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Cristina Rabadán, subdirectora de la Oficina de Salud Global del Instituto Corazón, Pulmón y Sangre, de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE.UU.

El 86% de las muertes en Europa se deben a enfermedades crónicas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 6 noviembre de 2012

El 86% de los europeos fallecen por una enfermedad crónica y alrededor del 40% padecen como mínimo una de ellas que, a menudo, actúa como un asesino silencioso. Según se mire, estas patologías son un éxito de la medicina moderna por alargar la vida de la población, pero también su fracaso, al no conseguir una curación total. Pero, ante todo, en la mayoría de los casos, son el resultado de unos hábitos de vida incorrectos que ya no afectan solo a las poblaciones de los países más desarrollados, sino también de los países en desarrollo. La medicina para este problema es compleja, pero al menos una de las recetas está clara: hay que girar de la medicina paliativa y curativa hacia la preventiva, involucrar a otros sectores, no solo al de salud, e implantar estrategias globales para combatir este problema multifactorial. Así lo explica en esta entrevista Cristina Rabadán, subdirectora de la Oficina de Salud Global, del Instituto Corazón, Pulmón y Sangre, perteneciente a los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), de EE.UU., quien ha participado en el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y el Congreso de la Federación Europea de Medicina Interna (EFIM), celebrados de forma conjunta en Madrid.

¿Qué proporción de pacientes tienen una enfermedad crónica en EE.UU.?

En este momento, en EE.UU. siete de cada diez muertes se deben a enfermedades crónicas, y la mitad de esta tasa de mortalidad está provocada por enfermedades del corazón, cáncer o accidentes cerebrovasculares. El 45% de la población sufre una enfermedad crónica.

En Europa, ¿la tendencia es la misma?

En general, la situación es muy parecida. Más del 40% de la población europea de más de 15 años tiene al menos una enfermedad crónica y cerca del 86% de las muertes en Europa son debidas a ellas.

La situación es aún peor en la Unión Europea. ¿Por qué?

«Dos de cada tres europeos de más de 65 años tienen más de una enfermedad crónica»
Exactamente. Está relacionado con el hecho de que Europa tiene una gran diversidad de poblaciones, situaciones económicas y variedad en el consumo, por lo que algunas poblaciones tienen más factores de riesgo, como el tabaquismo y el alcoholismo que aumentan la predisposición a las enfermedades cardiovasculares.

Además, muchas personas tienen más de una enfermedad crónica.

Si, es una situación ligada al envejecimiento. En la actualidad, en EE.UU., ya hay uno de cada cuatro ancianos con una enfermedad crónica; en niños, uno de cada 15 tiene más de una enfermedad crónica; y entre las personas de más de 65 años, tres de cada cuatro. En Europa, dos de cada tres personas mayores de 65 años padecen más una enfermedad crónica.

¿La proporción de pacientes con enfermedades de este tipo va en aumento?

«En 2030, 52 millones de personas morirán por culpa de enfermedades crónicas»
Sí, y de una manera alarmante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que en el año 2030 las enfermedades crónicas se llevarán la vida de 52 millones de personas de la población global. Pero no solo de Europa y EE.UU., que están industrializados, sino que las enfermedades crónicas en el 80% de los casos se habrán ubicado en países en vías de desarrollo, donde hasta ahora predominaban las enfermedades transmisibles y las infecciones maternoinfantiles. El año pasado la ONU celebró una asamblea centrada en las enfermedades crónicas y su impacto en el desarrollo económico. En la historia de las Naciones Unidas solo ha habido otra asamblea general dedicada a una epidemia, el sida, hace 10 años, por lo que esta última celebración puede dar el perfil de la importancia y alarma.

Las enfermedades crónicas, ¿son un éxito de la medicina por alarga la vida o un fracaso porque no se consigue la curación total?

Son todo ello; las enfermedades crónicas son multifactoriales. Es un éxito de la medicina porque, como en el caso de muchos cánceres, gracias a una detección precoz, se tratan de forma muy agresiva y muchas personas sobreviven; no es la misma situación que hace 20 o 30 años. Lo mismo sucede con las enfermedades cardiovasculares, un ámbito donde se han producido avances muy importantes: los tratamientos son mejores y han alargado la vida. Pero junto con el aumento de la esperanza de vida, se han desarrollado enfermedades asociadas al envejecimiento.

¿Qué otros factores influyen en el desarrollo de estas enfermedades?

Los factores sociales, económicos y de comportamiento global de las industrias, el libre comercio, el acceso a la alimentación e, incluso, el hecho de que la mujer se haya incorporado a la vida laboral. Todo esto ha impactado mucho en el estilo de vida. También influye que la comida basura esté a muy bajo precio y sea de fácil acceso, sobre todo en las ciudades, donde por el estilo de vida, hay más estrés, menos tiempo para el ejercicio físico, se trabajan muchas horas, etc.; un compendio de factores que son causa de enfermedades de pulmón y de corazón. Es un problema muy complejo y la posible solución no solo impacta en el sector salud, sino en el de agricultura, comercio y tiempo de ocio. Es complicado porque no solo se deben tomar medidas para toda la población, sino porque hay que influir en el individuo y su empoderamiento.

En España, los servicios de salud están enfocados al tratamiento de los problemas de salud agudos, pero no los crónicos. ¿Cuál es la situación en EE.UU.? ¿Cómo hay que adaptarse para atender a los pacientes crónicos?

«Hay que hacer un cambio de enfoque de la medicina paliativa o curativa hacia una medicina más preventiva»
En EE.UU. no es igual que el de España, donde hay un denominador común que es la Seguridad Social. El estadounidense es un sistema sanitario fragmentado, que está manipulado por agencias de seguros médicos y donde la población no tiene el mismo acceso. Así que es muy difícil trazar un plan nacional para tratar a los pacientes crónicos. No obstante, se pueden pensar en estrategias comunes, como hacer de la medicina interna el foco central, a largo plazo, para capacitar a los profesionales de la salud, de igual manera que a enfermos y a otros técnicos, para que formen parte de un equipo multidisciplinar y atender a estos enfermos crónicos. Además, hay que hacer un cambio de enfoque de la medicina paliativa o curativa hacia una más preventiva.

¿Qué quiere decir?

Es muy importante que la población general sepa qué enfermedades se pueden prevenir. No se pueden modificar las que son por causas genéticas ni por la edad. Pero es muy importante el porcentaje de las provocadas por causas medioambientales, comportamientos y estilos de vida que se pueden evitar con una prevención temprana y promoción de la salud. El sistema de salud debe hacer hincapié en prevenirlas con estrategias dirigidas a los pacientes, identificar a los que tienen mayor riesgo de desarrollar estas enfermedades crónicas e indicarles pautas de tratamiento y prevención más individuales.

Como ha dicho en alguna ocasión el cardiólogo Valentín Fuster, en la prevención nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para empezar.

Exacto. Es muy importante saber que a las enfermedades crónicas se las llama ‘asesinos silenciosos’, sobre todo a la hipertensión arterial y la arterioesclerosis. En EE.UU., la obesidad infantil es preocupante; en España, aún no tanto, pero la falta de actividad física y el sobrepeso son factores de riesgo que crean un ambiente fisiológico que eleva el riesgo de desarrollar estas enfermedades. Por esta razón, es fundamental prevenirlas de forma temprana. Pero también las personas mayores con hipertensión y colesterol alto pueden aplicar ciertas normas para retrasar y prevenir los ataques al corazón, adherirse más a la medicación, etc. Nunca es tarde para abordar el problema.

No hay que tirar la toalla.

«Es muy importante cambiar la forma en que la sociedad percibe a los individuos con una enfermedad crónica»
Nunca. Además, es trascendental empezar a cambiar la forma en que la sociedad percibe a los individuos con una enfermedad crónica. No se tiene simpatía hacia estos pacientes. Se cree que se lo han buscado: «si fumaste, es lógico que tengas un cáncer de pulmón». Es cierto que cada uno debe ser responsable de su salud, pero también influyen la sociedad, el medio ambiente y las políticas de comercio, entre otras. Es un problema social y no solo individual, y hay que hacer hincapié en empoderar al individuo para que realice acciones saludables en su vida y también para que su entorno haga cambios para ayudarlo, como tener acceso a comida más saludable. Sin embargo, a los residentes en barrios de nivel socioeconómico bajo, de qué sirve decirles que coman frutas y verduras frescas, si el coste de estos alimentos no es asequible para ellos. Es, por lo tanto, un problema social. No obstante, así como a las personas con enfermedades infecciosas se las ve como víctimas, a las que tienen enfermedades crónicas se las ve como las responsables de sus propias enfermedades.

Como problema multifactorial, también tiene importancia el factor psicológico, por ejemplo, en personas con personalidad adictiva a las que les cueste dejar de fumar.

Sí, es un problema multifactorial, pero también hay que decirles a los afectados que serán capaces de dejar el alcohol y el tabaco y de tomarse las medicinas. Para ello, hay que enmarcar los mensajes de forma distinta, establecer un diálogo y trabajo en equipo con el paciente, de manera que sea personaje activo y no solo un receptor. Hay que dar herramientas para la persona adicta o para quien tiene predisposición a la obesidad. Es fundamental trabajar con el individuo y apoyarse muchísimo en familiares, entorno, amigos y personal del lugar de trabajo. Estas personas deben estar con los enfermos crónicos, ayudarlos, entenderlos y apoyarlos para mejorar sus problemas.

Retos de futuro para atender a los pacientes crónicos

Dos son los mensajes principales que Cristina Rabadán ha querido transmitir, a su paso por España, para mejorar la situación de las personas con enfermedades crónicas. Por un lado, que cale la idea de que no se debe tirar nunca la toalla, «que las enfermedades crónicas se pueden prevenir y hay que cambiar la medicina curativa por la preventiva». Y, por otro, que «se debe empezar a mirar la medicina interna, al médico internista, como el actor principal para el manejo y cuidado de estos pacientes, así como crear herramientas y estrategias de apoyo a estos profesionales para que puedan ayudar a estos pacientes».

Además, ha insistido en que «hay que entrar en un diálogo con distintos sectores, fuera del sector salud, para encontrar una solución común a las enfermedades crónicas: con el Ministerio de Salud, el de transporte, urbanismo, etc. Es un problema social con influencias de todo tipo. Aunque afecte al sistema de salud, la solución per se, nunca podrá provenir solo del sistema de salud, sino que el reto es atraer a los distintos sectores que puedan tener una influencia en el desarrollo de las enfermedades crónicas, con el fin de trabajar en equipo y buscar cómo se podría beneficiar a la sociedad. De lo contrario, sin esta implicación general, el sistema de salud se encontrará con una limitación».


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