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Luis Miguel Domínguez, productor de documentales de naturaleza

La televisión en España está en manos de psicópatas que no responden al interés de la gente, como los documentales de naturaleza

«La televisión, tal y como la conocimos, ha muerto«. Así de contundente se muestra Luis Miguel Domínguez, una de las caras más populares para los amantes de los documentales de naturaleza. En su opinión, los no más de diez responsables de decidir qué se ve en España no ofrecen los productos que la sociedad quiere, como los documentales. Además de su trabajo audiovisual, impulsa «Lobo Marley», una iniciativa para salvar de la extinción al lobo ibérico, del que no quedan más de 2.500 ejemplares. En fechas recientes, Domínguez llevaba al Parlamento Europeo más de 200.000 firmas de apoyo. «Europa admira y envidia que España tenga un animal como el lobo», sentencia.

¿En qué proyectos de documentales y programas de naturaleza trabaja ahora?

Sigo en ‘Biodiario’, un microespacio diario de medio ambiente en La 2 de Televisión Española. También colaboro en el programa ‘Cuarto Milenio’, en la sección ‘Fauna mítica’, sobre la fascinación de los animales legendarios a lo largo de la historia.

¿Cree que el interés y consumo por los documentales de naturaleza ha aumentado, o la gente miente en las encuestas cuando dice que los ven?

El público español ha madurado y crecido, y sabe que, ahora más que nunca, al feísmo se le combate con belleza, a lo tenebroso con conocimiento, como los documentales de naturaleza. El público los aprecia, degusta y necesita. Otra cosa es que los programadores y dueños de las cadenas de televisión, públicas y privadas los incorporen a su parrilla.

¿Por qué no los incluyen?

«En este país un grupo que no llega a diez personas decide qué ven en televisión millones de personas»Porque la televisión en la actualidad está en manos de psicópatas que programan de forma compulsiva. En este país un grupo que no llega a diez personas decide qué ven millones de personas. Deciden lo que gusta y lo que no, no esperan a que los productos maduren. No asumen responsabilidades, todo lo dejan en manos del audímetro, en vez de defender con coherencia y madurez el producto. Las televisiones no están en manos de profesionales, sino de un poder económico que no tiene una idea de largo recorrido. La programación no responde a los intereses generales, sino a los concretos de determinados sectores. Los documentales, la divulgación, deben acompañarse de un modelo, qué se quiere para esta sociedad.

¿Cuál es el nivel de la producción de documentales de naturaleza en España?

El nivel es bueno y cada vez más, pero España está en la UVI. El último documental que produje fue ‘Invasores’, hace cuatro años. En nuestro país se ha facturado más dinero en materia audiovisual que en toda Europa junta en los últimos años. Pero no se ha cuidado la industria audiovisual, y ya no existe. Está la cultura del pelotazo audiovisual, conseguir dinero y hacer una producción para emitir en una televisión. Pero luego no hay una venta de ese producto en otros lugares.

¿Qué se podría hacer para mejorar?

Antes yo tenía que convencer a una cadena para emitir un documental y pelear para conseguir un millón de espectadores. Ahora puedes hacer un documental que no se emita en televisión convencional, pero que gracias a las redes sociales lo vean millones de personas. Lo malo es que no se da el hecho económico para poder hacer más. Es lo que hay que resolver. La televisión, tal y como la conocimos, ha muerto. Hay que adaptarse. Hay que poner patas arriba todo. Hay que hacer productos atractivos, para públicos concretos, no solo «de animalitos», con una buena idea.

¿No debería ser una responsabilidad de las televisiones públicas?

Yo creo en las televisiones públicas, pero no que sean del gobierno, sino de la sociedad, y que cubran esa faceta de educación, pedagógica, de entretenimiento constructivo. Las televisiones privadas no tienen por qué hacerlo, aunque cuando ven el negocio también hacen excelentes productos de divulgación.

¿Qué países destacaría por sus documentales? ¿Cómo lo han conseguido?

«La población del lobo no supera los 2.500 ejemplares»Los documentales de la BBC forman parte de la columna vertebral de Reino Unido, porque así lo quiere la sociedad. Encima los venden a todo el mundo, incluidas las televisiones de aquí que no compran a los productores españoles. El Parlamento británico aprueba todos los años un presupuesto para producir documentales de naturaleza. Los ingleses lo hacen con total naturalidad, y encima ganan un montón de dinero. Y en Francia, cualquier productora mediana hace al año hasta tres documentales, con un presupuesto no inferior a 400.000 euros. Luego se genera una corriente audiovisual de compra y venta de estos productos, que permite a la industria vivir más allá de las subvenciones.

Usted impulsa «Lobo Marley«, una iniciativa para salvar al lobo ibérico. ¿Por qué?

España no se entiende sin el lobo ibérico, forma parte de su ADN. De toda nuestra fauna silvestre, es el que mejor simboliza la libertad, la autenticidad y la calidad. Es un animal social, vive en grupos de hasta diez ejemplares, necesita moverse cada noche 120 kilómetros. La población del lobo no es viable sin apoyo real. No supera los 2.500 ejemplares, como mucho. Tiene el estatus perfecto para ser una especie protegida, como otras que en situaciones similares ya lo son.

¿Por qué no es entonces una especie protegida?

El lobby ganadero utiliza al lobo como chivo expiatorio para conseguir subvenciones. Las administraciones, como no tienen dinero para otra cosa, matan a los lobos. El lobby presiona basándose en que de vez en cuando el lobo mata. Nosotros queremos que pastores y lobos cohabiten de nuevo, como ha sido siempre. Ahora el campo se vive de otra manera. «Lobo Marley» es sociedad civil en movimiento en defensa de su patrimonio natural.

¿Qué apoyo ha recibido hasta ahora?

Mas de 200.000 personas se han sumado a la iniciativa, unas firmas que llevé hace poco a Bruselas. En Europa nos admiran y envidian. Es un lujo en esta Europa llena de infraestructuras. Queremos que no se toque al lobo, y que el mundo rural se sienta orgulloso, lo incorpore a su territorio para que tenga también prosperidad económica, que los productores incluyan en su etiqueta al lobo como hecho diferencial.

José B. Ruiz, fotógrafo de naturaleza y escritor, asegura haber llorado ante el deterioro de zonas que había captado hace 20 años. ¿Le ha pasado lo mismo?

«Mas de 200.000 personas se han sumado a ‘Lobo Marley'»Sí. He vuelto a sitios que me han hecho llorar. Pero tampoco quiero vivir en la nostalgia, porque de unir indignación y nostalgia puede salir un suicida. Prefiero la rabia, la sensibilidad, el cariño. No todo se ha hecho mal, en este país se ha avanzado, se ha defendido el patrimonio natural. El problema es que ahora con el tema económico se vuelve a la vieja historia de que la defensa de la naturaleza es enemiga del desarrollo. Se vuelven a repetir errores y a perder terreno conquistado.

¿Qué medidas serían necesarias para atajar el impacto ambiental sufrido?

La madurez de la sociedad. La mayor medida es que yo deje de llamarme ecologista, o tú, periodista ambiental. Quitar esos adjetivos, porque eso querría decir que toda la sociedad lo ha asumido. La naturaleza es nuestra madre, y para salir de la crisis hace falta el medio ambiente. La nueva España necesita un nuevo modelo, basado en la defensa de nuestra biodiversidad, única en Europa.


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