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Tsunamis: cómo evitar grandes catástrofes

Los sistemas de alerta y la educación ciudadana reducen el impacto de este desastre natural, que también podría ocurrir en España

La normativa de edificación antisísmica más exigente, el sistema de alerta de terremotos y tsunamis más sofisticado, y la población más educada frente a los riesgos del mundo. Sin estos factores, el número de muertos en Japón hubiera sido mucho mayor. Los tsunamis tienen más posibilidades de ocurrir en el océano Pacífico, si bien cualquier zona de la Tierra puede padecerlos. Los científicos aseguran que solo es cuestión de tiempo que España sufra un tsunami y recuerdan que la población no está preparada. Seguir el sistema japonés podría salvar muchas vidas.

Japón, un país preparado contra tsumamis y terremotos

Los japoneses son un modelo que los demás países del mundo deberían seguir para responder a los desastres naturales. En el mismo momento de registrarse el terremoto, de 8,9 grados Richter, la Agencia Meteorológica de Japón (JMA) puso en marcha el dispositivo de alerta. Las televisiones y radios interrumpieron su programación, los teléfonos móviles recibieron un mensaje y las sirenas de emergencia sonaron en las costas.

Las personas más próximas al epicentro del sismo tuvieron un margen de reacción de 8,6 segundos, mientras que en Tokio, ubicada a 373 kilómetros del mismo, transcurrieron 30 segundos. Puede parecer poco, pero es suficiente para salir de un ascensor, parar un tren o ponerse a cubierto. Además, los japoneses están habituados y educados para reaccionar de la manera más eficaz frente a este tipo de catástrofes. En el caso del tsunami, la alarma ofreció 15 minutos a los habitantes de las zonas costeras más afectadas y 40 minutos a los tokiotas.

Un sistema como el de Japón podría haber salvado muchas vidas en el tsunami de Asia de 2004

El sistema se basa en unas boyas en el mar, unidas por cable a tierra, que registran el movimiento del agua y envían la información, en décimas de segundo, a los centros de alerta. Los datos permiten reconocer si es un tsunami, dónde se ha registrado, qué altura tendrá la ola, en cuánto tiempo llegará a la costa y hasta dónde llegará.

Un sistema similar podría haber salvado muchas vidas en 2004, cuando otro brutal tsunami asoló la costa asiática. El océano Índico tiene un riesgo significativo de sufrir estos fenómenos, tanto locales como distantes, pero no había ninguna acción de prevención. La agencia nacional australiana de investigación geológica, Geoscience Australia, señaló que un sistema de comunicación con el sur de Asia hubiera resultado vital para algunas partes de la costa tailandesa (hubiera dado 15 minutos de tiempo) y aún más tiempo de ventaja en India y Sri Lanka, los más afectados y a quienes les alcanzó el tsunami dos horas y media después del terremoto. Sin embargo, poner en marcha y mantener uno de estos sistemas es muy caro y pocos países lo tienen.

Tsunamis en España, también hay riesgo

El riesgo de tsunamis en el sureste de España es "de medio a bajo", según un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria (UC), liderados por Mauricio González. Las zonas más sensibles y que tendrían mayor elevación de olas serían las cercanas a Málaga, Adra (Almería) y Melilla.

Los investigadores se han basado en simulaciones matemáticas para evaluar el riesgo de tsunami en el Mar de Alborán, un área "muy activa". Además, como la costa sureste ha sufrido en las últimas décadas una gran transformación urbana, las infraestructuras podrían verse afectadas por tsunamis, "eventos con poca probabilidad y baja frecuencia, pero con un gran impacto". A pesar de ello, subrayan, no hay medidas de prevención o de alerta para la población.

"Un tsunami podría ocurrir en España mañana, dentro de seis meses o de 50 años, y no estamos preparados"

Los científicos de la UC, junto con otro equipo portugués, han realizado también simulaciones para analizar las consecuencias del terremoto de Lisboa de 1755. El posterior tsunami se registró en la región del cabo San Vicente y barrió las costas del golfo de Cádiz. Las ondas creadas destruyeron las murallas gaditanas y desplazaron más de cincuenta metros bloques de piedra de diez toneladas.

Según González, "un evento similar al de 1755 generaría una tragedia en toda la costa, por las urbanizaciones y la ocupación del territorio, posiblemente peor que la de Indonesia si ocurriera en verano. Solo es cuestión de tiempo que vuelva a pasar, podría ser mañana, dentro de seis meses o de 50 años, y lo peor es que no estamos preparados".

Jorge Olcina, climatólogo de la Universidad de Alicante y experto en desastres naturales, señala que España no está libre de riesgos y que no haría falta un evento tan enorme como el de Japón para provocar efectos dramáticos: "Tenemos una normativa sismorresistente, una protección civil y unos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado inmejorables, pero nos falta lo básico, educación para el riesgo. Nuestra sociedad no sabe cómo reaccionar ante un terremoto, un temporal o una lluvia torrencial. Además, se han cometido y se cometen barbaridades por una ocupación irracional del territorio que no respeta a la naturaleza."

Qué es un tsunami

Un tsunami es una ola o serie de olas que se registran en una masa de agua al ser empujada de forma violenta por una fuerza que la desplaza de manera vertical. Esta palabra se adoptó en un congreso de 1963 y proviene de los términos japoneses "tsu", que significa puerto o bahía, y "nami", que significa ola. Antes de esta denominación, se empleaba el término "marejadas", "maremotos" u "ondas sísmicas marinas", pero estos conceptos ya no se utilizan porque no describen de forma adecuada este fenómeno.

El brusco movimiento del agua desde la profundidad genera un efecto de "latigazo" hacia la superficie capaz de lograr olas de más de 30 metros. "Es como remover el fondo del mar con un enorme remo, un desplazamiento de miles de millones de toneladas", según David Booth, sismólogo del Servicio Geológico de Gran Bretaña.

Un tsunami es como remover el fondo del mar con un enorme remo

La profundidad habitual del océano Pacífico, de 4.000 metros, permite la creación de una ola que llega a moverse hasta a 700 kilómetros por hora: se puede trasladar de un lado a otro del Pacífico en menos de un día. Al llegar a zonas de menor profundidad, por haber menos agua que desplazar, la velocidad se incrementa de manera destacable. Un tsunami que mar adentro se sintió como una ola grande puede, al llegar a la costa, destruir kilómetros de superficie. Las naves en alta mar no sienten por lo general un tsunami (las olas allí son pequeñas), ni puede visualizarse desde un avión.

La principal causa de los tsunamis son los terremotos, aunque solo si tienen una magnitud considerable y deforman el lecho marino. Otros generadores de tsunamis también pueden ser volcanes, meteoritos, derrumbes costeros o subterráneos e, incluso, explosiones de gran magnitud.

Sistemas para avisar del peligro

Los científicos no pueden predecir cuando ocurrirá un sismo y, por tanto, tampoco un tsunami. Sin embargo, se puede saber dónde se generarán tsunamis con mayor probabilidad, gracias a la información de los tsunamis históricos, las características de la fuente del sismo que generó el tsunami y las del piso oceánico a lo largo de las trayectorias hacia esos lugares. Durante cada uno de los cinco últimos siglos, se han registrado de tres a cuatro tsunamis generalizados en el Pacífico, la mayor parte originados en las costas chilenas.

Por el momento no hay ningún método seguro para prevenir un sismo, pero hay posibilidades de alertar a la población. Desde 1965, una red basada en la cooperación de diversas instituciones se ha puesto en marcha. Entre ellas, el Sistema de Alerta Internacional de Tsunami para el Pacifico (ITWS) se ha convertido en el núcleo de un sistema internacional, con una treintena de países miembros.

Por su parte, varias naciones y territorios no miembros mantienen las estaciones para el ITWS y diversos observadores están situados en numerosas islas del Pacífico. Se reciben datos sismográficos continuos de más de 150 estaciones del Pacífico gracias al apoyo de varios centros de investigación estadounidenses y otras agencias internacionales con estaciones y redes sismográficas. Las alarmas iniciales se aplican en áreas donde un tsunami podría llegar en unas pocas horas.

Varios países tienen sus propios Centros de Alerta para tsunamis locales o regionales. La Agencia Meteorológica de Japón ofrece esta información a su país y a Corea y Rusia para eventos en el Mar de Japón o Mar del Este. El Centro Polinesio de Prevención de Tsunamis proporciona alertas en la Polinesia Francesa. Chile (Sistema Nacional de Alarma de Maremotos) y Rusia (Servicio Hidrometeorológico Ruso) también disponen de sus propios centros. En EE.UU., el Centro de Alarma de Tsunami de Alaska/Costa Oeste (WC/ATWC) informa a la costa oeste del país y a Canadá, y el Centro de Alerta de Tsunami del Pacífico Richard H. Hagemeyer (PTWC) hace lo propio a Hawai y otros intereses americanos en el Pacífico. Otros países, como Australia, Colombia, Nicaragua, Perú o Corea trabajan para poner en marcha este tipo de sistemas.

Pero el desarrollo tecnológico no acaba ahí. Científicos de la University College de Londres (UCL), en colaboración con la empresa de ingeniería marina HR Wallingford (HRW), pretenden construir un simulador real de tsunamis para conocer mejor sus efectos. El simulador creará múltiples olas en un entorno vigilado y reproducirá la altura alcanzada por las del tsunami de Asia en 2004. Según sus responsables, es una obra necesaria, ya que los modelos matemáticos no son suficientes.

Algunos biólogos y físicos chinos estudian desde hace años la posibilidad de que los animales puedan predecir los terremotos. Expertos en vida salvaje en Sri Lanka mostraron su sorpresa al no encontrar animales muertos cuatro días después de la catástrofe de 2004. No obstante, todavía no hay pruebas convincentes que demuestren su validez para hacer predicciones fiables.

Los peores tsunamis de la historia

Además del ocurrido en Japón o el de Asia en 2004, otros grandes tsunamis de los que se tiene constancia reciente son el del Paso de Mona (Puerto Rico) en 1918, el de Grand Banks (Canadá) en 1929, los de 1946 y 1957 en las islas Aleutian (Alaska), el de 1952 en la península rusa de Kamchatka, el de 1960 en Chile, el de 1964 en Prince Williams Sound (Alaska) o el de 1975 en Hawai.

El mayor tsunami del que se tienen noticias fue el provocado entre las islas de Java y Sumatra por la erupción del volcán Krakatoa, en mayo de 1883, donde la ola producida alcanzó una altura media de 42 metros.

Por su parte, Japón convive con el fenómeno de los tsunamis y aún recuerda otro devastador en 1969, cuando llegó procedente de las costas de Chile y a su paso también asoló Hawai. En 1983, otro tsunami afectó la costa japonesa y mató a 100 personas, y diez años después, tras un terremoto en el sur de Hokkaido, un tsunami alcanzó las islas Okushiri y Oshima, con un balance de 229 muertos.

Olas solitarias gigantes: no son un mito

Las olas solitarias superiores a 20 metros de altura, que se aprecian en ocasiones y parecen formarse "de la nada" son un fenómeno considerado una leyenda hasta hace poco. Sin embargo, los sistemas de vigilancia han demostrado que son reales. Estas olas gigantescas difieren de los tsunamis en que estos últimos solo alcanzan gran altura al llegar a aguas poco profundas.

Un equipo de científicos de la Organización para la Investigación Científica de Australia (CSIRO) ha desarrollado un modelo informático de olas solitarias para evaluar sus efectos contra plataformas petroleras y de producción de gas, además de comprender mejor este fenómeno.

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