Qué pasa si tiras estos líquidos por el fregadero
⚠️ Aceites: atascan la red de saneamiento
Verter por el fregadero el aceite de una fritura o el que sobra al aliñar una ensalada puede parecer un gesto inocente, pero es una de las prácticas más dañinas —y por desgracia, habituales— para nuestras tuberías y el medio ambiente. La Fundación Aquae advierte que un litro de aceite puede contaminar hasta 1.000 litros de agua.
Cuando las grasas entran en contacto con el agua fría se solidifican y, al mezclarse con toallitas, restos de comida u otros desechos, forman grandes tapones conocidos como “fatbergs”, bloques de grasa que colapsan las tuberías. Los estudios sobre la acumulación de FOG (fat, oil and grease: grasas, aceites y restos de cocina) confirman que estos vertidos domésticos están entre las principales causas de obstrucciones en los sistemas de saneamiento.
⚠️ Leche y productos lácteos: acidifican el agua residual
Tirar restos de leche, yogur o suero lácteo a la pila de fregar tampoco es recomendable. Estos productos fermentan con rapidez debido a su contenido en lactosa y proteínas, generando ácidos orgánicos que alteran el pH del agua residual.
Cuando esa agua llega a las depuradoras, la acidificación dificulta el trabajo de los microorganismos encargados de descomponer la materia orgánica, reduciendo la eficacia del tratamiento. Pero el problema no es solo biológico. Un pH más bajo puede favorecer la aparición de malos olores y provocar incidencias técnicas en las instalaciones, lo que incrementa los costes de mantenimiento.
Y si el agua no se depura de manera correcta y termina en ríos o en el mar, la elevada carga orgánica de los lácteos puede consumir el oxígeno disponible, favorecer la proliferación de algas y causar daños en la vida acuática.

⚠️ Salsas: desagües más lentos
Las salsas, como el tomate frito, la mahonesa o la mostaza, contienen aceites, azúcares, almidones y espesantes que, al verterse por el fregadero, se comportan de forma muy similar al aceite de cocina. Estos ingredientes se pegan a las paredes de las tuberías, al formar una capa viscosa que atrapa restos de comida y otros residuos. Con el tiempo, esa mezcla acaba creando tapones que dificultan el paso del agua y pueden provocar atascos.
Las salsas también incrementan de forma notable la carga orgánica del agua, lo que obliga a las depuradoras a trabajar a un ritmo mucho más exigente. Para descomponer estos residuos, los microorganismos necesitan más oxígeno y más energía, de modo que el proceso de depuración se vuelve más lento, menos eficiente y considerablemente más costoso. A ello se suma un efecto colateral habitual: el aumento de los malos olores, consecuencia directa de la descomposición acelerada de estas materias grasas y azucaradas.
⚠️ Lejía, pinturas y otros químicos: liberan gases tóxicos
La lejía, el amoniaco y la mayoría de los productos de limpieza domésticos están formulados para poder verterse al desagüe siempre que estén bien diluidos, como ocurre con el agua de fregar el suelo. Lo que no debe hacerse es tirar lejía pura o mezclas muy concentradas, ya que pueden generar vapores irritantes, dañar las tuberías y alterar el equilibrio químico del agua residual.
El verdadero problema surge cuando por el fregadero se vierten productos químicos más agresivos, como disolventes, aguarrás, decapantes, limpiadores industriales o restos de pintura. Estos compuestos no solo contaminan el agua, sino que pueden reaccionar entre sí y liberar gases tóxicos a través de los desagües. Además, muchos de ellos no se degradan en las depuradoras y terminan acumulándose en el medio ambiente.
⚠️ Medicamentos y cosméticos: llegan al mar
Los medicamentos líquidos —como jarabes o pastillas disueltas— no deberían tirarse por el fregadero. ¿El motivo? Contienen principios activos que no siempre se eliminan por completo en las depuradoras. Muchos de estos compuestos pasan a ríos y mares, donde alteran el ecosistema acuático, afectan al comportamiento y reproducción de peces y anfibios y pueden acumularse en la cadena alimentaria.
Con los cosméticos ocurre algo similar. Cremas, exfoliantes, aceites corporales o productos de higiene personal contienen microplásticos, siliconas y sustancias químicas que no se degradan con facilidad. Al llegar al agua, estos compuestos se dispersan y pueden ser ingeridos por organismos marinos, contribuyendo a la contaminación química y al creciente problema global de los microplásticos.
Dónde tirar los líquidos que nos sobran

No todos los líquidos y emulsiones que sobran en casa pueden acabar en el fregadero, aunque a menudo se haga por costumbre. Saber dónde tirar cada uno es fundamental para no dañar la red de saneamiento y el medio ambiente.
✔️ Aceite usado
La forma correcta de deshacerse del aceite de cocina es guardarlo en una botella o recipiente bien cerrado y llevarlo a un Punto Limpio. Reciclar el aceite usado es muy importante, ya que puede transformarse en productos útiles como biodiésel, jabones y artículos para la industria química, farmacéutica o cosmética.
✔️ Leche
Si la leche está en mal estado, puede diluirse con agua (1:10) y utilizarse para regar plantas en pequeñas cantidades. Si no queremos hacerlo, basta con tirar el envase cerrado a la basura.
✔️ Salsas
Las salsas caseras pueden compostarse, pero las industriales —cargadas de aditivos y conservantes— deben ir directamente a la basura.
✔️ Pintura
Con la pintura, la regla es clara: ni una gota al desagüe.
- Si queda muy poca, puede absorberse con papel y tirarse a la basura.
- Pero los botes con pintura sobrante deben llevarse a un Punto Limpio.
- Para brochas y rodillos, lo idóneo es retirar la pintura con papel antes de lavarlos, reduciendo así la cantidad de agua contaminada.
✔️ Líquidos abrasivos
Hay productos que nunca deben tirarse al desagüe, como disolventes, aguarrás, decapantes, limpiadores industriales, ácidos fuertes, sosa cáustica en grandes cantidades, líquidos de frenos, anticongelantes y aceites de motor.
Todos estos residuos requieren una gestión especializada en un Punto Limpio.
✔️ Medicinas
Los medicamentos líquidos o sobrantes —incluidos jarabes— deben llevarse a la farmacia, en los contenedores SIGRE, junto con su envase y prospecto. Si quedan restos diluidos, pueden absorberse con papel y tirarse a la basura.
✔️ Cosméticos
Los cosméticos, desde cremas hasta exfoliantes o aceites corporales, contienen a menudo microplásticos, siliconas y sustancias persistentes que no se degradan fácilmente. Por eso deben desecharse bien cerrados en la basura.


