Es un ciclo en sí mismo?

Un niño comienza a relacionarse con la estética en la etapa de los 6 a los 36 meses

En realidad han sido mi experiencia y mi trabajo los que me han colocado en este estadio de la vida. Comencé dando clases a chavales de 16 y 17 años, y percibía en ellos que su capacidad estética, su talento y su sensibilidad artística estaban ya machacados. Se habían perdido por el camino. Emprendí entonces una cuesta abajo: los 12 años, los 10 años, los 6 años, y descubrí que repetía esa pérdida. Al final, descubrí a los niños más niños, desde los bebés de 6 meses hasta los de 36 meses. Curiosamente, en ese momento estaba leyendo a Oteiza, y coincidíamos en que es ésa la etapa de la vida en que un niño comienza a relacionarse con la estética, comienza a visionar su mundo y a concretar la relación que tendrá con él. En definitiva, mi carrera me ha llevado a las raíces del “ser artista”.

El libro, dirigido por usted, está firmado al alimón con la socióloga Raquel Polonio Rubio, la arquitecta Clara Eslava y el compositor musical Juan José Eslava. ¿Cuál es el nexo de unión entre todos?

Lo que nos une es el interés por la neurodidáctica, una rama del saber que tiene muy presente la importancia de la neurología en su aplicación a la educación. En el cerebro, en las terminaciones nerviosas, en su morfología y su estructura reside la creatividad, el pensamiento, las facultades, y no se pueden obviar cuando se trata de fundamentar científicamente teorías y experiencias.

¿Cuál es la principal conclusión a la que se ha llegado?

Hay que conjugar el tiempo del adulto con el del infante, pero no imponerlo
Que a los niños hay que respetarles su tiempo. Cada uno tiene un ritmo de aprendizaje, de compresión, de actuación, y si no se respeta, no se consigue nada. Es cierto que hay que conjugar el tiempo del adulto con el del infante, pero eso no significa imponer el tiempo del adulto al del niño. El niño puede, y se le debe permitir, conformar su propio ritmo. Y si se le respeta, creará su comunicación, se acercará al aprendizaje.

¿No se ha ahondado ya en demasía en la necesidad de que el adulto flexibilice su actitud como educador?

Ser flexible no significa ser desordenado o indisciplinado. El orden es esencial, pero no la imposición del tiempo y muchos menos la consecución de los objetivos. ¿Por qué se selecciona el material con el que debe aprender un niño? ¿Por qué no lo puede seleccionar él mismo? Se le puede ofrecer un espacio y un tiempo para que descubra y aprenda, pero no se consigue nada imponiéndole una búsqueda concreta y unas conclusiones preestablecidas, en un tiempo medido previamente. Pasa lo mismo cuando son mayores. A los 6 años, por ejemplo, se les ofrece una serie de fichas que deben cumplimentarse en un tiempo determinado para concluir que se han hecho bien las cosas. Pues no. Han perdido el tiempo. Han obedecido una norma, pero sólo han aprendido a rellenar algo que ha fabricado un adulto con ese fin.

En una obra anterior suya, “Territorios de la Infancia”, premio Aula del Ministerio, reivindicaba espacios urbanos para que los niños puedan encontrar su espacio en las ciudades. ¿Se refiere a parques infantiles, a espacios de ocio que no sean comerciales o a escalas más asequibles, como las que ofrecen los pueblos?

Reivindico espacios urbanos donde puedan convivir los niños

Por una parte, me refiero a que las guarderías o escuelas infantiles deben contar con su propio patio. Y digo esto porque en Madrid, e imagino que en otras ciudades, se están habilitando parques públicos como patios de colegios, y eso es un grandísimo error. ¿Qué hace un educador, por muy competente que sea, sin un lugar concreto donde poder acompañar a los niños y a los bebés en el descubrimiento del mundo? El patio es necesario. Lo demás responde a intereses económicos: más plazas, más rentabilidad, menos espacio. Reivindico espacios urbanos para los niños donde ellos puedan convivir.

¿Qué le parece la dinámica actual de sobreestimular a los niños?

Mal. No conduce a ningún sitio. Lograr que un niño reconozca que Las Meninas son una obra de Velázquez carece de sentido. Conseguir que un niño de tres años sepa comer e incluso ayude a un bebé a hacerlo es mucho más enriquecedor que acumular conocimientos o habilidades mal aprendidas. Intelectualmente, también, no pensemos sólo en los modales.

¿Cómo se logra el equilibrio entre la enseñanza escolar y la educación familiar?

Hay que facilitar el acercamiento entre padres y escuela

Con la participación de los padres y las madres en los centros escolares. Para ello hay que facilitar el acercamiento ofreciendo facilidades logísticas, algo tan sencillo como un servicio de guardería, y perseguir intereses comunes y compartidos.

¿Qué opina sobre la necesidad que denotan las nuevas generaciones de chicos y chicas que buscan el éxito, el reconocimiento público a su talento o sencillamente a su persona?

Es terrible. Pero es resultado de lo que han aprendido. Se les ha evaluado y no se les ha valorado. Se les ha juzgado por los contenidos que han sido capaces de demostrar que han aprendido. Se ha estimado la cantidad y no la calidad. De manera que, al final, se repite el esquema. En tanto me evalúas, tanto valgo.

¿Cómo es una infancia feliz?

Aquélla en la que al niño y la niña se les plantean retos y disfrutan consiguiéndolos. Una infancia en la que el adulto respeta también sus tiempos, y que les ayuda, pero desde detrás. El niño siente que su madre y su padre le apoyan pero no le dictan, ni le resuelven el problema. Le respetan su modo particular de actuar. De esta manera, logrará sus propias conquistas, se responsabilizará de ellas y se enorgullecerá de sí mismo. También aprenderá a procurarse a sí mismo la felicidad.

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